Provincia de Cádiz

"Nos dijeron que el cáncer de mi mujer se curaría en tres meses"

  • El alcalde de El Puerto declara como familiar de un afectado en el juicio contra la trama del Acobiomol. Los pacientes critican cómo los cabecillas jugaban con su desesperación

Segunda jornada del juicio del Acobiomol en la Audiencia Provincial, con la comparecencia de los afectados y familiares de enfermos tratados con el Neovit-3000, el supuesto medicamento que curaba prácticamente cualquier enfermedad y que fabricaban en un garaje los cabecillas de la trama, Juan Manuel Acosta y Luis Andrades.

El primero en declarar fue el isleño Jesús Prera, la primera persona que se querelló contra los imputados y que sacó a la luz pública el caso gracias a un programa de la televisión pública andaluza. Prera, cuya esposa ya fallecida se encontraba por entonces enferma de cáncer de estómago, señala que el motivo por el que decidieron adquirir el medicamento se debe a la "desesperación" y a su "dramática situación", un motivo común en todos los afectados que pasaron ayer por la sección octava.

Prera afirma que oyó hablar por primera vez del medicamento a través de un compañero de trabajo al que Acosta y Andrades le habían vendido un crece pelo. Tras ponerse en contacto con ambos, se reunió con ellos en la oficina donde trabajaba, señalando que se presentaron como biólogos moleculares. Tras facilitarles la documentación sobre la patente de la teoría del Acobiomol para que la estudiase, le comentó todo a su esposa. Posteriormente mantuvo una segunda reunión en la clínica Costa Oeste de El Puerto, en la que además de Andrades y Acosta se encontraba otro de los imputados, el doctor E. de la R., que se presentó como "traumatólogo" y "médico multidisciplinar". Tras analizar los informes médicos de la enferma, Prera señala que "Acosta me dijo que el cáncer de mi mujer era perfectamente tratable y que se curaría en tres meses. Sellamos el trato con un apretón de manos".

Prera señaló que el coste del tratamiento era de 9.000 euros, que se pagaría en dos plazos: tras la firma del contrato -que incluía una cláusula en la que se especificaba que se le devolvería el dinero en caso de no haber mejoría- y tras recibir el medicamento. "Al principio fue traumático, porque el producto era nauseabundo y tremendamente ácido", señaló Prera, que afirma que a raíz de eso habló con el oncólogo de su esposa, quien le comentó que todo "le parecía extrañísimo y descabellado, ya que ni conocía a estos hombres ni había oído hablar del producto". A los dos días de tomar el producto, señala Prera que su mujer sufrió un cuadro de ictericia que evolucionó en una hepatitis medicamentosa, motivo por el cual tuvo que dejar de tomarlo, por lo que ya quiso romper el contrato que adquirió con ellos, algo a lo que se opusieron Andrades y Acosta. Tras volverse a negar, el isleño decidió emprender acciones legales contra ellos. Sobre la implicación de los doctores E. de la R. y R. Q., señaló que "participaron directamente del negocio" y que E. de la R. "daba veracidad" a todo.

Otra declaración con sustancia fue la de Enrique Moresco, alcalde de El Puerto y cuya esposa, ya fallecida, estuvo también tomando Neovit-3000 para intentar curar el cáncer que padecía. "Nos agarramos a un clavo ardiendo", afirma. Señala que "al ejercer un cargo público me llegaron ofrecimientos de todo tipo, la mayoría absurdos, pero éste tenía visos de seriedad". El que le puso al tanto de todo fue un compañero del Ayuntamiento portuense, cuya esposa también estaba tomando el medicamento y que, al parecer, le estaba dando resultados. Moresco afirma que en las reuniones siempre estaban Acosta y Andrades, el primero llevando "la iniciativa médica" y el segundo "el tema administrativo". Sobre R. Andrades, la hermana de Luis, comenta que también estuvo presente en una consulta ejerciendo de enfermera y que por el tratamiento pagó 9.000 euros, siendo clave el que le dijeran que el medicamento "no tenía un efecto perjudicial".

De hecho, señala que en un primer momento su mujer se sintió mejor, aunque quizás pudo ser a causa del efecto placebo. Así, un amigo, médico de profesión, les advirtió que "eran unos timadores". Moresco también afirmó que el doctor E. de la R. "pudo ser engañado" por Acosta y Andrades y que "lo que más me molestó es que usaran el contrato que firmé como reclamo" para captar clientes.

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