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¿Líderes o simples comparsas?

  • Dirigentes árabes temen que la iniciativa de Obama para la zona deje su importancia reducida a la mínima expresión

Los expertos políticos del mundo árabe estaban exultantes cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció una nueva política para Oriente Próximo al empezar su mandato. Con gran algarabía se esperaba que el viento de cambio soplase también por los desiertos árabes. Pero tras el discurso de ayer de Obama, las tensiones en la zona están lejos de desaparecer.

Ahora queda claro que el nuevo Gobierno norteamericano no sólo empleará un tono más respetuoso frente a los árabes y musulmanes, sino que también cuestionará antiguas alianzas y buscará nuevas estrategias. Y a muchos dirigentes árabes ya se les ven aparecer ahora las primeras perlas del sudor en la frente.

"Si Estados Unidos e Irán se ponen de acuerdo, eso ocurrirá con gran probabilidad a expensas nuestras", advierte por ejemplo el politólogo kuwaití Abdulla al Shaishi. "Si no prestamos atención y nos espabilamos, habrá un despertar amargo", apunta también en un comentario para el diario Gulf News.

También los líderes egipcios y el rey jordano Abdalá II, recompesados constantemente desde hace años por su papel como importantes intermediarios entre Israel y el mundo árabe, se sienten ahora amenazados.

¿Se convertirán sólo en comparsas en la pugna por el poder en Oriente Próximo si los estadounidenses y los europeos abren de repente sus propios canales de comunicación por ejemplo con el presidente sirio, Bashar al Asad, y con el movimiento radical palestino Hamas? ¿Y qué pasaría en ese caso con las suculentas ayudas económicas y militares con las que los países occidentales los recompensan todos los años por su postura moderada?

Pero éstos no son los únicos escenarios de horror que roban actualmente el sueño a los líderes de la región en esta calurosa primavera diplomática. También tienen miedo a que Irán se convierta en el segundo Estado de la región -después de Israel- en poseer armas nucleares, si Washington se muestra demasiado condescendiente con el régimen de los ayatolás.

Asimismo, un ataque israelí contra las instalaciones atómicas iraníes sería peligroso para los países árabes, que tendrían que temer en ese caso una nueva ofensiva de la poderosa milicia chií Hezbolá contra Israel y además una ola de solidaridad en "todas las calles de los Estados árabes con Irán.

Para evitar todo eso, el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, y el rey de Jordania intentan ahora de forma conjunta con los estadounidenses ganar para su lado a Siria. Y es que si el Gobierno de Damasco pone fin a su estrecha relación con Irán y a su apoyo a las agrupaciones radicales como Hezbolá y Hamas, las cartas se podrían echar de manera totalmente nueva en el póquer en Oriente Próximo.

En primer lugar, Irán estaría posiblemente obligado a hacer concesiones en la disputa por su programa nuclear. Y Hezbolá, por otro lado, tendría problemas para volver a llenar sus arsenales de armas si se cerrara la frontera siria. También Hamas, cuyo líder de la oficina política, Khalid Meshaal, se encuentra exiliado en Damasco, estaría más dispuesta a hacer compromisos.

Para poner en marcha de forma exitosa esa estrategia sería necesario primero que Israel acepte la solución de los dos Estados y que devuelva a Siria los Altos del Golán, que ocupa desde 1967. Sin embargo, ambas cuestiones no forman parte del programa del nuevo Gobierno israelí que, al menos en el segundo caso, se ha cerrado en banda.

Pocas horas antes de su reciente viaje a Egipto, el primer ministro Benjamin Netanyahu destacó durante una reunión de los parlamentarios de su partido, el derechista Likud, que Israel no renunciará a los Altos del Golán, tal y como ya había advertido el ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman.

"Actualmente no son los árabes los que están impidiendo que se alcance una solución para la zona, sino los israelíes", dice por ejemplo en tono de queja un alto diplomático europeo. Por ahora, Netanyahu le ofrece a los países árabes sólo la formación de un eje árabe-israelí contra Irán y la aprobación de una administración autónoma de los palestinos en los territorios de Cisjordania.

Pero al mismo tiempo, pide a los estados árabes que desistan de boicotear a Israel. Éstos por su cuenta, volvieron a subrayar la semana pasada una postura que no ha variado un ápice durante las últimas décadas: que las relaciones con el Estado judío se normalizarán sólo cuando Israel se retire de todos los territorios ocupados en la Guerra de los Seis Días de 1967.

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