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"Mi reto es crear una red de consumo de comercio justo"

  • Cristina Alfaro dirige en Chiclana un negocio de venta de productos ecológicos, que ahora lanza en internet

"Estaba convencida de que había y hay mercado para una tienda de productos ecológicos, a pesar de que un negocio similar quebró poco antes, aquí mismo, en Chiclana. Ya es un éxito estar abiertos desde 2009".  Cristina Alfaro, 30 años,  licenciada en Biología, es una mujer que ejemplifica lo que ocurre a muchos jóvenes cuando plantan una cara alternativa a la dura realidad del desempleo: convertirse en empresarios.

"Me tiré a la piscina después de un largo período, difícil, sin encontrar un trabajo estable, en el que me viera con futuro", recuerda Cristina. Su opción fue acudir a un CADE (Centro de Atención al Desarrollo Empresarial), "donde unos profesionales maravillosos y armados de paciencia me orientaron y explicaron todo lo que necesitaba para dar el salto". Extiende sus agradecimientos y recuerdos, no sólo a los técnicos del CADE, que le orientaron en su plan de  negocio, sino también a funcionarios de Hacienda y Seguridad Social "que me han solucionado muchas dudas".

No todo son alabanzas. Desgraciadamente, y el suyo es un caso muy común, la lentitud en la resolución de ayudas, convocadas y comprometidas por la Junta de Andalucía, son un aspecto negativo: "Me han concedido una subvención por el establecimiento de mi negocio; lleva un año y varios meses abierto y aún no la he recibido", se lamenta.

Cristina Alfaro opta, por el momento, por mantener una acción comercial de relación muy directa con sus clientes. Por un lado, a través del tradicional boca-oído, utilizando a sus clientes como referencias para llegar a potenciales compradores de sus productos de alimentación ecológicos; por otro, a través de Internet. "La red es un medio muy cómodo para llegar a los clientes y ofrecerles productos e información", explica. Su plan es ir "paso a paso": así, en estos casi dos años, ha ido consolidando etapas para poder responder a la inversión inicial, 8.000 euros de sus ahorros personales: "Lo primero fue consolidar una base estable de clientes. Una vez conseguido esto, estoy desarrollando la vía de internet, que está en proceso de desarrollo y crecimiento. Ya tengo pensado el siguiente paso, aunque de momento está en fase de idea".

Para Cristina es importante subrayar que lo primero "es eso, una idea. Mi sueño era un comercio donde se pudiesen adquirir productos ecológicos. En esta zona este tipo de negocio no está desarrollado, y el nicho está ahí: crear una red de consumidores que apuesten por este valor añadido de calidad y comercio justo", explica. ¿La diferencia de su modelo con las grandes cadenas? "La cercanía, la reducción de intermediarios y las condiciones éticas con los productores, que son nuestros proveedores directos. Aunque la dificultad esté inicialmente en el precio, una vez que el cliente prueba, repite", apostilla.

Las trabas que Cristina ha tenido que superar han ido desde las licencias y trámites "farragosos y caros", hasta encontrar un local apropiado. Su fuerte, afirma, es "la capacidad de adaptación, saber escuchar a mis clientes y tomar decisiones rápidas sobre los productos que no funcionan y sus alternativas".

Es su primer intento empresarial, pero esta bióloga razona ya con una sólida visión de lo que la crisis demanda: "gente muy preparada, que tome decisiones cualificadas, que no extienda el desánimo ni el miedo, que recupere la confianza en el consumo. Pero lo primero que necesitamos es que todos, y los primeros los políticos, remen en la misma dirección", señala.

Sobre los autónomos -como ella- cree que el papel de la Administración es "deficiente; la legislación no está alineada con nuestra realidad, y se convierte en una barrera más que en un estímulo. Y las ayudas, si llegan tarde, hacen imposible la viabilidad de los proyectos, convirtiendo en inútil el trabajo de las redes de ayuda a los emprendedores".

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