Mundo

Discreto y cansado en el Trono del Crisantemo

Akihito, el único monarca con el título de emperador, lleva 28 años al frente del milenario Trono del Crisantemo y está cansado. El 125 descendiente de la monarquía más antigua del mundo anunció de manera prudente su deseo de abdicar. Su delicado estado de salud es motivo de preocupación desde hace más de una década. Él mismo transmitió a los japoneses que, debido a su avanzada edad y condición física, le será difícil "seguir asumiendo responsabilidades importantes". Y lo hizo en una intervención bastante excepcional para un monarca conocido por su extremada discreción desde que accedió la trono el 7 de enero de 1989.

El único emperador japonés que llegó al trono sin el halo divido de sus antecesores se quiere ir como ha reinado: sin sobresaltos ni estridencias. De aspecto frágil y elegante, Akihito se sometió en 2012 a una operación coronaria de bypass y en 2003 fue operado de cáncer de próstata. Además, en 2008 sufrió una hemorragia estomacal, enfermedad que llevó a la muerte a los 87 años a su padre Hirohito, que en 1945 renunció al carácter divino de su puesto tras la derrota en la II Guerra Mundial.

Akihito, al que la Carta Magna nipona le señala como "símbolo del Estado y de la unidad del pueblo", tiene un papel meramente ceremonial, pero a pesar de las limitaciones del protocolo y la ley siempre ha mostrado su deseo de conectar con su pueblo. Desde su ceremonia de entronización, el 12 de noviembre de 1990, Akihito ha convivido con 16 primeros ministros y 23 gobiernos diferentes.

En sus escasas intervenciones ha pretendido responder al nombre con el que se conoce la era que se inició con su llegada al trono, denominada heisei o paz. Su marcado tono pacifista quedó especialmente patente durante 2015, cuando se cumplió el 70 aniversario del final de II Guerra Mundial y mostró su remordimiento por las agresiones durante el conflicto del Ejército imperial nipón.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios