Provincia de Cádiz

Semillas de otoño

  • Un grupo de agricultores pioneros intenta en Andalucía modificar el ciclo del girasol en una experiencia revolucionaria que cautiva a los brokers

"Un incremento en la rentabilidad del campo permite inversión en tecnología, abre posibilidades a nuevos cultivos, rejuvenece la población de agricultores, el pueblo deja de ser un lugar hostil, el medio rural se convierte en una alternativa, se pone freno a la despoblación..." Manuel Falcón es una eminencia mundial en el cultivo de oleaginosas y sueña despierto ante un pedregal en el que nace, solitario, un girasol adolescente, un tallo verde y robusto. Falcón lo indica: "Ahora está decidiendo lo que quiere ser de mayor", dice, otorgándole una dimensión humana. La pasión de Falcón por el girasol es colosal. "Una planta plástica, mística, mitiológica".

Falcón es de Carmona. En su célebre parador, desde cuya balconada se extiende una campiña que en primavera es una inmensa pintura impresionista de paisajes herbáceos, se alojan grupos de japoneses que por la noches se mezclan entre los cultivos de girasol a realizar ritos. Falcón sabe muchas más historias. Ha viajado por todos los lugares del mundo donde el girasol significa algo y conoce la compleja burocracia rusa heredada del comunismo, la perseverancia de los propietarios de las plantaciones de Anatolia o el interés científico del agricultor argentino, siempre a la busca de inputs más altos. "Todo lo aprendes de la gente del campo: mi trabajo es interpretar la experiencia del agricultor y adaptar ese conocimiento a un método científico".

Formado primero en el algodón, cuyo comportamiento lo convierte -según Falcón- en el padre de todos los cultivos, se sumergió en el girasol y se dejó arrastrar por su carga legendaria, por su "heliotropismo positivo" y su respuesta a la luz azul que empuja a sus células motoras a hipnotizar el botón floral de la planta con los movimientos del sol. Lo recita como un poema. Quizá fuera por ello que cuando la gran multinacional semillera DuPont Pioneer, líder del inmenso mercado del maíz en América, pensó que era el momento de apostar a girasol se dirigió a Falcón, hasta entonces en Syngenta Seeds.

Y los resultados, tras unas transformaciones genéticas, están en este mismo momento lanzándose sobre las 50 hectáreas que el agricultor Pedro Gallardo, propietario de la finca El Carvajal, en Puerto Real, ha entregado a un experimento. Están sembrando girasol en noviembre, un desafío al ciclo tradicional del cultivo, con semillas que pueden aguantar hasta los seis grados bajo cero. Falcón no cree, sabe, que va a dar resultados. "Si conseguimos adelantar el ciclo, podremos llegar antes a los mercados y lograr mejores precios". Dos decenas de girasoleros andaluces han aceptado la propuesta de Pioneer: se siembra en otoño y, si en enero no están satisfechos, tendrán semillas nuevas y gratis para sembrar en el ciclo tradicional. Así dicho, puede parecer cualquier cosa, pero es revolucionario.

Gallardo, de 39 años, ya había adelantado en anteriores campañas la cosecha. Recuerda que su abuelo ya lo hizo con la remolacha a finales de los 60 y entre él y unos pocos más modificaron el ciclo y transformaron la comarca de Jerez atrayendo a industrias. Se convirtieron en el centro neurálgico de la producción de azúcar en Andalucía. Dijo su abuelo, recrea Gallardo, a los vendedores de semillas: "¿Por qué hay que sembrar en la menguante de febrero y no en la creciente? ¿En qué influye la luna para la nascencia del cultivo?" La respuesta es en nada. La remolacha es a día de hoy un cultivo de siembra prácticamente del cien por cien otoñal.¿Por qué no hacerlo con el girasol?

El momento del girasol es el idóneo. La Agenda 2000 envió al girasol al ostracismo, pero ahora la PAC arropa al cultivo justo cuando la soja ha entrado en barrena. Todo empezó en 2008, cuando los importadores indios no quisieron ni una tonelada de soja, al haber sido gravada con un arancel del 20% para proteger alternativas autóctonas, lo que coincidió con una serie de malas campañas en Estados Unidos, que pivota sobre esta planta para la producción de sus piensos. Hablamos de cultivos, pero al final la política agraria la marcan los precios urbanos de los mercados de valores de bolsas como Chicago. Ahí es donde el aceite vegetal de girasol se ha revalorizado y donde Pioneer ha decidido entrar con fuerza. Primero fue en la parte asiática de Turquía. Allí, Falcón, como flamante jefe de producto de Pioneer, observó los resultados del girasol de primor, del girasol de otoño. El segundo capítulo es en Andalucía, sobre unas 1.000 hectáreas.

Guillermo, el conductor del tractor que está esparciendo las semillas, está alucinado. "Estos chicos jóvenes son muy buenos", dice con sus grandes manos metidas en los bolsillos del mono azul. "Llevo desde el 74 en esta empresa y los agricutores de ahora no tienen nada que ver con los de entonces, que sembraban como siempre se había sembrado y no se preocupaban de más. Donde antes daban por buenos 800 kilos por hectárea, ahora estas nuevas generaciones consiguen 3.000. Antes existía el mito de que había que sembrar a 70 centímetros, ahora se hace a 50".

Pedro Gallardo escucha a Guillermo complacido. "En el campo tenemos que convencernos de que hay que ser competitivos. No podemos esperar la cosecha y poner la mano para ver lo que nos da el mercado. Hay que marcar diferencias. Yo llevaba tiempo pensando en ser el primero en entregar la cosecha. Un año la adelanté tanto que cuando fui a entregarla la extractora estaba cerrada y la fábrica no me recepcionó. Perdí dinero. Sin embargo, el año pasado la finca Carvajal fue la primera en entregar la cosecha de toda Europa y pudimos vender al mejor precio".

Gallardo es de los que está dispuesto a entrar el primero en la puja y aumentar los márgenes. En el póquer del mercado de alimentos el primero que entra en mesa tiene más posibilidades de ganar. En 2013, Gallardo estaba en la mesa en junio y pudo colocar la tonelada a 450 euros, cuando buena parte de los agricultores europeos aún no había pedido cartas. Cuando se repartió la siguiente mano, el mercado ya sólo pagaba entre 330 y 350 euros. "Al final, deciden tres o cuatro brokers y el barco que te llega de Ucrania o Canadá al puerto de Cádiz. Tienes que decidir rápido. En otra ocasión, estaba en Bruselas y nos llegó la información de un cosechón en Ucrania. Nosotros ya teníamos la mercancía, había que colocarla cuanto antes... antes de que Ucrania sacara su producción al mercado. Contábamos con la mejor arma: información privilegiada. Colocamos a 480 euros y creíamos que íbamos a hacer un estupendo negocio. Una semana después hubo incendios en Ucrania y se perdió buena parte de la cosecha: los que vendieron después lo hicieron a 580. Pese a ello, cuanto antes estás en el mercado, tienes más posibilidades de vender o sostener", razona con alma de jugador.

Sin embargo, Falcón, el científico, ve poco de juego en la apuesta. Sus datos y la lógica le avalan: "La siembra temprana elimina los extremos de las temperaturas o golpes de calor en los estadíos finales de la planta o fase final de maduración, permite incrementar el número de plantas por hectárea porque hay más humedad; en una siembra convencional de finales de marzo dicha competencia entre plantas haría que ninguna planta llegara a una granazón satisfactoria debido al exceso del número de plantas y la poca disponibilidad de humedad en el suelo..."

El solitario girasol adolescente del pedregal parece querer darle la razón. Pequeñas cosas que cambian el entorno. En La Rinconada, en la provincia de Sevilla, se está levantando el mayor centro de experimentación del girasol del mundo. Hablamos de 42 millones de toneladas de producción mundial (Andalucía produce unas 400.000), según pronostica el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, con una previsión de un incremento del 14% en los dos próximos años. En el parqué de Chicago multiplican y se les hacen los ojos chiribitas. En Chicago no saben dónde está La Rinconada, pero sí saben que en el sur de Europa puede estar cambiando la historia de un cultivo, el cultivo que veneran cada año los japoneses a los pies de la balconada del Parador de Carmona.

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