Provincia de Cádiz

La crisis devora 850 millones de los bancos de la provincia

  • Los depósitos se reducen en todas sus versiones, pero sobre todo en las cuentas corrientes y en las de inversión Sigue cayendo el número de hipotecas, pero sube el capital concedido por primera vez desde 2007

El empobrecimiento de la sociedad gaditana desde que fue aplastada por la crisis global tiene muchos números y uno de ellos es el de 850 millones de euros, que es la cantidad en la que se han reducido los depósitos bancarios en la provincia entre 2008 y el tercer trimestre de 2012, último dato que arroja el Boletín Estadístico del Banco de España.

La mayor parte de ese dinero que ha desaparecido es el de uso corriente, el de las cuentas en las que tenían domiciliadas sus nóminas las más de cien mil personas que han perdido su trabajo en estos años. En octubre de 2008 en depósitos a la vista, que es el dinero que el banco está obligado a entregar en el mismo momento que lo solicite el cliente, el dinero de caja, en la provincia había 2.426 millones de euros. El pasado septiembre esa cantidad, que en los años de bonanza superaba los 3.000 millones, tocó fondo con 2.179 millones de euros. Son casi 250 millones de euros menos de dinero circulante, el dinero que mueve el día a día de la economía porque es el que se intercambia en el comercio.

Este es el dato que marca la temperatura de una economía porque supone que su reducción va en paralelo con un menor número de empresas, un mayor número de desempleados y sueldos más bajos. También es una mala noticia para la administración pública porque es de estos depósitos de donde salen los impuestos tanto empresariales como familiares. Y, por último, es un índice que implica el estado del consumo. El retrato de 250 millones de euros menos en los depósitos a la vista no lanza buenos augurios.

El resto de productos bancarios tampoco ofrece mejores sensaciones. El único dato estable se encuentra en el ahorro. Los datos del Banco de España sobre los depósitos en los diferentes productos de ahorro en la provincia, que son aquellos que pretenden por parte del cliente un saldo estable o creciente a cambio de algún interés de beneficio, no difieren en demasía de los que había al inicio de la crisis, incluso han crecido levemente, pasando de 3.334 millones a algo más de 3.500 millones. Los expertos consultados lo atribuyen al miedo al consumo, el temor a los malos tiempos y también que es el lugar al que han ido a parar muchas indemnizaciones por despido. Las alegrías de los años de bonanza situaban casi en el mismo nivel los depósitos a vista (consumo rápido) que los de ahorro, en torno a los 3.000 millones. Cuando empezaron a vislumbrarse las orejas al lobo el dinero se refugió en cuentas de ahorro, con severos ajustes en las economías domésticas y en 2010 se alcanzó la mayor cifra nunca conocida en cuentas de ahorro, llegando a los 3.619 millones de euros. La longevidad y dureza de la crisis ha hecho que, desde entonces, estos depósitos también se hayan ido dejando euros por el camino, hasta alcanzar los 3.523 millones registrados en la última ola de 2012, casi cien millones de euros menos en 24 meses, lo que podría indicar, entre otras muchas cosas y simplificando multitud de factores, que las economías más afectadas por la crisis ya han tenido que empezar a echar mano de la libreta de ahorros.

Durante las últimas semanas, el corralito chipriota ha hecho temer a la banca que fueran estos depósitos los más afectados por un efecto contagio, ya que sería de aquí mayormente de donde una hipotética medida parecida del eurogrupo con España en un futuro saldría la quita para pagar un rescate que el Gobierno ha insistido que no se va a producir. Frente al pánico inicial, las entidades consultadas aseguran que, aunque se ha escuchado mucho en la calle lo de meter el dinero bajo el colchón, en absoluto se ha producido retirada de fondos.

De hecho, los bancos cuentan con un producto que es lo que podríamos llamar el 'colchón' y que el Banco de España tiene difícil controlar: las cajas de seguridad. Este producto, según los bancos, es residual y, aunque algunos clientes han preguntado a raíz de los sucesos en Chipre, el aviso de la Agendcia Tributaria, que ha pedido datos a los bancos de los titulares, ha hecho desistir a la clientela. En cualquier caso, sin poderse conocer la cantidad, se estaría hablando de algo no demasiado significativo.

Porque el grueso del dinero, lo que mueve la palanca del negocio bancario, se encuentra en los depósitos a plazo, donde el descalabro de depósitos ha llegado sin duda a raíz de las preferentes y del escándalo de Bankia. El desplome en doce meses ha sido brutal, contando además con que los depósitos a plazo nunca habían descendido durante el transcurso de la crisis. El depósito a plazo es aquel en el que el banco promete la multiplicación de los panes y los peces a cambio del compromiso del cliente de mantener ese dinero hibernado durante un periodo de tiempo. Para aquellos que colocaron ese dinero en preferentes ha supuesto la pérdida en toda España de la friolera de 12.000 millones, según las estimaciones de las asociaciones de usuarios. La desconfianza tras las quitas a los clientes de entidades como Bankia, a lo que se añadió el desplome en Bolsa convirtiendo sus acciones en papel mojado con el valor de unos pocos céntimos cuando hacía apenas nada se habían comprado a más de tres euros, se ha extendido a todo el sector. En realidad, esto también ha pasado con productos extrabancarios (Afinsa, Nueva Rumasa), pero no ha evitado la fuga en masa de capital.

En concreto, en la provincia, que arrancó la crisis elevando sus depósitos a plazo de 4.667 millones a 6.097 (de 2007 a 2008), la caída en los meses que van de septiembre de 2011 a septiembre de 2012 ha sido de más de 800 millones, pasando de 6.171 a 5.303 millones. ¿A dónde ha ido ese dinero? Una parte se ha esfumado, pero otra, la principal, ha buscado refugio en productos de menor riesgo que en su día había tenido cierta decadencia por no poder competir con las desorbitadas rentabilidades de la nueva generación de productos de plazo (algunos de ellos sumamente tóxicos, como se ha demostrado). Los pagarés bancarios, depósitos a un año, o prestar dinero al Estado, la deuda pública de las Letras del Tesoro, han visto repuntes tras el terremoto de confianza que ha pasado de los grandes canales bancarios a los pequeños inversores.

Más estabilidad se produce en el crédito, no en el que se entrega, sino en el que sigue vivo. Ahí la provincia sigue moviéndose en baremos muy parecidos. Los bancos tienen prestados en la provincia en torno a 21.000 millones, aunque buena parte de este dinero se encuentra atrapado en unos porcentajes de morosidad bancaria que ha alcanzado índices récord (11,3 en el índice nacional y un cálculo superior al 12% en la provincia). Por último, el producto tipo bancario, la hipoteca, se ha dado un respiro en el primer mes de 2013 en su imparable caída en la provincia, un 76% desde 2007. Se concedieron pocas hipotecas (1.195 frente a las más de 5.000 que se concedían al mes en 2007), pero los bancos entregaron una cantidad mayor, 243 millones de euros, la cifra más alta en el arranque de un año desde 2009 y el primer repunte en este producto desde 2007.

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