Provincia de Cádiz

Ruidos, temblores y "kilos de arena" en las casas del Río

  • La barriada puertorrealeña aguanta estoica las obras pero espera compensaciones

Mediodía de un viernes cualquiera. El parco movimiento vecinal del Río San Pedro contrasta con el fragor de las obras. La máquina prevalece sobre el hombre en la travesía de bloques y chalés colindante con la carretera de acceso a Cádiz. En sólo cinco minutos, quince camiones atraviesan esta avenida en dirección a la rotonda de conexión con la Cabezuela. El tráfico pesado es constante, tanto el procedente de las obras del segundo puente o de la fábrica de Alestis como el ocasionado por éstas, ya que esta vía interior del Río San Pedro se ha convertido provisionalmente en la carretera de entrada al muelle.

La construcción del segundo puente comenzó en 2006. Ya va por el tercer año y ahora se ha sumado la edificación de la planta aeronáutica y próximamente llegará la introducción del ramal ferroviario de La Cabezuela. Es decir, quedan por delante al menos dos años de movimiento, ruido, temblores y arena, “mucha arena constantemente, kilos en los días de Levante” en las azoteas de las viviendas y tupidas capas de polvo en el interior de las casas. Habría que analizar el aumento del consumo de bayetas, escobas y productos de limpieza en la barriada. “Así estamos todo el día”, espeta una vecina mientras enjabona el escaparate de su establecimiento de administración de fincas.

Manuel Jaén, portavoz del Foro Ciudadano por el Río San Pedro, dice que lo peor son los pitidos de las máquinas por la noche, la suciedad, los temblores del suelo y, además, han cambiado una pantalla verde que les separaba de la carretera y unas vistas a las marismas por un telón de hierros, tierra y hormigón. Estos perjuicios afectan directamente a la primera línea de la urbanización, pero toda la zona se ve alterada por la constante modificación de los accesos a la barriada. Pese al evidente impacto ambiental y visual, Manuel, como otros vecinos, hacen esta crítica desde la comprensión. “Si es para mejor, se soporta”, apostilla Francisca Begillo. Aguantan estoicos pero alerta porque, según Jaén, confían en recibir una serie de compensaciones al término de las obras, como una pantalla completa de insonorización que proteja al vecindario del estruendo del tráfico y una buena urbanización y mantenimiento de los bajos del puente para evitar que se convierta, como suele ocurrir, en una zona de acumulación de desperdicios.

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