Cultura

Alberto Santamaría habla de cómo empieza y acaba lo nuevo en el mundo del arte

  • El filósofo, poeta y ensayista partició ayer en una nueva cita de Voces en el Museo para reflexionar sobre la creatividad

El arte no siempre se ha servido de la novedad creativa. Quizás sólo se agarró a este recurso indagador de lo inexistente en un tramo no demasiado largo de la historia del arte: de finales del XVIII, a mediados del XX.

Ésta fue al menos la reflexión teórica de la que ayer partió el filósofo, poeta y ensayista Alberto Santamaría, en su intervención en el ciclo Voces en el Museo, puesta en marcha por la Consejería de Cultura con la colaboración de la Asociación Qultura. Una reflexión que, a raíz de un sugerente título llevado metafóricamente a la actualidad informática, El arte después de lo nuevo: algo sobre las estéticas del guardar-como, se ramificó en otras tantas, en un acto que fue presentado por la periodista María Ángeles Robles.

Para la ocasión eligió la simbólica pieza Coca Cola Book, de Juan Ávila, al hilo de cómo a mitad del XX, los artistas comenzaron a trabajar sobre el apropiacionismo de materiales ya existentes en la cultura de masas, como el caso de la Coca-Cola, para hacer arte. "Esta tendencia responde, metafóricamente, a esta opción de window de 'guardar como', es decir, guardar algo que ya existe, para convertirlo en otra cosa", asevera.

Para entonces, ya dejaba de interesar lo nuevo. "En el arte empieza a apreciarse la necesidad de que tiene que existir algo nuevo, algo que no existe, en la modernidad, en el XVIII. Pero este proceso continuó en el siglo XIX y con las vanguardias". Una lucha, añadió, que siempre inquietó en este mundo, bien para salirse de la tradición o para enfrentarse a ella, pero que un buen día dejó de inquietar.

"A finales del XX al artista sólo empieza a interesarle la posibilidad de retratar o reflexionar sobre el presente, dejando de existir esta visión mística anterior". Una situación a la que se llegó, comentó Alberto Santamaría, "cuando desaparecieron las diferencias entre el arte y la cotidianidad". Es decir, "se usan elementos de lo cotidiano para hacer arte, pero no lo quieren elevar al arte, sino romper los límites entre el arte y lo cotidiano"

Para ello tomó referentes de aquí y de allí, de eminencias del mundo del arte y de artistas que tratan de dejar su impronta al precio que sea, poniendo sobre la mesa interesantes interrogantes sobre la índole de la creación actual, si es que existe. "No trato de elogiar ni criticar ninguna postura, sólo dejar constancia".

Por eso, frente a la obra de grandes artistas del XVIII y XIX, plantó la peculiar fórmula de mostrar arte de Javier Núñez en el Diario de Patricia, la escenificación de piezas de Tizano desde el sentido del humor propio del japonés Yasumasa Murimura o la introducción de la estética relacional de Tiravanija. Quizás, en una aletargada nostalgia de crear, de innovar.

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