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Provincia de Cádiz

Coronavirus Cádiz: Un gaditano en la fase 1

  • José Luis Mateo, natural de la Tacita y que lleva 25 años en Canarias, disfruta desde el lunes de más libertades en La Gomera

  • "Puedes sentarte en la terraza de un bar, visitar a tu familia, reunirte con amigos, pero sigue habiendo sensación de miedo"

José Luis Mateo, este miércoles en la terraza de un bar cercano al hotel que regenta, el Gran Rey. José Luis Mateo, este miércoles en la terraza de un bar cercano al hotel que regenta, el Gran Rey.

José Luis Mateo, este miércoles en la terraza de un bar cercano al hotel que regenta, el Gran Rey.

Las Islas Canarias son un poco más afortunadas desde que el pasado lunes tres de ellas, La Gomera, El Hierro y La Graciosa, además de Formentera, en Baleares, entraron directamente en la fase 1 de la desescalada, una semana antes que la mejor de las previsiones para el resto de España. En buena medida por sus características, en cuanto a dimensión y población residente, y sobre todo por el leve impacto de la crisis del coronavirus, lo cierto es que ya gozan de libertades por las que otros suspiran.

El gaditano José Luis Mateo habla con conocimiento de causa de lo que representa su día a día una hora por detrás pero una fase por delante. Diplomado en Turismo, abandonó la Tacita de Plata en 1995 rumbo a Tenerife, en donde permaneció durante dos décadas antes de cambiar de aires para dirigir el Hotel Gran Rey de La Gomera, en donde el Covid-19 apenas ha registrado una decena de casos, todos recuperados. Afincado en Valle Gran Rey, el municipio más poblado de los cinco de la isla, al suroeste, sus aproximadamente 4.000 habitantes proporcionan, además, el plus de la vida sin franjas horarias. “Aquí salimos sin mirar el reloj y es verdad que eso te hace sentir más libertad”.

Las principales diferencias con la fase 0. “En lo que más se ha notado es en que puedes ir a un bar y sentarte en la terraza, no dentro, a tomar algo. También se agradece poder hacer algo más de vida social. Te puedes reunir con hasta 10 personas, respetando el distanciamiento de un par de metros, y hacer deporte también con otras personas”.

Reencuentro con la familia. “Aunque personalmente no me afecta porque aquí sólo tengo a mi mujer, muchos amigos ya van a casa de sus padres, sus hermanos. Todo eso se puede hacer siempre y cuando se respete el número máximo de personas”.

La playa, igual. “Eso no ha cambiado porque no podemos utilizar los servicios propios y sólo se permite el baño en deportes como el surf, aunque no se ve mucho de eso”.

Sensación de miedo. “Pese a que aquí los casos han sido contados y no ha habido fallecimientos, la gente mayor apenas sale. Por la calle se ve más a jóvenes y niños. Noto mucha prudencia”.

Los comercios. “Hay establecimientos, no grandes superficies, que abrieron sus puertas,  pero otros han decidido permanecer cerrados porque no les salen los números con la desaparición del turismo”.

Restricciones de movilidad geográfica. “Aquí la unidad de movilidad es la isla o provincia, así que no se puede coger el ferry salvo por motivos muy justificados”.

La inminente, para ellos, fase 2, el próximo lunes día 11, supone la posibilidad de reabrir hoteles. En su caso no será así. “Sólo podemos abrir un 30% y sin las zonas comunes, por lo que no es viable económicamente. Nuestra principal clientela es de fuera y ahora no hay nada de eso. Hasta octubre no creo que volvamos a la actividad. Como muchos españoles, estamos en un ERTE porque no queda otra que gestionar eficientemente no sólo en las buenas sino también en las malas”.

José Luis añora su tierra, a la que suele volver de visita cada cuatro meses y a la que, por ahora, no puede viajar. Añora su Cádiz pese a la fortuna de residir en una isla más afortunada que nunca y que vislumbra en pocos días otro ramillete de nuevas actividades. Porque, en efecto, en la fase 2 ya podrá ir a cines, teatros, monumentos, salas de exposiciones y conferencias  -con el único condicionante del aforo, un tercio de ocupación- , espectáculos en lugares cerrados –con el límite de un tercio y un máximo de 50 personas – y en lugares abiertos -hasta 400 personas, todas sentadas-. La ansiada libertad de un nuevo paso en la desescalada.

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