gestión de residuos

Las otras vidas de las otras basuras

  • Los residuos de los polígonos industriales tienen opciones que implican diseño, reciclaje y economía circular

  • El 90% de los residuos de este tipo en Jerez terminan vertedero

Arsenio Rodríguez, en su muestra 'El pescador de botellas', realizada a partir de plásticos reciclados, en compañía del alcalde de Cádiz.

Arsenio Rodríguez, en su muestra 'El pescador de botellas', realizada a partir de plásticos reciclados, en compañía del alcalde de Cádiz. / Joaquín Hernández Kiki

Rocío Rodríguez Barroso, coordinadora del grado en Ciencias Ambientales en la UCA, recuerda que su madre guardaba el recipiente del Tulipán para conservar los restos:“Algo que me daba mucho coraje –dice–, pero en esto de los desechos y el reciclaje hemos vivido todo un cambio generacional. Y los padres y abuelos, que han vivido una época más estrecha, son los más recicladores. Y si vienen de pueblo, más”.

Y si en lo relativo a la gestión de los propios residuos nos hemos visto desbordados, imaginen en los ajenos: aquellos que van más allá de nuestra pequeña-gran aportación en el cómputo total de los vertederos. Esos que no se ven, pero que también computan dentro de los residuos municipales: los procedentes de los polígonos.“Cuando se aborda bien, se consigue un reciclado mucho más alto –comenta al respecto Daniel López, de Ecologistas en Acción–. En muchos de ellos, ni siquiera hay recorrido de basura. Eso pasaba en Tres Caminos, por ejemplo, que tenían todo el extrarradio convertido en un auténtico vertedero: les obligaron a montar un plan de minimización y un servicio de recogida. Lo mínimo aquí, además, es separar residuos entre peligrosos y no peligrosos”.

Rodríguez Barroso estima que existirán unos 900 polígonos industriales en toda Andalucía. Entre los planes que han desarrollado desde la universidad, estuvo una colaboración con el Ayuntamiento de Jerez y el polígono de El Portal: “El 90% de lo que sale de las plantas de Jerez se tira al vertedero –comenta–. Nuestro objetivo era ver si esos residuos podían generar algún tipo de valorización. En la mayor parte de los polígonos, la gestión es deficitaria, se mezcla todo y no se separa. Pero muchas veces lo que ocurre es que no saben qué hacer con esos materiales, también porque tienen una tipología distinta. Nosotros llegamos a clasificarlos por naturaleza, cantidad y frecuencia, e incluso desarrollamos un plan de viabilidad para que se recogieran esos residuos”. La especialista habla, por ejemplo, de una empresa que podía llegar a dar salida a 700 toneladas de cera: “¿Qué hacer con todo eso? Es algo que hasta cuesta dinero que te lo retiren. Pues seguro que hay alguien capaz de encontrarle utilidad, hacer velones o velas aromáticas o lo que sea, y que incluso te pague a ti y lo retire para llevárselo”.

“Este tipo de propuestas son dinámicas, tienen mucha relación con las empresas: uno de los objetivos de la economía circular es precisamente dar empleo. Son propuestas que no suelen suponer una alta financiación, pero que deberían contar con el respaldo de la administración porque, muchas de ellas, son a fondo perdido: nadie sabe si van a funcionar o no –comenta–. Podrían unir fuerzas, por ejemplo, una tapicería de sofás y un taller o fábrica de coches pero, ¿quién sabe si será viable?”.

“Hay diseñadores, por ejemplo –continúa– que tunean la ropa que se recoge en Cáritas o Madre Coraje. O se puede aprovechar la poda de parques y jardines:hay un montón de cosas extrañas que se podrían reciclar, pero la gente no sabe qué hacer de puro desconocimiento”. Rodríguez Barroso cita también una colaboración de la UCA con investigadores rusos para trabajar en el reciclaje fotovoltaico: “Los paneles dejan de funcionar a los 20-25 años; dentro de diez años, tendremos los primeros en desuso y, ¿qué hacer con ellos?La futura normativa de placas tiene que contemplarlo también, hacer un análisis del ciclo de vida y ver cómo se transforma, qué hacemos con el silicio, el vidrio, los conectores...”

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