Tribunales Cádiz

El TSJA confirma la condena a un hombre por maltratar a su pareja en presencia de su hijo

  • El Alto Tribunal andaluz ratifica la pena impuesta en primera instancia por la Audiencia de Cádiz: tres años de cárcel

Ilustración de Miguel Guillén.

Ilustración de Miguel Guillén.

A., un niño de apenas diez años, se quedaba encerrado en su habitación llorando y con los cascos puestos para no escuchar cómo la pareja de su madre la maltrataba. Reprimía así el no poder acudir en su ayuda porque el hombre lo tenía amenazado. “Como lo cuentes, le hago más daño a tu madre”. Vivió “un clima de terror y miedo”una esfera “ciertamente irrespirable, totalmente mediatizada por la conducta impositiva de la pareja sentimental de su madre”, marcada, en gran medida, por su problemática con los celos, “su celopatía”.

El menor presenció en primera persona cómo las cotas de agresividad del novio de su madre iban en aumento. Primero fueron los ataques verbales, los insultos y las descalificaciones personales (“eres una inútil”, “no sirves para nada”, “calienta pollas”, “puta”). Después llegaron “los puñetazos en las paredes, los golpes y patadas al mobiliario y los portazos”, la denominada “violencia ambiental”. Al final, el maltratador dio “un salto sustancial” y le levantó la mano a su novia. “La golpeó, la empujó y la zarandeó entre gritos de dolor”. De todas estos ataques y coacciones, el niño fue testigo directo.

Estos episodios de violencia machista quedaron acreditados por la Audiencia Provincial de Cádiz, que condenó al maltratador a la pena de tres años y tres meses de prisión en octubre de 2019. El agresor recurrió entonces el fallo ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que lo ha desestimado y ha confirmado íntegramente la resolución judicial dictada en primera instancia.

Control y obsesión

La sentencia de la Audiencia de Cádiz recoge como hechos probados que la pareja mantuvo una relación sentimental desde diciembre de 2015 hasta octubre de 2016. Durante ese periodo, compartieron el mismo domicilio la mayor parte del tiempo junto al hijo de ella, menor de edad.

“Pronto la convivencia degeneró en una relación conflictiva por la actitud adoptada por el acusado, que empezó a querer controlar el día a día de su pareja, obsesionado por el hecho de que ésta pudiera llegar a tener algún tipo de relación con otros hombres”, especifica el tribunal. Así, empezó con una postura de menosprecio hacia ella con descalificativos e insultos.

A continuación pasó a ejercer sobre ella una “conducta de control”, que incluía tratar de evitar que se relacionara con miembros de su familia así como que “no saliera sola a la calle sin su compañía o permiso”, enfadándose mucho si se enteraba que lo había hecho. Para ello, no dudaba en interrogar al hijo de su pareja. Por ejemplo, cuando la madre llevaba al niño al médico, el hombre le preguntaba si el especialista que los había atendido era o no varón, si era joven o si había tonteado con su madre.

“La agresividad del procesado aumentó” por cuanto creía que su novia “incumplía sus normas”, lo que derivó en discusiones verbales “acompañadas de puñetazos en las paredes y en las puertas, rotura de objetos, etcétera".

Finalmente, el maltratador alcanzó “un grado más” en sus ataques y pasó a agarrar con fuerza a la víctima de las extremidades al tiempo que “la zarandeaba, la empujaba contra las paredes o sobre la cama, la golpeaba o le rompía la ropa que vestía”.

El terror

Esta conducta del encausado hizo que tanto su pareja como el hijo menor de ésta desarrollaran “un gran miedo” hacia él. Ella “se sometía a sus demandas mientras que el niño “reprimía" su instinto de acudir en ayuda de su madre y "se quedaba con los cascos puestos encerrado en su habitación llorando, siguiendo con ello el consejo que le había dado su progenitora”.

Una noche, el menor escuchó “un fuerte golpe en el salón” de la casa, acudió de inmediato y comprobó que el procesado había estrellado contra el suelo el móvil de su madre; acto seguido, empezó a darle empujones con los que la condujo hasta el dormitorio y, una vez allí, la derribó sobre la cama, su puso encima a horcajadas y comenzó a golpearla. El chico, “impotente”, le dijo: “No le pegues más”, a lo que él le respondió: “Como lo cuentes, le hago más daño a tu madre”. Entonces ella le pidió a su hijo que se marchara. Cuando lo hizo, “la escuchó gritar de dolor”.

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