El futuro del sector almadrabero Causas y consecuencias del veto a la comercialización de este túnido

Semáforo rojo para el atún

  • El mundo se enfrenta este mes al mayor veto comercial de la historia para proteger al 'thunnus thynnus' de la pesca ilegal

El atún rojo está en horas críticas. La regulación de la cuota de pesca de los últimos años no ha sido suficiente para frenar la sobreexplotación de este recurso en el Mediterráneo. La Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) se ha encargado desde 1969 de velar por la preservación de todas las especies de túnidos (más de 50, entre ellos el atún rojo) y de mantener el equilibrio entre el stock existente y la explotación pesquera y comercial. La actividad fue sostenible hasta que en la década de los 90 irrumpieron grandes entramados industriales que dispararon las capturas de los cerqueros por medio de sistemas de localización aérea y de engorde de ejemplares. El equilibrio empezó entonces a fracturarse y la ICCAT, el organismo de gestión de esta pesquería, comenzó a establecer cuotas máximas de pesca por países y a fijar medidas punitivas para frenar la actividad ilegal.

Pero el negocio era ya un monstruo imparable y la especie inició una senda de deterioro que ha llevado a reducir el stock actual hasta el 15 ó el 20% de la biomasa virgen (la existente hace medio siglo). Las alarmas se dispararon, estaba en juego la sostenibilidad del thunnus thynnus y para 2010 se acordó una reducción del 40%, lo que rebajó el volumen mundial a 13.500 toneladas y la participación española, a 2.500. Esta drástica disminución ha dejado a las almadrabas gaditanas con sólo 660 toneladas.

Sin embargo, la acción internacional no se ha conformado con este nuevo recorte y la cuestión del atún rojo ha llegado al ámbito político. El Parlamento Europeo ha aprobado la propuesta de Mónaco para que la UE defienda la inclusión de esta especie en la Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres (CITES) y la postura definitiva se tendrá que adoptar en los próximos días en el seno del Consejo Europeo. Ya el año pasado hubo un dictamen en el mismo sentido, pero esta vez el Gobierno comunitario cuenta con el firme respaldo de los comisarios de Medio Ambiente y Pesca, además de la aceptación con condiciones de Francia e Italia, los dos países, junto a Turquía, responsables de la esquilmación de esta pesquería. Según un estudio realizado por el comité científico de la ICCAT en las campañas 2004 y 2005, el mercado mundial movió 61.100 toneladas cuando el máximo permitido eran 32.000. "Es una vergüenza internacional", lamenta el portavoz de Pesca de WWF, Raúl García, que sostiene que estos tres países han llegado a reconocer este flagrante incumplimiento y continuos falseamientos de datos, como que en las granjas conseguían crecimientos del 100% del alevín cuando en realidad se ha demostrado que el engorde máximo es del 12%.

Ante esta situación crítica y dado que el 80% del atún rojo tiene como destino Japón, la prohibición comercial se plantea como la única vía para garantizar la salvación de la especie. El país nipón ya se ha opuesto al veto y ha anunciado que objetará e, incluso, incumplirá el posible acuerdo que salga de la reunión de la CITES que se celebrará entre el 13 y el 25 de marzo en Qatar. Las opciones son, básicamente, tres: su consideración como especie protegida y su incorporación al Anejo I de CITES, lo que implicaría la cancelación total, la mayor de la historia por volumen de demanda; la inclusión en el Anejo II, que supondría una serie de limitaciones; o, finalmente, la absolución.

El estado del sol naciente es, supuestamente, el primer interesado en proteger este especie, base de su gastronomía, pero su inclusión en esta Convención es sine die y cierra las puertas al control de la industria. Por eso, Japón lleva meses granjeándose el apoyo al no de los países asiáticos y ahora hace lo propio en África y América. Previsiblemente, la UE defenderá lo contrario y debe poner en marcha esta misma maquinaria para conseguir el voto favorable necesario de dos tercios, es decir, de al menos 117 de los 175 países integrantes, lo cual parece más difícil cada día que pasa por la presión empresarial y la conjunción de intereses políticos que requiere.

La eventual aprobación del veto supondría que la UE no podrá exportar atún rojo, ni tampoco los barcos japoneses podrían faenar en aguas comunitarias porque, igualmente, al descargarlo en sus puertos se consideraría una importación. La salida entonces para este túnido sería el mercado europeo. Según estudios del sector, el consumo aparente en Europa es de 12.000 toneladas, sobre todo en Italia, Francia y España (que acaparan el 90%), por lo que podría darse salida perfectamente a la cuota permitida actual, que son 7.200 toneladas. Incluso, la demanda podría ser superior porque se ha detectado venta fraudulenta de bonito (o albacora), cotizado a 2 ó 2,40 euros, como atún rojo, cuyo precio medio ronda los 12 euros, lo que significaría un mayor margen. Esta nueva configuración del mercado obligaría a las almadrabas a hacer un esfuerzo de comercialización y marketing, ya que actualmente el 90% de sus capturas va destinado a Japón.

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