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Mayoristas de la gestión cultural

  • La empresa de Fernando Piñeiro ofrece productos y servicios orientados al acceso de la sociedad al mundo del arte · "La cultura es el gran valor de un territorio, ya que es muy complicado deslocalizarla"

El acceso a la cultura es un derecho universal. Cualquiera debe poder acceder a ella. Pero de la teoría a la práctica hay un gran trecho. ¿Quién paga la cultura? ¿Es que las empresas que la gestionan viven sólo de los aplausos? Fernando Piñeiro, un coruñés de 34 años afincado en Cádiz, se enfrenta a este dilema: vincular su vocación de servicio público a la supervivencia de su empresa, recién creada, "Comunicación y Proyectos Culturales Integrales, S.L.". Con su impulso, y el de otros cuatro socios, más su experiencia de 10 años en gestión cultural, están instalados en un módulo del Ayuntamiento de Cádiz (IFEF) de la calle Isabel la Católica, donde se ha creado un centro de empresas de corte cultural.

"La cultura es el gran valor de un territorio, ya que es muy complicada de deslocalizar. Las grandes empresas internacionales se llevan sus fabricas al Tercer Mundo para obtener beneficios de una manera legal, no moral, reduciendo costes, pero no se puede deslocalizar la cultura de un territorio ni de sus habitantes", explica Fernando. Y ahí es donde entra su papel como empresario y mediador, tratando de convertir una parte de los recursos de la sociedad en valor cultural.

El catálogo de productos y servicios de esta empresa es muy amplio: producción de obras, presentaciones, edición de libros, traducciones, organización de conciertos, festivales (como el "Euroglobe"), diseño… y también planes estratégicos para empresas y administraciones, a los que orientan en su política cultural para hacerla factible.

En Comunicación y Proyectos Culturales Integrales se trabaja con un sistema modular, muy utilizado en los países nórdicos, que rentabiliza cada uno de los pasos de la cadena productiva de cualquier acto o evento cultural.

Sistemática no le falta a este emprendedor, que posee tres licenciaturas universitarias -Humanidades, Lingüística y Publicidad- además de dos masters: Gestión Cultural y Economía-Desarrollo Local, por las universidades de Cádiz y Burdeos, respectivamente.

Su empresa ha necesitado paciencia y recursos: "Rellenar formularios, pagar tasas, inscripciones, firmar actas, adoptar acuerdos, adquirir el material inventariable… unos 15.000 euros de inversión".

Pero a Fernando le merece la pena.  "Ser emprendedor es algo que se puede adquirir, es lo que te cuentan y te repiten al comienzo de cada seminario para emprendedores, pero hay algo en la personalidad de ciertas personas que no les permite estar observantes,  gente que lo intenta. No esperas a que el mercado te dé un trabajo, que en el noventa por ciento de los casos es un medio de supervivencia que no satisface tus intereses vitales, sino que te atreves a crear tu propio medio de vida, adecuado a tus expectativas. Esto tiene muchas ventajas, como ser tu propio jefe; y también muchos inconvenientes, como la falta de un horario... Supongo que depende de como se mire, y compensa", asegura.

En su modelo de negocio hay una palabra clave: la confianza. "Más que fuerza queremos generar confianza; confianza en nuestros clientes que se pueden despreocupar de todo el proceso de gestión, desde que nosotros lo asumimos hasta que terminamos el proceso y se lo entregamos; confianza en los consumidores de cultura, que cuando sepan que tal programa lo hemos desarrollado nosotros, sabrán que pueden gastarse el dinero con la certeza de encontrar un producto digno y de calidad", asevera Fernando.

Las amenazas están en "las muchas empresas de la provincia que se dedican a nuestro sector. Cada competidor es una amenaza, sobre todo en época de crisis, en la que la competencia real se lucha en términos de precio, y las grandes empresas pueden tirar los precios para acaparar el mercado", apostilla.

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