Coronavirus en Cádiz: un testimonio en primera persona Una enfermera de Rota en el epicentro de la pandemia: "Los abuelitos bajaban del autobús en pijama y muy enfermos"

  • Ana Cristina Sánchez, que trabaja en una UVI del hospital 12 de Octubre de Madrid y que también se contagió de coronavirus, advierte a la población: "Nos estamos relajando y eso puede ser fatal"

  • "Lo que he vivido este mes ha sido horroroso y claro que he llorado, pero las enfermeras lloramos en el coche, nunca en el hospital"

Primer plano de Ana Cristina Sánchez, enfermera de Rota en el hospital 12 de Octubre de Madrid, con mascarilla y gorro de protección.

Primer plano de Ana Cristina Sánchez, enfermera de Rota en el hospital 12 de Octubre de Madrid, con mascarilla y gorro de protección. / D.C.

"Lo que he vivido este último mes ha sido horroroso, porque aquí ha muerto muchísima gente. Y entre tantas imágenes terribles me quedo con la de muchos abuelitos bajando del autobús en pijama y muy malitos. Se bajaban en la parada del autobús que hay enfrente del hospital o en algún taxi y solamente llevaban su tarjeta sanitaria en la mano. Era muy duro porque sabíamos que la mayoría de ellos estaban ya desahuciados". Quien relata esta tragedia en primera persona se llama Ana Cristina Sánchez, una enfermera de Rota que en pocos días cumplirá 32 años de edad y que lleva diez años ejerciendo su profesión en Madrid, los cuatro últimos en el hospital 12 de Octubre, al sur de la capital de España.

El testimonio de Ana Cristina tiene mucha validez porque ha vivido esta crisis sanitaria en uno de los epicentros de la pandemia pero también porque ella misma se contagió con el coronavirus, lo que le obligó a estar 13 días recluida. Y pese a los momentos durísimos vividos en estas últimas semanas intenta sacar algo positivo. Por ello considera que esta experiencia "está siendo un máster en humildad y en valores", aplaudiendo también ella a unos compañeros que le han demostrado "que la enfermería es una profesión preciosa pero nada valorada". Y guarda como oro en paño las imágenes de esas personas que logran superar la enfermedad. "Cuando un paciente que ha sanado te coge de la mano y te da las gracias, te sientes muy orgullosa de tu profesión", subraya con un tono de voz entrecortado que deja entrever ciertas dosis de emoción.

Diplomada en Enfermería por la Universidad de Cádiz (UCA), Ana Cristina Sánchez llegó hace una década a Madrid "porque nos cogió la anterior crisis económica y en la provincia de Cádiz no había trabajo para nadie". Tras pasar por varios centros sanitarios de la capital de España, hace cuatro años aterrizó en el hospital 12 de Octubre. Su puesto estaba en una UVI específica de Traumatología. "Aquí he visto cuerpos destrozados, porque atendíamos sobre todo a heridos en accidentes de tráfico o en siniestros laborales, y a veces hasta nos llegaban casos procedentes de otras comunidades autónomas", explica. Pero a principios de marzo todo empezó a cambiar, porque la mayoría de los pacientes accidentados que les llegaban presentaban insuficiencias respiratorias y daban positivo en las pruebas de Covid-19 que se les practicaba. "Y lo que más nos sorprendía era que su estado de salud empeoraba con una velocidad increíble, porque este virus es terrible ".

Este fenómeno del coronavirus se fue multiplicando con el paso de los días, lo que obligó a incrementar mucho las medidas de protección que ya de por sí tenían estos sanitarios de Traumatología, porque alguna vez se les colaba algún paciente que sufría de tuberculosis o de otras enfermedades infecciosas. Pero la situación en las últimas semanas llegó a ser tan grave que este hospital madrileño decidió que esta UVI, como otras muchas del centro, se destinaran también a enfermos de Covid. "Creo que sólo hay una UVI reservada para los otros pacientes graves; el resto del hospital está centrado en atender a enfermos de coronavirus", narra esta enfermera roteña.

Y, como era lógico pensar, el virus afectó también al personal sanitario del 12 de Octubre. "Recuerdo que el 8 de marzo cayó enferma la primera de mis compañeras, y se dio cuenta porque ni podía oler, ni tenía el sentido del gusto". Y después le tocó a ella. "Pues no sé cuándo me contagié. No sé si fue al tratar a algún enfermo, porque al principio nuestros equipos de protección eran muy escasos, o incluso si lo hice fuera del hospital. Pero un día que estaba trabajando empecé a sentirme muy floja. Yo soy una enfermera a la que le gusta mucho hablar con los pacientes pero aquel día notaba que tenía mucho calor y mucho cansancio. Al principio creí que era porque llevaba muchos días seguidos trabajando, con unos horarios terribles, pero un compañero me convenció para que fuera a preventivos y ahí descubrí que tenía 39 grados de fiebre. Así que para casa".

Ana Cristina vive en Madrid en una casa que comparte junto a una hermana que tiene diez años menos que ella. Y había que extremar las precauciones lo mejor que se pudiera. "Yo es que veo en la tele a gente que comparten su casa con enfermos de coronavirus pero, claro, tienen un casoplón y un jardín y... así también paso yo una cuarentena. Nuestra casa en cambio sólo tiene dos habitaciones, así que nos apañamos como pudimos, echando lejía por todas partes y manteniendo la distancia de seguridad en todo momento", se sincera esta enfermera de Rota.

El coronavirus la dejó KO 13 días. "Yo estuve tres días con fiebre metida en la cama, después dos días más con problemas respiratorios porque tenía una tos muy seca, y dolores de cabeza y de piernas..." hasta que la enfermedad fue remitiendo y el pasado sábado se reincorporó a su puesto de trabajo en el hospital. "Fue una vuelta emotiva, porque nos han repartido tablets para que los pacientes puedan hablar con sus familiares y la verdad es que se viven momentos muy entrañables".

Ana Cristina reconoce ser una mujer que suele empatizar mucho con sus pacientes, aunque, pese a tanta muerte como ha visto a su alrededor, cree que no ha llorado aún en el hospital. "Yo sí he llorado, claro, pero en el coche. Las enfermeras es que somos más de llorar en los coches que en los hospitales. Allí tenemos que ponerle buena cara a nuestros enfermos", expone de manera muy gráfica. 

Y reconoce también que incluso ha llegado a pasar algo de miedo a la vista de lo que estaba sucediendo a su alrededor. "Sí, claro, una piensa en su familia y pasa miedo. Pero me quedo con el arrope de mis compañeros que en todo momento han demostrado una gran positividad y que han trabajado y están trabajando a destajo". "Fíjese que en circunstancias normales cada enfermera de mi UVI teníamos a nuestro cargo a un enfermo, y estas semanas hemos tenido que estar pendientes de tres o cuatro a la vez. Ha sido una cosa de locos". Y también ha visto cómo enfermeras que tenían un puesto de trabajo muy específico en otros departamentos del hospital tuvieron que bajar a las UVIs a echar también una mano para atajar el coronavirus. "Por eso digo que esta experiencia ha sido un máster en humildad y en valores".

Pese a ser hija de Lorenzo Sánchez Alonso, ex líder del partido Roteños Unidos y ex alcalde de Rota, Ana Cristina Sánchez se niega a hablar de política en plena crisis sanitaria del Covid-19. Para nada le interesa lo que diga el Gobierno o lo que repliquen los partidos de la oposición. Eso sí, avisa de un riesgo que está visualizando desde su puesto de trabajo: "Es verdad que están bajando los casos de contagio y que los hospitales ya no están saturados como antes, pero creo que nos estamos todos relajando y eso puede ser un error fatal. Es verdad que ahora está saliendo al sol, que apetece mucho más estar en la calle, pero aunque sea muy duro tenemos que estar en casa. Ahora más que nunca. Por eso no veo bien que se haya decretado tan pronto la vuelta al trabajo en los sectores considerados no esenciales". Y apostilla: "Si nos quedamos todos en casa, antes saldremos de esta. Eso es seguro".

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