Coronavirus en Cádiz

María José Kieslich “Me contagié en marzo y hasta julio no pude recuperarme”

María José Kieslich.

María José Kieslich.

María José Kieslich es una gaditana que lleva media vida en Madrid, adonde su familia emigró en la década de los 80 por culpa de una reconversión naval que cambió la vida a muchas familias. Ahora nos cuenta en primera persona su experiencia con un covid persistente que, eso sí, tampoco ha podido con su alegría innata y sus ganas de vivir.

Mi pesadilla comenzó el 17 de marzo. Me mandaron a casa a teletrabajar porque tengo una niña menor, los días previos al primer síntoma, ya notaba que no estaba bien, me cansaba en la bicicleta, me faltaba el aire y notaba una molestia en la garganta”.

“La noche del 17 de marzo la molestia en la garganta iba en aumento y a las 4 de la mañana me desperté tosiendo porque algo había caído en mis pulmones, tenía algo en el conducto respiratorio y no respiraba bien. Me asusté mucho y llamé al teléfono que proporcionaron en la Comunidad de Madrid, me tranquilizaron y me dijeron que me quedara en casa porque no tenía fiebre. Después de dos días recuperé la capacidad pulmonar”.

“El viernes 20 de marzo no me pude levantar de la cama, me pesaba todo el cuerpo, me dolían las piernas, la cabeza y tenía un cansancio extremo, no tenía fuerzas para andar, ni para comer, perdí tres kilos en una semana”.

“En el centro de salud sólo me mandaban paracetamol, pero no me hacía nada. A la semana siguiente, una SAMUR vino a casa, esa noche pensé que me estaba muriendo, no tenía fuerzas y mi respiración era lenta, notaba que no entraba aire por la nariz. Me oscultaron y vieron que mi saturación era buena y me dejaron en casa. Las noches eran lo peor, estuve durmiendo sentada en el sofá y con la ventana abierta para que me entrara aire durante varias semanas. Mi más fiel compañero era un saturador de oxígeno, el cuál usaba todas las noches antes de ir a dormir”.

“Tuve todos estos síntomas: diarreas, dolores de barriga, dolor en garganta, dolores en gemelos, taquicardias, disnea, cansancio, conjuntivitis, pérdida de olfato y gusto, dolores musculares en espalda, pérdida de memoria, falta de concentración, pérdida de voz, congestión nasal, calambres internos calientes, dolor y presión en cabeza, hormigueos en extremidades...”.

Los síntomas iban y venían, cada vez se espaciaban más en el tiempo, al principio eran cada dos o tres días, luego cada semana, cada mes... Una auténtica pesadilla de marzo a julio más o menos. Mi estado de ánimo era como una montaña rusa, los días que estaba bien me venía arriba pensando que ya lo había superado, pero entonces volvían a aparecer los síntomas y me entraba un bajón tremendo, no paraba de llorar pensando en qué día ese maldito bicho iba a abandonar mi cuerpo, me he sentido desesperada y desamparada. En septiembre ha sido la última vez que tuve dolores musculares”.

“A día de hoy todas las pruebas de esfuerzo y analíticas están bien pero sigo con bastante miedo a recaer y volver a pasar por esto, que ha sido lo peor de mi vida”.

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