Provincia de Cádiz

Una vecina afirma ahora que oyó sólo tres veces pedir ayuda

  • La testigo declaró en su día que escuchó desde su casa a la procesada o al fallecido, muy bajito, como llorando, en 20 ocasiones: "Socorro, Manolito, auxilio"

Una vecina de la acusada y del fallecido declaró en su día, ante la Policía y luego ante el juez instructor, que la tarde del crimen estaba en su casa viendo la tele y que entonces oyó que desde la vivienda de sus vecinos pedir ayuda. Que decían: "Socorro, Manolito, auxilio". No gritando, sino en voz baja, y hasta 20 veces. Esa mujer declaró ayer, en la segunda sesión del juicio a Caridad M., acusada de asesinar a su marido, Manuel Gil, en su domicilio de Sanlúcar en enero de 2008. La testigo coincidió al mencionar las palabras que oyó. Pero dijo que eso lo escuchó tres o cuatro veces, no veinte. También que no supo quién hablaba, Caridad o su marido. El fiscal le recordó insistentemente que había dicho que lo oyó de quince a veinte veces. Pero la mujer mantuvo que fueron muchas menos y poco tiempo.

¿Cuándo? ¿A qué hora? Ella estaba viendo El diario de Patricia e iban por el tercer invitado, precisó la testigo tras indicar que no miró la hora. La mujer explicó también que se acercó al patio al oír los lamentos, y que desde allí vio que las luces de la casa de sus vecinos estaban apagadas. En su día declaró que sólo había una luz encendida: la del baño. La del cuarto de baño en el que Manuel Gil fue apuñalado.

La esposa de la víctima, en prisión preventiva, aseguró anteayer que ella no mató a su marido. Dijo que la tarde del día 9 de enero de 2008 ambos durmieron la siesta, que luego él quiso pan caliente y ella salió a comprarlo a un bar. Que al regresar a casa se lo encontró en la bañera, cogió unas tijeras que él tenía clavadas y gritó pidiendo ayuda.

Ayer pasaron por el estrado vecinos del matrimonio que vieron ese día a la acusada y al fallecido. También el hijo de Caridad y Manuel Gil y una psiquiatra que trató a la procesada.

El testimonio de la vecina que oyó los lamentos era importante para el fiscal y la acusación particular porque ubicaría el momento del crimen cuando Caridad aún estaba en la casa, antes de abandonar el domicilio familiar camino del bar a comprar pan. Pero la testigo modificó sustancialmente su declaración y aportó detalles sorprendentes. Por ejemplo, que ella acudió a la casa de sus vecinos por la noche y que entonces, cuando se llevaron el cadáver de la casa, el hijo de la víctima se estaba bañando en la bañera en la que apareció muerto su padre.

El baño, el escenario del crimen, fue limpiado al poco de ser hallado el cadáver porque un forense dictaminó que aquello era un suicidio y la Policía no precintó la casa hasta días después, cuando la autopsia mostró que el hombre tenía 101 heridas de arma blanca, muchas en las manos y brazos, claramente defensivas.

La misma vecina fue quien le dio un vaso de agua a Caridad cuando ésta regresó del bar y, según ella, tuvo un mareo. El hijo de la acusada y de la víctima declaró ayer que su madre sufría desvanecimientos habitualmente. Dijo que tras el suceso, ella estaba nerviosa, llorando, fuera de sí, desquiciada. Sus padres le llamaban Manolito desde pequeño. El hombre aseguró que el trato de su madre a su padre era totalmente correcto, siempre pendiente de todo. Era, dijo, una mujer que quería a su marido.

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