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Las consecuencias de la pandemia en la provincia gaditana

Coronavirus en Cádiz: Benjamín, el coleccionista de cuarentenas

  • De su residencia familiar de Jerez a un apartamento solitario en Zahara de los Atunes. La pandemia no para de trastocarle la vida a este isleño de 49 años que durante dos semanas tuvo que cuidar de sus dos hijos adolescentes en la casa de su ex mujer tras el contagio de ésta

Cuando la vida se pone caprichosa, no hay quien le siga el ritmo. Y es que mientras unos aguantamos este confinamiento como podemos, recluidos en nuestra casa y deseando poder salir a la calle en cuanto le ganemos esta guerra al coronavirus, hay otros que, por mor del destino, sólo cuentan las horas para todo lo contrario, para volver a su domicilio habitual. Esto último es lo que le sucede a Benjamín Dorado, un isleño que dentro de dos meses cumplirá 50 años de edad y que en los últimos 17 días ha pasado de estar recluido en la vivienda que comparte con su esposa en Jerez a tener que cuidar de sus hijos adolescentes en la casa de su ex mujer en San Fernando y, ahora, una vez superada esa misión, a pasar una nueva cuarentena viviendo aislado en un apartamento de Zahara de los Atunes. "Está siendo una locura y vamos solucionando las cosas poco a poco, conforme van surgiendo. Pero hasta ahora estamos todos bien, que es lo más importante", relata con el optimismo que le caracteriza.

El terremoto que zarandeó la vida de Benjamín, y que está ahora teniendo sus réplicas, tuvo lugar el domingo 22 de marzo. Ese día él cumplía ya una semana confinado en la vivienda de Jerez que comparte con quien es su mujer desde hace dos años. Ella es enfermera y compatibiliza su labor diaria entre la sanidad pública (en Sevilla) y la privada (en Jerez). Él ese domingo estaba haciendo cuentas y dándole vueltas a la cabeza pensando en un nuevo proyecto profesional que quería emprender y que estaría vinculado a su sector preferido, el turístico. Pero todas esas cábalas saltaron por los aires cuando sonó el teléfono. La llamada venía desde San Fernando.

Su ex mujer, de la que se divorció hace ahora 12 años y que tiene la custodia de sus hijos adolescentes, le confirmaba a Benjamín que no se encontraba bien. Vómitos continuos, fiebre alta y, lo peor, una creciente dificultad respiratoria le hacían pensar que podía estar enferma de coronavirus. Además, otras dos compañeras con las que solía compartir coche para acudir a su puesto de trabajo como empleada en una cadena comercial de renombre ya habían dado positivo. Así que ella se iba para el hospital pero alguien se tenía que hacer cargo de los hijos de ambos: una chica de 16 años y un chico de 14. Y esa decisión había que tomarla teniendo en cuenta que las posibilidades de que ambos adolescentes hubieran sido contagiados por su madre eran evidentemente muy altas.

"Barajamos muchas opciones posibles pero las fuimos descartando todas. No podían irse con mi ex suegra, porque tiene 75 años, sufre una diabetes severa y es persona de riesgo; tampoco podían quedarse con el hermano de mi ex, porque fue quien la llevó en el coche al hospital Puerta del Mar de Cádiz y podía haberse contagiado en el trayecto; y traérmelos a mi casa de Jerez tampoco era recomendable por la profesión de mi actual esposa, que además trata en la UCI a enfermos del COVID-19. Así que no quedaba otra: me tenía que ir yo a La Isla a cuidar de ellos, que para ello soy su padre". Y su mujer aceptó su decisión "aunque también era un trastorno para ella porque en cierto modo yo le servía de apoyo sobre todo cuando volvía de trabajar del hospital y aplicábamos nuestro propio protocolo para evitar el contagio", explica.

A las pocas horas de aquella llamada Benjamín ya estaba en San Fernando en la misma casa que abandonó 12 años atrás, cuando se separó de su primera mujer. Pero no tuvo ningún choque emocional, explica. "No, no, para nada. Ya ha pasado mucho tiempo y está todo superado. Hombre, choca un poco cocinar en tu ex cocina, sentarte en tu ex sofá, dormir en tu ex cama y lavar la ropa de tu ex mujer, pero tenía claro que lo importante era que mis hijos no cayeran enfermos, sobre todo la mayor, que es asmática".

Así las cosas la primera tarea era lavarlo todo muy bien, utilizando para ello la solución desinfectante recomendada. Ese lunes 23, el mismo día en el que desde el Puerta del Mar confirmaban que su ex había dado positivo por coronavirus, Benjamín se puso manos a la obra. "He tenido complejo de asistenta de hogar que trabaja interna. Primero tocó desinfectarlo todo, la ropa, los muebles, hasta los cubiertos y los utensilios de cocina los tuve que limpiar a conciencia uno por uno", relata.

En todo momento, además, estuvo lo más alejado posible de sus hijos. "Esas fueron las recomendaciones que nos dieron, así que ellos se quedaron en una mitad de la casa y yo en la otra. Comíamos separados, usábamos cuartos de baño diferentes y en todo momento cada uno llevaba su propia mascarilla". "Tan acostumbrado estaba a la mascarilla que un día que estaba cocinando una carrillada quise probar cómo estaba la salsa y al intentar meterme la cuchara en la boca manché toda la mascarilla", narra entre carcajadas.

Fueron 13 días en los que Benjamín tuvo tiempo de limpiar, de cocinar, de hacer algo de repostería y de asumir algunos trabajos de mantenimiento que necesitaba la casa. Incluso, entre tanta limpieza se topó con alguna alegría, como el reencuentro con algunos objetos personales que había dado por perdidos después de tantos años.

De estos 13 días confinado junto a sus hijos en casa de su ex mujer, Benjamín Dorado sólo guarda palabras de agradecimiento para el personal sanitario que ha estado pendiente de él y de sus hijos. "Me llamó el pediatra de mi hijo para ver cómo estaba, me llamaron también desde el departamento de Virología para darnos pautas a seguir para evitar los contagios, y los internistas del Puerta del Mar siempre nos tuvieron informados de cómo evolucionaba mi ex mujer, que siempre estuvo en planta y que fue mejorando de la neumonía que sufría pero de manera muy lenta".

Pero de lo que más orgulloso se siente Benjamín es de sus hijos. "La verdad es que se han mostrado en todo momento muy responsables. Es verdad que son adolescentes, que está cada uno en su mundo, pero no han generado ningún estrés añadido, se han mostrado colaboradores en las tareas de limpieza que había que hacer en la parte de la casa en la que ellos estaban y en definitiva han hecho que todo sea más fácil". Ninguno de ellos, por cierto, cayó enfermo. "Si han pasado el coronavirus, no nos hemos enterado", sentencia su padre.

El regreso de su ex mujer a casa se produjo el viernes 3 de abril. También entonces hubo que mantener cierto margen de seguridad pero el recibimiento vino acompañado de un aplauso emotivo. En todo momento Benjamín habla con respeto de su ex mujer, con quien dice que mantiene una relación muy cordial, al igual que sucede con sus hijos. "No me puedo ni imaginar lo que puede pasar una persona que en una situación así se lleve fatal con su ex. Tendría que ser terrible", reflexiona.

Entre que su ex regresó a su casa de San Fernando y Benjamín recogió sus bártulos para salir de aquella vivienda apenas transcurrieron unos 10 minutos. Entonces ya sabía que no podía volver a su casa de Jerez. "Mi mujer y yo ya habíamos hablado y habíamos llegado a la conclusión de que lo más razonable para los dos era que yo estuviera un tiempo aislado, que estuviera solo los 14 días de rigor para ratificar que no me había contagiado".

Y allí llegó otro dilema "porque mi madre tiene también 75 años y no era plan de meterme en su casa, porque mi hermano acaba de tener hace poco un niño pequeño y tampoco podía entrar allí..." Así que la solución estaba en un pequeño apartamento de verano que su hermano tiene en Zahara de los Atunes. Pero, claro, había que ir de San Fernando a Zahara en pleno estado de alarma y, además, haciendo una parada previa en Chiclana para recoger allí las llaves del apartamento. Se presumía un trayecto complicado y más aún cuando al bajar de la casa de su ex se encontró con que la batería de su coche se había agotado tras tanto tiempo tiempo parado. Tuvo que esperar para que uno de los pocos coches que circulan estos días por las calles se detuviera para ayudarle a arrancarlo mediante el procedimiento de las pinzas.

A partir de ahí su primera parada fue la Jefatura de la Policía Local de San Fernando, donde pidió, y al final logró, que le expidieran un documento que sirviera de una especie de salvoconducto para circular por las carreteras. "La cara del policía era un poema cuando yo intentaba explicarle que era de Jerez, que tenía que ir a Zahara y que venía de cuidar a mis hijos dos semanas en casa de mi ex", subraya un Benjamín Dorado que toda la vida ha sido de hablar mucho y, además, muy rápido.

La misma historia tuvo que contarle al guardia civil que lo paró en una rotonda de acceso a Chiclana y que lo trató, dice, como si fuera un apestado. Y esa misma historia la tuvo que repetir poco después, tras hacerse con las llaves del apartamento, con otro guardia civil que lo interceptó en una rotonda de salida de la localidad chiclanera y que, aclara, sí le trató con la educación debida.

Y desde ahí, ninguna interrupción más hasta llegar a Zahara de los Atunes o, como él mismo dice, Chernobyl de los Atunes "porque aquí no se ve un alma por la calle, con lo que es esto en verano".

Desde este paraje barbateño, y en un bloque de apartamentos en el que él es el único vecino, Benjamín dedica el tiempo a leer, a escuchar música, a ver algo la televisión y a contemplar desde su ventana las vueltas y vueltas que da un caballo en el cercado de enfrente. Y sigue restando horas para que, si todo sigue yendo bien, el próximo viernes 17 de abril emprenda el camino de vuelta a Jerez para reencontrarse con su esposa. Será el regreso a casa casi un mes después de de este coleccionista de cuarentenas.

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