Elecciones Andaluzas | Política de barra ¿No aguantamos cuarenta años de dictadura?

  • La Línea vive de espaldas a las votaciones del dos de diciembre

  • El temor a las consecuencias del Brexit y el olvido del Estado en su Plan Integral centran el debate en los bares del mercado

Dos de los parroquianos en uno de los bares del mercado de La Línea.

La Línea es, casi con absoluta certeza, el municipio de Andalucía que vive más de espaldas a las elecciones autonómicas del próximo dos de diciembre. Por mucho que pueda parecer una contradicción, la ciudad que más echa en falta infraestructuras de toda la provincia de Cádiz, tiene ahora la mirada puesta en otros horizontes.

La falta de prestigio social de las grandes formaciones –consecuencia de un olvido que ya se entiende casi perpetuo–, la inminencia de la resolución sobre un Brexit que, sea como sea, va a marcar el futuro de la ciudad a corto, medio y largo plazo; el reproche generalizado por el ninguneo a los linenses en el Plan Integral para el Campo de Gibraltar aprobado por el Gobierno central el pasado viernes... todo se une para que los pocos que aún tienen ganas de hablar de política, debatan más sobre qué medidas urgentes necesita el Ayuntamiento para no caer en un pozo sin fondo que sobre las autonómicas.

Las grandes marcas no son ajenas a esta situación y después de semana y media de campaña, solo el líder nacional de Vox, Santiago Abascal, se ha dejado ver por las calles de La Línea. Y casi a hurtadillas, sin demasiados anuncios.

El mercado de abastos ha sido desde siempre un lugar donde palpita La Línea. Enclavado en el centro, es visita inexcusable en el primer tercio del día. En los bares de la Plaza y en los de sus aledaños permanecen hasta la hora del almuerzo tanto desocupados como quienes han terminado su faena porque arrancó durante la madrugada. Largas horas que dan lugar a interminables diatribas contra todo el que se atreva a moverse.

Ajenos al fuerte aguacero que parece no dar tregua, cuatro apacibles vecinos permanecen en una terraza delante de cuatro vasos que hace rato que se vaciaron. Tampoco es que haya cuartos para estar rellenando a cada rato. Son los primeros que aceptan someterse a la pregunta de por qué el PSOE gobierna desde hace casi cuatro décadas en Andalucía. “Yo no hablo, que no me gusta que me graben, me vayan a reconocer”, señala uno de ellos, no se sabe muy bien si en broma o en serio. De inmediato se aparta.

Paco parece tener claro los motivos que han llevado al PSOE a gobernar la comunidad autónoma. “Porque no hay nadie que lo haga mejor”, dice con sencillez.

“Los terratenientes, que todavía están aquí, tienen ocupadas las tierras y no dan trabajo y es la única forma de pelear contra ellos”, asegura, mientras que uno de sus compañeros de tertulia le replica: “Pero eso era antiguamente, hombre”.

“Cuantas menos fronteras haya, mejor para todos”, continúa Paco, ajeno a la intromisión. “Esto es muy fácil, ellos son los perros y nosotros las pulgas y yo me lavo las manos y paso de todo”.

“¿Y qué pasa porque lleven cuarenta años? ¿No tuvimos que soportar cuarenta años de dictadura?”, cuestiona Vicente. “Yo no sé si vamos para bien o para mal, pero sé por dónde íbamos antes”.

Miguel, siempre muy pendiente de todo lo que se mueve en la actividad social, política y deportiva de la ciudad, se presta pronto a responder. “¿Qué por qué gobierna el PSOE en Andalucía? Esa es la pregunta del millón. Por lo que es... después de todo lo que han hecho en esta tierra. No estoy para nada de acuerdo con que sigan ganando elecciones, pero al final los que deciden son los ciudadanos con sus votos”.

Ya tenía que haber existido un cambio, después de todos los temas que se saben a través de la prensa, de la tele... los eres...”, añade.

La reunión entre jubilados se repite cada día en un conocido punto de encuentro, en el que Susana Díaz tiene un sinfín de incondicionales, entre los que se cuela algún disidente.

El propietario del local, Rafa, lo tiene claro. “Porque son los mejores. Yo desde luego pienso seguir votándoles, porque más vale malo conocido que bueno por conocer. ¿Para qué vamos a cambiar si ya nos conocemos?”.

Yo voto al partido mío, al socialista”, asegura Julián. “Pues claro que quiero que siga gobernando, voy lo voto y lo voy a seguir votando ¿Y por qué no? A mí llega el mes y cobro”.

Mitad por convencimiento, mitad por llevarle la contraria, Joaquín le espeta: “Hace falta un cambio, ahora que chupen otros”.

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