Provincia de Cádiz

"¡Aquí no, esta no es tu casa!"

  • El grito de un amigo de la familia de Samuel despide en el cementerio de Barbate al niño que murió cuando cruzaba el Estrecho en una patera

Aimé Kabamba porta el féretro de su hijo Samuel junto con su hermano mayor, Pierre, y un amigo de la familia que les acompañó en la entrada a la parroquia.

Aimé Kabamba porta el féretro de su hijo Samuel junto con su hermano mayor, Pierre, y un amigo de la familia que les acompañó en la entrada a la parroquia. / maNUEL ARAGÓN PINA

El momento más emotivo del último adiós que ayer le dispensaron al pequeño Samuel sus familiares y vecinos de Barbate se produjo cuando con el féretro iba a recibir el empujón final para ser introducido en el nicho 1.063 del cementerio. Un amigo de la familia, Fernando, con lágrimas en los ojos, gritó desconsolado: "¡Samuel, aquí no, esta no es tu casa!". El lamento contagió al padre de Samuel, Aimé Kabamba, que hasta entonces había aguantado cada uno de los duros momentos que se vivieron en esta localidad jandeña.

Este pastor congoleño, con la rodilla en el suelo, lloraba desconsolado junto a su hermano Pierre y ante el pequeño féretro de color blanco al que no le faltarán flores, como han dicho muchos vecinos contagiados por el sentir de esta familia que ha perdido a dos de sus componentes, Verónica Nzazi y Samuel Kabamba, de tan solo seis años de edad.

La familia de Samuel se vio arropada en el dolor en el cementerio y también en la parroquia de San Paulino, donde decenas de vecinos de Barbate sintieron como algo cercano esta pérdida. Escucharon con atención las plegarias y los textos de la Biblia, así como las palabras de Pierre, que en francés relató toda la odisea que su cuñada y su sobrino vivieron para intentar alcanzar las costas de Europa, a las que no llegaron al ser tragados por la mar.

Auxiliado de un traductor, Pierre fue narrando que Verónica padecía una enfermedad de la que había sido tratada en su país, donde fue obligada a trasladarse a otro sitio para buscar un remedio a esa enfermedad, un cáncer para el que no había más solución en la República Democrática del Congo.

Así, intentó lograr sin éxito el visado para salir del país para ser curada de su dolencia, de la que llevaba mucho tiempo enferma. En Marruecos fue imposible conseguir un traslado y tuvo que buscar por otro lado. Según el relato ofrecido por Pierre, la única vez que esta mujer podía haber conseguido algo fue al decidir atravesar el mar, pero "desgraciadamente todos sabemos el resultado, y es que tanto a ella como a su hijo, el mar se los tragó, y tanto Verónica como su hijo Samuel sucumbieron".

También emotiva, testimonial y reivindicativa fue la homilía del director del Secretariado de Migraciones del Obispado de Cádiz y Ceuta, Gabriel Delgado, quien tomó la palabra para decir que "estamos ante una gran tragedia que ha sacudido nuestra conciencia y la de toda la sociedad". Delgado destacó que "la muerte de Samuel se ha convertido en un símbolo de lo que está ocurriendo en muchas partes del mundo con niños, niñas y jóvenes migrantes".

"Samuel", continuó, "dejó enterrados sus sueños junto a su madre Verónica en el mar que separa las dos orillas, pero junto a Samuel hay miles de personas migrantes que también enterraron su sueño en este mar y en el Mediterráneo".

En un tono más reivindicativo, el director del Secretariado de Migraciones, dijo que había que denunciar que "en los últimos flujos de migrantes refugiados que intentan acceder a Europa, de todos los miles de migrantes que han muerto, un tercio de ellos son menores, niños y jóvenes". "En los campos de refugiados, esperando entrar en Europa, hay miles de niños refugiados".

Basándose en los datos aportados hace unos meses por la Interpol, Gabriel Delgado manifestó a los presentes, en una iglesia abarrotada de fieles, que "no se sabe dónde están más de diez mil niños migrantes que han intentado llegar a Europa", una situación que está afectando de una manera "muy dolorosa a los niños y menores migrantes". Todo esto, dijo tomando unas palabras del papa Francisco, es "una gran vergüenza, la mayor vergüenza del mundo".

Antes del inicio del acto religioso protagonizado por miembros de las comunidades católica y evangélica, habló el alcalde de Barbate, el andalucista, Miguel Molina. Como representante del municipio y como ciudadano barbateño, quiso acompañar a esta familia en su pesar en esos momentos de duelo. "Es intención del Ayuntamiento", anunció, "preparar una especie de busto o monumento en memoria de todos los menores que fallecen en nuestras costas, para que no se pierda el recuerdo de Samuel y mantener esa llama viva del lugar en el que va a ser enterrado y mantener esa lucha constante y reivindicativa, para que de una forma profunda y determinante se ponga fin y se evite que esta tragedia se siga manteniendo a lo largo del tiempo".

El cadáver de Samuel iba a ser enterrado en uno de los nichos altos del nuevo patio del cementerio de Barbate, unas sepulturas a las que son más reacios los vecinos de la población por estar a mucha altura y precisar del uso de unas escaleras para poder acceder al cambio de flores o la limpieza de la lápida. Una vecina, al saber de esta intención, y movida por la pena que supone perder a un familiar, decidió adquirir uno de los nichos de la primera hilera dotado del número 1.063, y que está valorado en unos 1.600 euros. Ahí quedarán los restos del pequeño Samuel, que no es el único migrante que se encuentra enterrado en este camposanto. Cerca de allí, en los nichos que van del 107 al 115 y del 172 al 178, están enterrados los restos de las personas que perdieron la vida en el naufragio de una patera ocurrido en octubre de 2002.

Solo una fecha, con el día de su entierro, deja constancia de esa tragedia que dejó 16 cadáveres que fueron apareciendo entre el 9 de octubre y el 7 de noviembre de 2002. En otros patios, otros nichos albergan a otros tantos marroquíes fallecidos localizados el 22 de febrero de 2001, el 14 de diciembre del 2000 y el 13 de agosto del 2000. Muy cerca de la puerta principal del cementerio barbateño hay una fosa común con restos de otros tantos migrantes que perdieron su vida en la mar. En la lápida aparece la leyenda: "En memoria por las víctimas del Estrecho". Fue colocada en los años 90 del siglo pasado.

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