Provincia de Cádiz

Grazalema aguanta estoica el chaparrón

Llevan encima casi 3.000 litros de agua en lo que va de año hidrológico. Dicen que lo soportan estoicos, pero que ya es demasiado. Son los vecinos de Grazalema, la localidad que tiene el récord de alcanzar la mayor pluviometría del país. Un pueblo que convive con la lluvia, la que da la vida al río Guadalete, que nace a pocos kilómetros de sus casas, y que se hace tan temido cuando alcanza la campiña.

Preguntamos en la plaza principal. Y las caras de los más jóvenes lo dicen todo. "Estamos hartos de tanta agua", comenta una madre veinteañera, que lamenta lo difícil que se hace el día a día con niños pequeños que han de ir al colegio, con una tromba detrás de otra. En ese instante llueve. Bajo los soportales de la Casa Consistorial se refugian los más viejos del lugar. Parece que no les importa. Llevan toda la vida conviviendo con el fenómeno. Al lado, lo hace también un grupo de 'guiris'. Alguno pensará que esta no es la España de sol que les han vendido. "Esto no es nada. Me acuerdo que hubo un año a final de los 40, que se pegó tres meses sin dejar de llover. Pobrecitos los ganaderos. Apenas pudieron salvar una oveja. Fue una ruina", le cuenta un abuelo a otro en mitad del aguacero. "Si hubiera un paragüero de oficio se pondría las botas", le contesta el segundo. Hilan sus vidas a 20 metros escasos de una calle céntrica que precisamente se llama Calle del Agua. ¿La rotularon así en honor al récord pluviométrico? "Eso cualquiera lo sabe. No se conoce por qué", espeta el cónclave de la tercera edad reunida en el soportal municipal.

Pero si este mes de marzo ha sido el más lluvioso desde hace mucho tiempo, no se acerca al mítico año de 1963, cuando los habitantes asistieron a ver, aquel invierno, los 4.443 litros por metro cuadrado que la lluvia dejó en el pueblo. Hay constancia de aquello. Hasta material fotográfico de la gente en la plaza con el agua casi a la rodilla.

Lo cierto es que Grazalema lleva registrados este año ya más de 2.841 litros por metro cuadrado. "Recuerdo algo parecido que vivimos en un invierno en los años 80", sostiene Juan Antonio, uno de los socios de la carpintería El Pinsapo, sin dejar la faena de montar tablones en un camión pese a la lluvia. El negocio ha padecido este año algunas goteras. "Es normal. Las casas están que no aguantan más. La nuestra no ha dado problemas. Hemos tenido suerte", reflejan tres calles más abajo los propietarios del comercio la Alacena de los Regalos.

Como ellos, el sector de la hostelería se ha visto afectado no sólo por la crisis sino por el mal tiempo, que ha condicionado las visitas y las pernoctaciones. "Todo el mundo esperaba poder remontar en Semana Santa porque el año turístico es muy malo. Pero no ha podido ser", dicen en esta tienda. Constatan este bajón del turismo condicionado por la meteorología, en la empresa de aventuras Horizón, que planifica actividades relacionadas con el senderismo y todas las posibilidades que encierra el macizo de Grazalema. "Con este mal tiempo, la gente no ha querido confirmar sus reservas", apunta la encargada del local. "Estamos en abril y hace mucho que no tenemos dos días enteros de luz. Las nubes andan todo el día encima como una capota. Y eso quema", lamenta.

La singularidad de la ubicación de Grazalema y su pluviometría condiciona la vida diaria de sus gentes. "Para secar la ropa la mayoría de los vecinos tienen máquina secadora. Ya me dirás con este tiempo si no". También influye el lugar dónde vivas. "En la parte alta del pueblo llueve siempre casi un 20 por ciento más que en la plaza", añade otro habitante. Pero también la agradecida pluviometría siluetea el privilegiado entorno y el paisaje inigualable de un lugar único.

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