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Alexis Ravelo: "Deberíamos exportar más nuestro gótico sureño"

  • El autor presenta su último título, 'La ceguera del cangrejo', dentro del ciclo 'Erase una vez una voz'

El autor canario Alexis Ravelo. El autor canario Alexis Ravelo.

El autor canario Alexis Ravelo. / D.C.

–’La ceguera del cangrejo’ (Siruela) tiene una inspiración, que es la figura de César Manrique.

–El centenario de su nacimiento era una buena oportunidad para hablar de él, una excusa perfecta para casarlo con algo que he tocado en alguna de mis novelas, pero de lo que nunca he hecho un tema central:la vinculación entre la corrupción política y económica y el desarrollo urbanístico. Para César Manrique, el turismo podía ser el motor económico de Lanzarote pero, al mismo tiempo, podía ayudar a conservar la isla: era un adelantado a su época, tocando lo que hoy llamamos turismo sostenible. De alguna forma, vio lo que podía suponer el desarrollismo como depredador del territorio.

–¿Cómo tuvo esa iluminación, como dice, en pleno desarrollismo, con el turista un millón y Fraga en Palomares?

–Manrique funcionaba de forma muy intuitiva, con pulsiones. Tenía una corazonada y, a partir de ella, formaba un marco teórico. “Yo soy un contemporáneo del futuro”, decía. Como en tantas otras cosas, en su faceta como arquitecto, por ejemplo, se adelantó a su tiempo. Como artista era interesantísimo: podía vender su arte a una gran empresa pero después utilizar ese dinero para otras cosas más creativas, o más alternativas. Entendió que el paisaje era lo que a él lo había formado como artista y que había que preservarlo.

–El escenario, en sí mismo, alimenta la novela.

–Yo creo que una de las tareas fundamentales del escritor es convertir la naturaleza en paisaje. Siempre es muy importante en mis novelas pero aquí el paisaje lanzaroteño me ganó tanto que La ceguera del cangrejo está pensada con un ritmo muy distinto al de otras novelas, porque te ganan el espacio abierto, el silencio, lo prístino... Tiene tanto de novela de viajes como de novela negra.

–Una de la preguntas que surgen es cómo hemos podido estar tan ciegos como para no ver que estábamos vendiendo a cachos el paraíso.

–Ese es el porqué del título: toma como metáfora al cangrejito ciego de los Jameos, los jameitos. Podemos tener muchos kilómetros de costa pero al final, sobre todo en las islas, hablamos de pequeñas comunidades, de pequeños núcleos de una población muy depauperada, donde las redes clientelares son muy hábiles y sutiles, y desarrollamos una especie de mecanismo adaptativo que consiste en estar ciegos ante realidades indeseables. El que contribuye a la fagocitación de un sitio lo mismo es el que le da trabajo a tu prima, o le da la equipación al equipo de fútbol...

–Lo malo es que parece que no hay vuelta atrás.

–No lo veríamos así si tuviéramos un modelo pro-positivo. Normalmente, los que defendemos el medio ambiente u otras formas de entender el desarrollo tenemos una actitud “reaccionaria”: cuando van a tocar nuestro trocito del paraíso, entonces reaccionamos. Yo creo que el camino está por donde marcó César Manrique:primero, porque hay que ponerle puertas al campo:las autoridades están para controlar el capitalismo desaforado. Y luego, porque hay que proponer modelos positivos para que no se den situaciones de pobreza, dependencia e inestabilidad. Manrique, con el apoyo de mucha gente –empezando por el último presidente del cabildo franquista, Pepín Ramírez–, creó un modelo turístico para que aquello no se convirtiera en Marbella y funcionara, y sigue funcionando: los que llegan a Lanzarote no vienen sólo a sol y playa.

–Una de las cosas que llaman la atención es que haya escogido a un militar como protagonista.

–Necesitaba una excusa para que la pareja de la víctima no pudiera estar allí en el momento del accidente, así que lo hice militar en el Líbano. Algo muy difícil para mí, en efecto, porque carezco de toda experiencia castrense y, de hecho, fui insumiso de joven. Pero luego vi que el personaje me permitía hacerle crecer: el suyo era un viaje de duelo y de luto, en el que va descubriendo que no es tan insensible al arte como él cree; a través del libro que ella estaba terminando descubrirá aspectos suyos que no conocía, y podrá revisar partes que pertenecen a eso que llamamos “masculinidad tóxica”. Es, por tanto, un viaje también hacia sí mismo. Por otro lado, me interesaba un personaje dotado para la acción, pero no quería el típico curso de la investigación policial. Al fin y al cabo, la violencia es lo que caracteriza a la novela negra, ya sea física o económica.

–Para mayor gloria de nuestro gótico sureño.

–Yo lo tengo muy claro, y pienso que en España deberíamos explotarlo más, aunque últimamente hemos tenido ejemplos soberbios al respecto, como La isla Mínima o Intemperie.

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