Diez meses desaparecida Búsqueda infructuosa de una vecina de Barbate

"A tu madre no la vas a volver a ver"

  • Esto le dijo al hijo de Ana María su padre cuando regresó al coche sin ella, en el viaje de regreso desde Vigo; el juez le acaba de dejar libre sin cargos al no haber cuerpo del delito, al no aparecer su cadáver

Él ha cambiado su inicial declaración por lo menos cuatro veces. Ha incurrido en numerosas contradicciones, y ella sigue sin aparecer. Hoy se cumplen 10 meses, y ella no ha dado aún señales de vida. Todos se temen lo peor pero no pueden hacer nada: el cuerpo del delito no aparece, no hay cadáver así que a él lo acaban de dejar en libertad, ya sin cargos.

Y poco más se puede hacer por mucho que la hipótesis principal que se maneja es la de que ella, Ana María Fernández Barreiro, una viguesa de 38 años afincada desde hace años en Barbate, casada con un vecino de la localidad jandeña y con un hijo que ahora está a punto de cumplir 11 años, ha sido víctima de una muerte violenta.

Sólo se sabe de modo oficial el día en que se pierde su rastro, el 1 de abril de 2008. El lugar exacto no está nada claro. O sí, según se mire: hasta tres localizaciones distintas ha dado el marido del lugar donde la vio por última vez. Más indicios que hacen que prevalezca la tesis más trágica del final destino de ella.

Ana María y su marido, Francisco José H.M., se ganaban la vida como podían en Barbate. Ella trabajaba de modo esporádico en lo que le salía. Él no tiene una profesión reconocida. Se presenta a si mismo como pescador de almadraba, que curra cuando le llaman, cuando le sale algo.

Se conocieron en un centro de desintoxicación, en la Janda. Ella, de joven, tuvo problemas con algunas drogas. Pero los que la conocen, los que la quieren, que no son pocos en Barbate ya que ha llegado a hacer muy buenos amigos, aseguran que hace tiempo que dejó las adicciones atrás. Y que nunca se hubiera ido por su voluntad. No sin su hijo.

Por eso nadie se cree una de las primeras explicaciones que arguyó él, que se había ido otra vez como hace años, cuando desapareció ó de forma voluntaria, y hasta meses después no apareció, en una suerte de comuna de hippies a la que se había trasladado a vivir. Pero eran otros tiempos, hace más de una década. Y no había nacido su hijo.

A finales de enero de 2008, los padres de Ana María, muy mayores los dos, fueron víctimas de un accidente en el que sufrieron heridas de suma gravedad. Así que la pareja, junto con su hijo, se trasladó a Vigo, para cuidarlos. Ana María se turnaba con los hermanos. Y así fue hasta que el 1 de abril, tras tener una fuerte discusión con sus hermanos, el matrimonio decidió regresar a Barbate. Ella se quedó en un punto indeterminado del trayecto.

24 días después, el marido se personó en el Puesto de la Guardia Civil en Barbate y denunció su desaparición. Los agentes iniciaron las pesquisas , y la alarma se encendió en seguida. En cuanto tomaron declaración al niño.

"A tu madre no la vas a volver", cuenta el pequeño que le dijo su padre cuando regresó al coche sin ella. Y contó más: que los dos habían discutido. Porque ella tenía remordimientos. Porque quería volver para disculparse con sus hermanos, con los que se había peleado. Que él no quería. Y que la pegó.

A partir de este punto, todo ha dependido del pie con el que se haya levantado Francisco, no muy centrado según cuentan algunas personas que lo han tratado.

El marido, que a la semana vivía con otra mujer en el domicilio de la pareja, en Barbate, primero situó la fuerte discusión con Ana María y hasta la agresión (la admitió, lo que motivó que el titular del Juzgado Número 1 de Violencia de Género de Vigo, que se hizo cargo del caso al inhibirse el de Barbate por haber desaparecido ella allí, le imputase por un presunto delito de violencia de género) en pleno centro de la localidad gallega. Así, dijo que ella se bajó en la plaza de Las Traviesas.

La hora no coincidía con la que se habían ido de casa de la familia de Ana María, así que volvió a ser llamado para testificar. Y cambió la versión por segunda vez. Dijo que él y ella, tras discutir delante del niño cuando volvían hacia Barbate, se bajaron en la A-52, entre las localidades de Ponteareas y A Cañiza, a 40 kilómetros de Vigo. Ahí es donde la Guardia Civil de Pontevedra la ha estado buscando sin descanso desde entonces. Varias batidas se han organizado por la zona. Nada menos que 80 kilómetros de autovía han sido revisados por los guardias, con perros, limpiando la zona de maleza, cuentan desde la Comandancia de allí. En vano.

Él, después, ha dicho que fue en otro lugar, en la carretera que une Vigo con Benavente, a 80 kilómetros, en una gasolinera con carteles verdes. Podría ser de BP.

A principios de enero de este año, hace menos de un mes, tras no comparecer a una citación judicial para declarar otra vez, la Guardia Civil detenía a Francisco José en Barbate y lo conducía ante el juez de Vigo, que acabó dejándolo libre, ya sin cargos.

Porque, diez meses después, no hay delito que achacar al no haber cuerpo. Ella sigue sin dar señales de vida. Desapareció con lo puesto, con su bolso. No ha sacado dinero de ningún cajero ni ha realizado ninguna gestión administrativa.

Quizás ahora, alguien que la haya visto y vea esta información con su foto pueda dar alguna nueva pista a la Guardia Civil. De otro modo, no habrá manera de saber qué le ha ocurrido. Si él se deshizo de ella. Si ella, harta, le dejó, dejando atrás a un hijo al que quiere con locura. O si un conductor que circulaba por la carretera que fuera la atropelló y huyó ocultando su cuerpo. O alguien la recogió y le hizo algo. Tan malo que no ha vuelto.

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