Provincia de Cádiz

Suspendida de nuevo la vista de un caso de narcotráfico de 2008

La Sección Tercera de la Audiencia ha suspendido de nuevo el juicio señalado para siete jornadas que iba a comenzar ayer y que sentará en el banquillo a 14 acusados de vender cocaína en diferentes poblaciones de la provincia de Cádiz. La vista oral ya fue suspendida el pasado septiembre porque un abogado planteó que debía intervenir en otro juicio. Ahora, ha sido el mismo motivo el que ha deparado el aplazamiento.

Los hechos se remontan a 2008, cuando una operación policial desarrollada en la pedanía jerezana de Guadalcacín, en Algeciras, en La Línea y en Chiclana capturó tres

kilos de cocaína. La droga fue hallada en un automóvil que había sido seguido desde Guadalcacín por la Policía y que fue interceptado en la calle Sorolla, en el barrio La Laguna de la capital gaditana.

La cocaína estaba en un habitáculo, tras una trampilla que se activaba con un dispositivo automático electrónico. Según el relato del fiscal, esa droga fue recogida en el domicilio del matrimonio formado por los procesados A.S.R. y F.F.R., que se dedicaban a vender cocaína a otras personas y procesados, entre ellos a P.H.G., quien conducía el vehículo que transportaba ocultos los tres kilos de esa sustancia. Allí había 17 cilindros que contenían 3.109 gramos de cocaína con una pureza del 71,1%.

Otro de los procesados en este procedimiento es L.S.F., a quien el fiscal ubica junto con su esposa, A.I.M., y su cuñada B.I.M., ambas también acusadas, como grupo dedicado a distribuir cocaína en Chiclana y en el Campo de Gibraltar.

El escrito de acusación provisional de la Fiscalía explica que el grupo facilitaba cocaína a F.U.U., también procesado, quien regentaba un bar en el paseo marítimo de La Barrosa.

F.U. vendía a una serie de consumidores, afirma el fiscal, que contactaban con él por teléfono y que después acudían a la puerta trasera del bar, donde se producía el intercambio de dinero y cocaína.

En el verano de 2008, los investigadores tenían pinchados los teléfonos de varios procesados. Los agentes podían de ese modo controlar los movimientos de los investigados pese al lenguaje pretendidamente críptico que usaban para hablar entre ellos.

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