Provincia de Cádiz

"Nos sorprendió: se levantó con energía y corrió hacia la ventana"

  • Dos testigos relatan cómo la procesada pasó de ser una mujer con dificultades para caminar a moverse con agilidad y a forcejear al notificarle que iba a prisión

Un policía y un funcionario de los Juzgados de Sanlúcar explicaron ayer que Caridad M. reaccionó de forma violenta cuando le notificaron que ingresaría en prisión preventiva, que se levantó rápido y con energía, corrió con agilidad hacia una ventana y que, al no conseguir abrirla, se fue hacia un mueble y comenzó a darse cabezazos contra él. La mujer forcejeó con los policías y los funcionarios que se lanzaron a reducirla. Los dos testigos, que la habían visto anteriormente moverse con dificultad, coincidieron en que quedaron sorprendidos al observar que Caridad M. abandonó de pronto la torpeza de movimientos que mostraba en otras ocasiones.

El juicio a la acusada de haber matado a su marido en su casa de Sanlúcar en enero de 2008 anotó ayer, en la tercera sesión de la vista oral, el relato de ese incidente que el fiscal y la acusación particular consideran revelador de la capacidad de simulación de la procesada. Es un episodio con el que las acusaciones quieren indicarle a los miembros del jurado que Caridad M. no es esa mujer impedida que desde el pasado lunes ven llegar a la sala de vistas ayudándose a caminar con una muleta y apoyada en uno de los policías que la custodian.

Signo de la debilidad que ella mantiene que padece desde hace mucho tiempo, algo ratificado por su hijo en el juicio, precisamente ayer sufrió un desvanecimiento al término de la sesión, pasadas las seis de la tarde. Desde la Audiencia fue reclamada asistencia médica, que llegó al poco.

Caridad M., acusada de asesinato, sostiene que ella no mató a su marido, al que halló, al regreso de un recado, muerto en la bañera: apuñalado con unas tijeras y un cuchillo de cocina. El fallecimiento fue atribuido a un suicidio en principio. La autopsia reveló al día siguiente que alguien había apuñalado a Manuel Gil, de 58 años, un hombre enfermo y con problemas con el alcohol.

Un policía explicó ayer que Caridad fue inmediatamente la sospechosa número uno. En cuanto el suicidio se convirtió en crimen y la investigación fue retomada, no sin cierta dificultad: el escenario del crimen, el cuarto de baño, fue limpiado por familiares del fallecido, según comentaron ayer ellos mismos. La Policía y el forense se fueron, el cadáver se lo habían llevado, y pudieron entrar en la casa. Un cuñado del fallecido dijo que lo primero que hizo fue limpiar el baño y tirar a la basura la ropa interior de la víctima, con sangre, y unas zapatillas.

El mismo policía contó que halló enseguida contradicciones relevantes en el propio relato de Caridad sobre los hechos: los tiempos que indicaba, entre dejar a su marido en casa vivo y regresar de comprar el pan y hallarlo muerto, hacían pensar que ella estaba en la vivienda cuando se produjo el apuñalamiento. A eso había que unir otros indicios. Entre ellos, la vecina que oyó pedir ayuda (20 veces, dijo el agente que afirmó ella; tres veces, dijo ella anteayer) cuando hablaba el primer invitado en El diario de Patricia (el tercero, según ella en el juicio).

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