Tribunales Cádiz

El crimen del Churrero ya tiene sentencia: 22 años de cárcel para dos de los acusados

  • El tercer implicado en el asesinato de Antonio Romero ha sido condenado a 12 años y medio de prisión

Enver B. conducido por los agentes antes de entrar a juicio. Enver B. conducido por los agentes antes de entrar a juicio.

Enver B. conducido por los agentes antes de entrar a juicio. / Joaquín Hernández 'Kiki'

La Audiencia Provincial de Cádiz ha condenado a Enver B. y a Faruko M., dos de los acusados por el crimen del Churrero, a 22 años y nueve meses de prisión mientras que Adrijam S., el tercer implicado en esta causa, ha sido condenado a 12 años y medio de cárcel, una pena menor por cuanto el tribunal ha apreciado como atenuante la colaboración que ha prestado durante la investigación del caso.

La Sección Primera ha ordenado también que los tres procesados indemnicen a los hijos de la víctima en la cantidad total de 140.000 euros.

La sentencia establece igualmente que Enver, Faruko y Adrijam, en prisión preventiva desde 2016 y 2017 por estos hechos, permanezcan privados de libertad pese a que la resolución judicial no es firme y puede ser recurrida en casación ante el Tribunal Supremo. 

Así, ha quedado probado que el 23 de septiembre de 2004, el matrimonio conformado por Antonio Romero y Manuela Núñez fue asaltado en su domicilio de Chiclana por los ahora condenados, que los maniataron y los golpearon para robarles la mayor cantidad posible de dinero. Ambos recibieron una brutal paliza a manos de sus asaltantes, que los atacaron con una barra de metal.

Dado que Antonio, de casi 80 años, no quiso facilitar la clave secreta de la caja fuerte que estaba oculta en su vivienda, uno de los encausados le propinó un fortísimo golpe en la parte superior izquierda de la cabeza, impacto que le dejó inconsciente y que, posteriormente, provocó su muerte. 

Como Enver, Faruko y Adrijam no lograron forzar la caja fuerte, decidieron abandonar la casa llevándose consigo los 4.000 euros que Antonio Romero tenía en su cartera en esos momentos, pues tenía la costumbre de llevar siempre mucho dinero en efectivo encima, precisa la sentencia. 

Un crimen por 1.000 euros

El 22 de septiembre de 2004, Antonio Romero, acompañado de su hijo José Manuel, acudió a Sevilla para vender dos camiones llenos de chatarra, pues, si bien Antonio era conocido en Chiclana por su antigua profesión de churrero, hacía años que había abandonado ese negocio y se dedicaba a la chatarra.

Ese 22 de septiembre, Antonio consiguió 5.900 euros, una suma de dinero que repartió con su socia Ramona. Guardó su parte en la cartera y se marchó a casa a descansar. Antes de acostarse, depositó en la mesilla de noche sus pertenencias. Allí dejó la cartera con unos 4.000 euros en su interior.

La madrugada del 23 de septiembre, Enver, Faruko, Adrijam y un menor de edad, todos procedentes de países de la antigua Yugoslavia y residentes en Dos Hermanas, decidieron entrar en el domicilio de Antonio, pues “llegaron a tener conocimiento por fuentes desconocidas” de que en la vivienda había “importantes cantidades de dinero en metálico” dentro de una caja fuerte que estaba empotrada en el dormitorio principal y oculta tras un espejo.

Conociendo así “la ubicación exacta” del inmueble, los asaltantes, puestos de común acuerdo, se desplazaron de Dos Hermanas a Chiclana, donde llegaron a las 1:30 horas aproximadamente.

Al ver que dentro de la casa había luz, pensaron que los moradores estaban despiertos, de manera que prefirieron esperar a que se acostaran. Transcurridas alrededor de dos horas, y viendo que las luces permanecían encendidas, entraron en la vivienda a sabiendas de que los dueños estaban dentro.

Los tres condenados por el crimen del Churrero, durante la vista oral. Los tres condenados por el crimen del Churrero, durante la vista oral.

Los tres condenados por el crimen del Churrero, durante la vista oral. / Joaquín Hernández 'Kiki'

Adrijam trepó por el muro de un patio, no si antes hacerse un profundo corte en la mano con los cascotes de cristal incrustados en la parte superior del mismo. Una vez dentro, Adrijam abrió la puerta y franqueó “sin la mayor dificultad” la entrada a sus tres acompañantes.

En ese momento, Antonio Romero dormía en el dormitorio principal y su esposa, Manuela Núñez, hacía lo propio en el dormitorio secundario.

Ya en el interior de la casa, los acusados “distribuyeron sus roles”, de forma que dos de ellos se ocuparon de Antonio y los otros dos, de Manuela. Así, le ataron las manos al hombre con un cordón trenzado mientras dormía, “por lo que nada pudo hacer por evitarlo”. También maniataron a Manuela y le colocaron un objeto en la boca para evitar que gritase.

Seguidamente, los cuatro miembros del grupo, actuando en ejecución del plan previamente concebido, decidieron que Adrijam y Enver registrasen a fondo la vivienda mientras que Faruko y el menor quedaban a cargo del matrimonio.

A resultas del registro practicado, localizaron sin demasiada dificultad la cartera de Antonio y descubrieron la caja fuerte empotrada en la pared. Como quiera que dicha caja fuerte solo podía ser abierta con la llave que en ese momento se encontraba en la chatarrería, además de con una combinación, bien fuera porque Antonio no quiso proporcionar esa información o bien porque lo traumático de la situación se lo impidiera, los asaltantes no lograron abrir la caja fuerte.

Fue entonces cuando Faruko, con la anuencia del resto de sus compañeros, empezó a golpear a Antonio con un objeto alargado y contundente “con una fuerza muy considerable”, llegando a producirle fractura de costillas en ambos costados. Además, con la intención de vencer la voluntad de Antonio de no ofrecer la información requerida, le asestó un puñetazo en la mandíbula, cortándole además una parte del lóbulo izquierdo.

Manuela también recibió por parte del menor del grupo golpes contundentes con una barra metálica.

Ante la desesperación del grupo al ver que no podían acceder a la caja fuerte, uno de sus miembros, Faruko, cogió un objeto alargado y volvió a propinar a Antonio un fortísimo golpe en la parte superior izquierda de su cabeza, lo que le dejó inconsciente.

Pasados unos 20 o 30 minutos, los asaltantes cogieron la cartera de Antonio (y los 4.000 euros que había en su interior) y abandonaron la vivienda. Una vez que regresaron a Dos Hermanas, se repartieron el dinero recaudado entre los cuatro, esto es, 1.000 euros para cada uno.

El matrimonio fue hallado por unos de sus hijos a la mañana siguiente. Antonio estaba muerto y Manuela se encontraba gravemente herida. 

Dos de las defensas de los acusados han anunciado ya su intención de recurrir la sentencia ante el Supremo.

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