Arturo Serra | Crítica Entre dos mundos

  • El vibrafonista valenciano Arturo Serra ofrece muestras de su talento en tres nuevos discos

El vibrafonista Arturo Serra. El vibrafonista Arturo Serra.

El vibrafonista Arturo Serra. / D. S.

La relevancia de la música de Arturo Serra viene dada tanto por la singularidad de su instrumento –el vibráfono– en la escena jazzística nacional como por las calidades de su discurso. Profesor de la Orquesta Filarmónica de Málaga desde hace décadas, el músico de Picassent ha desarrollado su trayectoria entre dos mundos: por un lado, el ámbito clásico que deriva de su propia formación como percusionista en el Conservatorio Superior de Valencia y de su posterior labor docente; y por otro, el jazzístico, extendido a partir de su primer premio en el Festival de Jazz de Getxo en 1993. Desde entonces, la trayectoria de Serra ha ido desplegándose impulsada tanto por sus alianzas con músicos del crédito de Jerry Bergonzi, Ernesto Aurignac, Pedro Cortejosa, Dave Santoro o la desaparecida Celia Mur como por una fértil discografía como líder sobrada de argumentos de peso.

Los últimos se pueden encontrar en la terna de discos con la que Serra viene a reforzar su posición en el plano más estimable del jazz nacional. Amsterdam After Dark lo presenta a la cabeza de un cuarteto con Albert Palau (piano), Ales Cesarini (contrabajo) y Mariano Steimberg (batería) abordando con lucidez el siempre exigente territorio del estándar. Por análogos derroteros, más un par de aportaciones propias como compositor, camina Warrior aunque la nómina se incremente hasta el sexteto con invitados de lujo –Perico Sambeat al saxo alto– y con Voro García a la trompeta, Toni Belenguer al trombón, Miquel Álvarez en el contrabajo y Santi Colomer a la batería. Un monográfico en forma de doble disco, centrado en las composiciones del pianista Fred HerschPlays Hersch– y compartido con Gareth Lockrane (flauta), Jose Carra (piano), Marko Lohikari (contrabajo) y el gran Ramón Prats (batería), culmina una terna cuyo eje común se fija en el imaginativo y brillante vibráfono del líder.

Su capacidad para armonizar formatos, generar sinergias con sus músicos y exprimir los recursos del guión desde un prisma que baña su distinguido neoclasicismo en un vibrante barniz contemporáneo, convierten a Serra en peso pesado de una escena jazzística nacional en auge gracias, precisamente, a músicos como él.

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