SANIDAD

Las otras víctimas del duelo sanitario

  • Los usuarios denuncian sentirse seriamente afectados en el conflicto enconado entre Pascual y la Junta

Estaba dispuesta a dar sus apellidos y su DNI, pero su voz delataba que nada de lo que decía era falso. "Si ahora mismo me ponen un miura, lo toreo", decía Loli. Ella padeció esta semana los avatares de un conflicto político/sanitario en el que los débiles se llevan la peor parte.

Loli acudía el miércoles pasado al hospital de Sanlúcar, el de Pascual, el Virgen del Camino. Ella fue una víctima. La otra, su marido, un hombre de 67 años que sufre una enfermedad crónica de tipo digestivo que le hace necesitar "una semana sí y una no" una transfusión sanguínea.

"Siempre nos han tratado de maravilla", pero este miércoles se encontraron en Sanlúcar con que no tenían camas para su marido. "La Junta les está obligando a aminorar el número de camas disponibles y, al final, pagan personas que, como mi marido, necesitan una atención digna que les haga más llevadera su enfermedad".

Este miércoles no había sitio para su marido y "pidiéndonos disculpas en todo momento" les pusieron una ambulancia en la puerta y los trasladaron, después de una espera de cinco horas, hasta el hospital de Jerez.

Allí se encontraron con otra arista de este duelo sanitario. Los recortes de personal y de disponibles dibujan un hospital con camas y pacientes repartidos por los pasillos. Allí tampoco había cama para el marido de Loli. Pero esta vez no podía marcharse sin su transfusión sanguínea. "Demasiado aguantó el pobre en ese camino en ambulancia, que se nos hizo eterno". Al final, tuvo que ser transfundido sentado en una silla.

Mañana le han asegurado que intentarán buscarle una cama en Sanlúcar para no volver a pasar por ese infierno. "Mi marido lloraba como un niño diciendo que no quería irse para Jerez".

"Los políticos nos llenan los buzones de publicidad y nos sonríen y dan besos por las calles cuando necesitan nuestro voto, para ahora hacernos esto". En Sanlúcar, según narra Loli, le pidieron disculpas a la vez que le aclaraban que esto es todo "por culpa de la Junta que los tiene asfixiados".

Loli quería dar su DNI, pero no hacía falta. Ella tampoco quería hablar sólo en nombre de su marido. "Son muchos los enfermos que, como él, por culpa de una enfermedad crónica, necesitan de esa sanidad que llevamos años y años pagando de nuestros sueldos y pensiones".

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