Manuel Vázquez. Presidente de Asaja Cádiz

"El consumidor, por su bien, debe demandar productos locales"

  • El campo, con el hacha de guerra enterrada, alaba la sintonía entre la Consejería y el Ministerio Coloca la competencia desleal como gran problema del sector

-Todo el mundo protesta y los agricultores, siempre tan reivindicativos, están calladitos.

-Bastante crispación hay como para añadir leña al fuego.

-Se llevan bien con la Junta y con el Gobierno. Milagroso .

-Es que la Consejería con Luis Planas ha mejorado a nivel político y técnico. Y Miguel Arias es un hombre eficaz, sabe el terreno que pisa.

-Una garantía de cara a la negociación de la reforma de la Política Agraria Común (PAC).

-Hay que dar batalla en Europa y que ambos vayan de la mano, siendo de distintos colores políticos, tranquiliza.

-¿Qué podemos perder y ganar en esa negociación?

-Esta reforma es innecesaria. Cada comisario que pasa por Bruselas quiere tener su propia PAC y cambia las reglas a mitad del juego. Añade un problema que no existe a una crisis institucional y financiera. Con retoques, la actual PAC podría llegar hasta el 2020. Una reforma nos desconcierta y obliga a rediseñar las inversiones.

-El agricultor de aquí carga con el sambenito de inmovilista.

-Pues es incierto. Aquí hay una agricultura empresarial e innovadora con profesionales muy pendientes de las nuevas tendencias y la tecnología. Así ha sido históricamente. Aquí estaba el mayor complejo remolachero industrial del sur de Europa. Fuimos pioneros.

-Queda poco de aquello.

-Pero no por culpa de los agricultores. La remolacha no es el único ejemplo. Está la ganadería extensiva con sus cruces industriales que conviven con el retinto tradicional o una cabaña de caprino que ha logrado quesos de fama mundial...

-La modernización cuesta dinero y necesita ayuda pública. No parece el mejor momento.

-Parte del trabajo está hecho. Hemos sido la avanzadilla y ahora estamos en una fase de consolidación de esas inversiones. Un ejemplo ha sido la modernizaciónde la zona regable del Guadalcacín, que ha permitido aplicar tecnología puntera en los cultivos.

-¿Han conseguido frenar el envejecimiento del sector?

-Este es un trabajo muy vocacional con rendimientos económicos modestos, lo que no lo hacía atractivo para los jóvenes. Ahora sí hay jóvenes ligados a empresas familiares que siguen la estela generacional.

-Los jóvenes, precisamente, trabajan mucho el agroturismo.

-No hay que confundir agroturismo con turismo rural. El agroturismo supone interaccionar con la naturaleza y existe una importante demanda. Hablo de, por ejemplo, tentaderos de ganado de vacas bravas, ordeñar, destetar a los terneros... Es una gran enseñanza para los niños, que piensan que la leche sale del tetrabrik o que los fideos crecen en los árboles.

-Pero chocan con la burocracia.

-Es inconcebible que para poder crear una empresa de estas características haya que sumarse al régimen general y no al agrario. Para organizar un cortijo que pueda ser visitado hay que superar un montón de trabas administrativas cuando el agroturismo es una excelente fórmula de fijar población al territorio. En vez de tantas leyes hagan caso al dicho de que mucho ayuda el que poco estorba.

-El PER pretendía eso, fijar población al terreno.

-El PER ayuda a que las familias subsistan en el entorno rural cuando no hay faena en el campo. La actividad en el sector tiene sus peculiaridades, hay jornales cuando hay faena, pero no siempre hay faena. Por eso aplaudo la rebaja en el número de jornales para acceder a los ingresos. Era difícil alcanzar los mínimos.

-¿Reconoce que hay picaresca?

-Un empleador que tiene a veinte trabajadores intenta distribuir jornales para que todos lleguen a final de mes. Al empleador le interesa que sus trabajadores no emigren.

-Como cuando, por el ladrillo, no tenían gente para las cuadrillas y recurrieron a los extranjeros.

-Las cosas han cambiado y lo lógico es emplear a jornaleros de nuestra zona, pero sin olvidar a los extranjeros que nos han salvado campañas y se han asentado. No tienen por qué perder su trabajo.

-¿Se avanza en comercialización en origen?

-Dar el paso comercial está calando en cooperativas de la Sierra y La Janda, pero se tarda en ver los frutos. Detrás de un queso de reconocido prestigio hay una trayectoria de mucho tiempo. Muchos lo intentan, pero no todos llegan. El valor adicional en un producto, lo que te permite llegar a las redes comerciales, está en la exclusividad. Si todos hacen lo mismo, se pierde el valor añadido. No es tan sencillo.

-Como con la leche, controlada por las grandes distribuidoras.

-El sector lácteo en la provincia está en una situación crítica. Siendo deficitarios en leche, y con apoyo del anterior Gobierno, se vendió la mayor industria láctea a capital francés. Ahora nos bebemos la leche de otros. Si no hay industria láctea española el primer perdedor es el consumidor español. Los ganaderos lácteos de la provincia que sobrevivien venden a rendimientos de subsistencia.

-La fruta y la hortaliza, por su parte, compiten con Marruecos.

-Es cierto y el consumidor local es el primero que debe hacer el esfuerzo por identificar el producto de su tierra. Hay una competencia desleal con mercancía que se produce fuera a menor coste y sin la seguridad que se produce aquí. Por su propio bien, el consumidor debe demandar productos de nuestras comarcas productivas. Y aquí tenemos de todo. La provincia, menos tabaco, puede ofrecer cualquier cosa. Nuestra diversidad es enorme.

-Alguna gran superficie se publicita diciendo que vende productos de la comarca.

-Sería un buen camino si lo hicieran todas, pero no está generalizado. Es eso, estrategia publicitaria. Es en los mercados de abastos donde está la producción propia.

-Apela a la conciencia social del consumidor. ¿Cómo anda de conciencia social el agricultor?

-Tenemos un compromiso social. De aquí a 2050 la población mundial crecerá un tercio y la tierra cultivable es la que es. ¿Cómo se alimentará esa población? Hay que detener las desforestaciones y producir de manera sostenible. La comunidad científica tiene mucho que decir en esto y el empresario agrícola la obligación de estar al tanto de estos avances. Es es el reto de futuro de los camperos.

-A riesgo de crear una polémica como la de los transgénicos.

-Más del 90% de la soja americana es transgénica, por lo que aquí no podemos competir por una simple cuestión de costes. Así, acabamos comprando soja americana transgénica porque aquí no podemos producirla. Pónganse de acuerdo los científicos y hágase un pacto global, pero jugando todos con las mismas reglas.

-La especulación con materias primas ya ha provocado hambrunas. La codicia amenaza el futuro.

-Comprar más barato y vender más caro es legal, pero llevado a los extremos es tremendo. Si ya hablamos de especuladores que hacen acopio a gran escala para provocar escasez, estamos hablando de canallas. Eso sólo lo pueden evitar organismos internacionales con más contundencia legislativa.

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