convulsión en el mundo árabe

Sin gasolina, sin salarios, sin Gobierno

  • El vacío de poder tras la salida del presidente Saleh acelera la caída de un país que ya estaba al borde del abismo

El presidente de Yemen Ali Abdula Saleh ha llevado el país al borde del abismo y el vacío de poder que ha dejado está acelerando la caída: una catástrofe humanitaria se cierne sobre el país árabe.

Adén, la que fuera en su tiempo una elegante colonia británica en el sur de Yemen, vive ahora las miserias de los refugiados. "Hemos dejado de comprar alimentos para poder pagar el alquiler", relata Ahmed al Gifri, madre de cuatro hijos y embarazada de un quinto. Ella huyó, igual que 100.000 personas más de la vecina provincia de Abyan, cuya capital provincial, Zinyibar se encuentra sólo a 60 kilómetros de Adén. Desde hace semanas allí libran sangrientos combates islamistas y milicias de Al Qaeda contra las tropas del Gobierno. Y cada tanto caen civiles, atrapados en el fuego cruzado de los combatientes.

"Nuestra situación económica es miserable y nuestra situación psicológica también", dijo Umm Ahmed. Yemen, que ya era el más pobre de la Península Arábiga, es un país en caída libre.

La primavera árabe también allí despertó un movimiento de protesta contra el anquilosado dominio del presidente Saleh, que lleva 32 años en el poder. Pero el presidente se aferra obstinadamente al poder y la lucha ya entra en su cuarto mes. El vacío de poder erosiona un Estado pobremente organizado. Y la disolución de la autoridad pública alienta los enfrentamientos entre clanes y las guerras religiosas y desata sobre todo nuevas oleadas de refugiados.

"Yemen se enfrenta a una muy, muy grave crisis humanitaria", dijo Samir al Darabi, director en Sanaa, la capital yemení, del Centro de Información de la ONU. "Ya antes de esta compleja situación política teníamos problemas humanitarios".

La situación del país inquieta a todas las instancias de la ONU: el Consejo de Seguridad ha expresado su "profunda preocupación" por cómo se está deteriorando la situación de la seguridad y humanitaria del país, mientras que el Alto Comisariado para los Derechos Humanos en Ginebra envió a tres expertos al país para analizar la situación. Desde hace años bullen conflictos internos que en el pasado ya provocaron desplazamientos masivos de civiles. Tan sólo de los combates que provocaron la revuelta Huthi en el noroeste del país huyeron 350.000. El clan Huthi, que profesa el Zaidismo, una rama de la confesión chií, quiere separase del Estado central, en su mayoría suníes.

La pobreza hace todavía más vulnerable a estas masas de población desarraigada. Un 45% de la población vive con menos de dos dólares al día. Desde el vacío de poder en Sanaa, se han avivado conflictos latentes. En Abyan, a las puertas de Adén, los extremistas islámicos quieren instalar un Estado talibán. Las personas huyen tanto de ese terror como de los combates con las tropas del Gobierno, que entretanto han dejado la capital provincial en manos de los islamistas.

Algunos temen que detrás de todo ello haya una treta del presidente Saleh. "No tiene sentido que el Ejército prácticamente de la noche a la mañana se haya retirado de Abyan y la Policía no haga nada", afirma el agente ya retirado Asal al Yawi, que en la actualidad trabaja para una organización humanitaria en Adén.

Saleh se recupera actualmente en Arabia Saudí de las graves heridas que sufrió en un ataque al palacio presidencial y le quemara parte de su cara. Sus lugartenientes afirman que regresará pronto.

También esta incertidumbre está dando alas a la anarquía. Hace tres semanas, casi 60 islamistas y miembros de Al Qaeda huyeron de una cárcel en Hadramaut, otra provincia conflictiva en el sur del país. Parece tan sólo una cuestión de tiempo cuándo los extremistas abrirán allí también un frente.

El caos ofrece a los todavía más pobres un puerta de salida en Yemen, pues inmigrantes de países paupérrimos como Etiopía y Somalia aprovechan la falta de autoridad pública para cruzar el relativamente pequeño golfo de Adén con la intención de llegar a terceros países más ricos. Pero el caos hace que estén modificando su ruta y llegan al norte de Yemen, donde no pueden continuar a través de las rutas habituales a Arabia Saudí. Desde principios de año unos 37.000 africanos quedaron atrapados en Yemen, según la Organización Internacional para la Inmigración.

Esta mezcla explosiva de migración interna y refugiados africanos, el encarecimiento por la crisis de alimentos y gasolina, así como la interrupción del suministro a la población agudizan las necesidades que el país ya sufre, advierte el director de UNIC, Al Darabi. "La situación de las personas es horrible", agrega el policía Al Yawi. "Sin gasolina, sin salarios, sin Gobierno. Lo más importante, lo que ahora necesitaríamos es un país", concluye.

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