Violencia machista en Cádiz “Como lo cuentes, le hago más daño a tu madre”

  • La Audiencia de Cádiz condena a tres años de prisión a un hombre por maltratar a su pareja en presencia de su hijo menor de edad

Ilustración de Miguel Guillén. Ilustración de Miguel Guillén.

Ilustración de Miguel Guillén.

A., un niño de apenas diez años, se quedaba encerrado en su habitación llorando y con los cascos de música puestos para no escuchar cómo la pareja de su madre la maltrataba. Reprimía así el no poder acudir en su ayuda porque su padrastro lo tenía amenazado. “Como lo cuentes, le hago más daño a tu madre”. Vivió “un clima de terror y miedo”, una esfera “ciertamente irrespirable, totalmente mediatizada por la conducta impositiva de la pareja sentimental de su madre”, marcada, en gran medida, por su problemática con los celos, “su celopatía”.

El menor presenció en primera persona cómo las cotas de agresividad del novio de su madre iban en aumento. Primero fueron los ataques verbales, los insultos y las descalificaciones personales (“eres una inútil”, “no sirves para nada”, “calienta pollas”, “puta”). Después llegaron “los puñetazos en las paredes, los golpes y patadas al mobiliario y los portazos”, la denominada “violencia ambiental”. Al final, el maltratador dio “un salto sustancial” y le levantó la mano a su novia. “La golpeó, la empujó y la zarandeó entre gritos de dolor”. De todas estos ataques y coacciones, el niño fue testigo directo.

Estos episodios de violencia machista han quedado acreditados para la Audiencia Provincial de Cádiz, que ha condenado al hombre a tres años y tres meses de prisión y a una multa de 180 euros por los delitos de maltrato habitual, amenazas y daños. El tribunal de la Sección Tercera ha ordenado además que el agresor indemnice a la víctima en 15.000 euros por los daños psíquicos y morales que le ha ocasionado.

Control y obsesión

La sentencia recoge como hechos probados que la pareja mantuvo una relación sentimental desde diciembre de 2015 hasta octubre de 2016. Durante ese periodo, compartieron el mismo domicilio la mayor parte del tiempo junto al hijo de ella, menor de edad.

“Pronto la convivencia degeneró en una relación conflictiva por la actitud adoptada por el acusado, que empezó a querer controlar el día a día de su pareja, obsesionado por el hecho de que ésta pudiera llegar a tener algún tipo de relación con otros hombres”, especifica la sentencia. Así, empezó con una postura de menosprecio hacia ella con descalificativos e insultos.

Él ejerció sobre ella una "conducta de control" para evitar que se relacionara con su familia

A continuación pasó a ejercer sobre ella una “conducta de control”, que incluía tratar de evitar que se relacionara con miembros de su familia así como que “no saliera sola a la calle sin su compañía o permiso”, enfadándose mucho si se enteraba que lo había hecho. Para ello, no dudaba en interrogar al hijo de su pareja. Por ejemplo, cuando la madre llevaba al niño al médico, el ahora condenado le preguntaba si el especialista que los había atendido era o no varón, si era joven o si había tonteado con su madre.

“La agresividad del procesado aumentó” por cuanto creía que su novia “incumplía sus normas”, lo que derivó en discusiones verbales “acompañadas de puñetazos en las paredes y en las puertas, rotura de objetos...”, continúa la resolución judicial.

Finalmente, el maltratador alcanzó “un grado más” en sus ataques y pasó a agarrar con fuerza a la víctima de las extremidades al tiempo que “la zarandeaba, la empujaba contra las paredes o sobre la cama, la golpeaba o le rompía la ropa que vestía”.

El terror

Esta conducta del encausado hizo que tanto su pareja como el hijo menor de ésta desarrollaran “un gran miedo” hacia él. Ella “se sometía a sus demandas y le pedía perdón” sí el entendía que no habían sido observadas. El niño “reprimía sus iniciales reacciones de acudir en ayuda de su madre y se quedaba con los cascos puestos encerrado en su habitación llorando, siguiendo con ello el consejo que le había dado su progenitora”.

En concreto, el tribunal de la Sección Tercera de Cádiz ha considerado acreditado que una noche el menor escuchó “un fuerte golpe en el salón” de la casa, acudió de inmediato y comprobó que su padrastro había estrellado contra el suelo el móvil de su madre, que, acto seguido, empezó a darle empujones con los que la condujo hasta el dormitorio y, una vez allí, la derribó sobre la cama, su puso encima a horcajadas y comenzó a golpearla. El chico, “impotente”, le dijo al procesado: “No le pegues más”, a lo que él le respondió:“Como lo cuentes, le hago más daño a tu madre”. Entonces ella le pidió a su hijo que se marchara. Cuando lo hizo, “la escuchó gritar de dolor”, precisa la sentencia, que no es firme y puede ser recurrida.

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