Provincia de Cádiz

Volver a sonreír

  • Del campo de refugiados de Idomeni a España Osman, el niño afgano con parálisis cerebral, su familia, voluntarios de Bomberos en Acción y de 'Help es help' ponen voz a la crisis humanitaria

Más de 5.000 kilómetros. La mayor parte andando, algo en coche y hasta tres horas naufragando en el mar. Salieron de Kandahar, en Afganistán, camino del campo de refugiados de Idomeni. Ata y su mujer Palwasha cerraron la puerta de su casa con sus tres hijos en busca de una vida mejor, huyendo de la miseria, del miedo, de la muerte. Jamil, de nueve años, y Monir, de ocho, gastaron sus zapatos siendo testigos a tan corta edad de lo horrible que puede ser el hombre. Osman, con siete años, no tocó el suelo. No puede. Su padre lo llevó en brazos desde la puerta de su casa hasta el campo de refugiados debido a su parálisis cerebral.

Voluntarios de 'Help es help' y la ONG Bomberos en Acción descubrieron que en una tienda de campaña para cuatro personas malvivía una familia de cinco, entre ellos, un niño con graves problemas de salud. Apenas llegaba a los diez kilos, no miraba, no atendía, no reía, apenas se alimentaba. "Todo empezó con una crisis epiléptica. Cuando el equipo médico lo trató hablamos con ellos para mejorarles las condiciones mínimas que se podían tener en Idomeni, que era pasar de una tienda de cuatro personas a una un poco más grande, y a tener un palé y no estar sobre la humedad del barro. Entonces fue cuando Javier y Óscar, que son médicos, nos dijeron que lo único que se podía hacer con este crío era sacarlo de ahí", relata Juan Manuel Flores, uno de los bomberos que promovió la campaña que permitió que Osman y su familia vinieran a España.

Todo comenzó por las redes sociales, "y de repente, llegó un equipo de prensa a grabarnos. Se había iniciado todo", recuerda Flores. Se entregaron más de 150.000 firmas en la Secretaría General de Inmigración pidiendo que Osman saliera del infierno, y el Gobierno, ante la difusión del caso, aceleró el trámite para el viaje. "Nos movilizamos porque era una familia que se quedaba sin tiempo. Después de todo lo vivido en su país, en el viaje tan duro desde Afganistán hasta Idomeni, ver la calidad de vida que Osman tenía allí era lamentable. Veías que el tiempo se le acababa a ese niño", declara Ernesto Almagro, de Bomberos en Acción. "Fue un momento determinante, una consecución de casualidades, tanto políticas como mediáticas, con la que se consiguió traerlo a España. Fueron unas circunstancias totalmente excepcionales, imagínate, un grupo de voluntarios consiguió que esta familia viniera a nuestro país. No son maneras de hacerlo. No tiene nada que ver con la recogida real de refugiados que debería producirse en España y que todavía no se ha hecho", añade Almagro.

Osman es uno de los muchos niños que necesitan ayuda en los campos de refugiados. 'Help es help' tiene un censo de 42 casos, la mayor parte menores, que al igual que Osman son personas 'vulnerables'. Marina Ojedo, jerezana y parte de esta plataforma, remarca que el pasado mes de junio entregaron al Gobierno un dosier con 22 casos extremos documentados para que tengan la misma suerte que la familia de Osman. "Nuestra organización se encarga de localizar los casos, intentar darles una atención mínima en el momento y derivarlos a organizaciones que le puedan ayudar más. Pero sobre todo recogemos toda la información para hacer los informes. Reunimos todos los documentos de cada caso, que va desde lo que ellos aporten de temas médicos, los que aportamos nosotros con un nuevo informe médico y ya los documentos personales que tengan, desde las cartillas de registro que les están haciendo ahora en todos los campos, sus identificaciones, sus pasaportes, los pocos pasaportes... Recoger todo, prepararlo todo y poder enviarlo todo mascado para que sólo sea firmar y venir", cuenta Ojedo.

Todos, incluso el propio Ata, lo repiten una y otra vez. Osman es uno de los muchos niños. "Quizás la familia Osman tapó las vergüenzas de Idomeni, las cargas policiales... Pero como Osman tenemos casos documentados a cascoporro", remarca Flores. A lo que añade Marina: "Trabajamos allí con un niño con una enfermedad degenerativa y uno de sus hermanos tiene un problema de retraso de crecimiento. Tienen unas necesidades muy importantes y allí el deterioro de salud va a pasos agigantados".

Estos voluntarios ahora están en España, pero sus almas siguen en los campos de refugiados. Así lo reconoce el propio Almagro, quien subraya que "cuando conocí a Osman era la primera vez que iba a un campo. Me quedé impresionado con tanta miseria, la necesidad que había, la situación tan precaria en la que vivían. Allí no estaban refugiados realmente, esa palabra no existía para ellos, porque no tenían refugio. Sólo tenían grupos de cooperantes, grupos de pequeñas organizaciones y era lo único con lo que contaban. Ahora sí son refugiados, los que están allí siguen sin refugio". "Creo que aún no he vuelto. Me ha costado trabajo rehacerme y sé que tengo que volver porque es algo que no puedo dejar de hacer. Tú vas, haces una pequeñísima labor, una pequeña cobertura y te vuelves. Te rompes. Y allí se quedan ellos, con su necesidad y sin saber dónde van a acabar", lamenta el voluntario.

Hoy Osman sonríe, ha ganado peso y su padre ya sólo lo tiene que coger en brazos para calmar su nervio, no para cruzar países. Este fin de semana han estado en Jerez -residen actualmente en el Centro de Acogida de Refugiados de Mislata (Valencia)- para recibir un reconocimiento de Upacesur, con el que la entidad jerezana ha querido visibilizar las situaciones de injusticia que viven muchas personas con discapacidad en situaciones extremas. Este fin de semana Osman y su familia han sido rostro y voz de la esperanza. En los Museos de la Atalaya los otros pequeños de la familia corretean de un lado para otro preguntando "¿de qué equipo de fútbol eres? Yo soy del Real Madrid porque Cristiano Ronaldo corre más que un Ferrari". Eso deben preguntarse los niños.

Mientras que todos se acercan a la silla adaptada de Osman para acariciarle, su padre abre la cartera y muestra como si fuera una reliquia pequeños papeles con direcciones borradas por las tres horas que pasaron solos en el agua, con Osman en los brazos para que no se ahogara. Chapurreando algo de castellano, aunque hablaba más con la mirada, Ata repite: "Español muy muy muy bien. Todo español muchas gracias, y los bomberos -se toca el corazón- . Yo a mis hijos les hablo del trabajo de los bomberos, ellos quieren ser bomberos".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios