Clásica

Secretos y homenajes

  • IBS Classical reúne en un álbum una conferencia de Alfred Brendel, su primera versión de la 'Sonata en si menor' de Liszt y una obra de homenaje escrita por Mauricio Sotelo.

Alfred Brendel y Juan Carlos Garvayo en un reciente encuentro en Londres. Alfred Brendel y Juan Carlos Garvayo en un reciente encuentro en Londres.

Alfred Brendel y Juan Carlos Garvayo en un reciente encuentro en Londres. / Marina Garvayo

El pianista granadino Juan Carlos Garvayo (Motril, 1969) admite que el día que conoció a Alfred Brendel casi le da un ataque al corazón. "Fue en el Conservatorio Monteverdi de Bolzano. Yo estaba allí esperándolo, en un aula, y él se retrasó por un problema de tráfico. Me comía la ansiedad. Me crie con Brendel, con sus grabaciones de Beethoven, de Schubert... Para mí es algo más que una referencia, es una leyenda, un mito. Y una referencia no sólo como intérprete, sino en su acercamiento al hecho musical. Es el músico que aspiro a ser alguna vez, desde el punto de vista del compromiso con la música, de fidelidad al texto, de seriedad, de inquietud intelectual. Hacen mucha falta este tipo de músicos, ahora que el márketing y la publicidad fabrican figurones, de esos que hacen cuatro piruetas y al mundo se le cae la baba mirando".

El encuentro había sido propiciado por Mauricio Sotelo, que había escrito una obra en homenaje a Brendel y Liszt, Ancora un segreto, para el Concurso de piano Busoni de Bolzano. "Ellos se conocieron en Berlín, por su estancia como residentes en el Wisseschaftskolleg, y hablaron mucho sobre la Sonata en si menor de Liszt. Mauricio tuvo la idea de hacer esta obra en la que se fundieran los dos elementos, la obra de Liszt y el propio Brendel. El director del concurso, amigo común de los dos, dijo que la quería para Bolzano. Mauricio propuso que la tocara yo, y como Brendel es muy especial, muy cuidadoso con todo lo que tiene que ver con su figura, tuve que tocar para él, y de ahí surgió una relación muy estrecha. Nos hemos visto muchas veces, y ya es una cosa muy familiar. A él le fascina la obra de Mauricio. Me hizo tocársela tres veces seguidas. En su conferencia dice que es mucho más difícil que la de Liszt. Y es cierto que es una obra muy compleja. Haber tenido la ocasión de trabajarla con Brendel ha sido una experiencia maravillosa. Vive la música con pasión, y es una fuente de sabiduría constante".

En el Festival de Bolzano de 2014 (el festival se alterna año a año con el concurso) se ofreció un concierto en el que Garvayo tocaba la Sonata de Liszt y la obra de Sotelo, pero antes Brendel disertaba sobre la pieza lisztiana, uno de los caballos de batalla de su carrera. "Aquello tuvo éxito, y lo hicimos otras cuatro veces. Decidimos grabarlo, pero incluyendo una de las versiones discográficas de la obra de Liszt de las tres que Brendel hizo a lo largo de su carrera. Ya que Decca acababa de publicar una colección con todas sus grabaciones para Philips [114 cedés], donde se incluían sus dos últimas versiones, nos decidimos por la primera, una grabación de 1958 que editó el sello Vox. Alfred volvió a escucharla y le pareció que no estaba mal. Compré a un coleccionista australiano un LP de la época, que estaba nuevo, sin abrir. Editamos a partir del LP, con algunas mezclas del CD, para eludir algunos roces del original".

Paco Moyá, el productor granadino dueño de IBS, acogió el proyecto entusiasmado. "Yo grabé en diciembre de 2015 la obra de Sotelo. En abril de este año nos fuimos a Londres y registramos la conferencia en la casa del propio Brendel, que la dio de corrido, haciendo directamente los ejemplos en el piano, como si fuera la situación real de la charla. Este álbum es un regalo que le hacemos para su cumpleaños, que es ahora, en enero, una especie de celebración de la amistad entre los tres. Cada encuentro con Alfred es motivo de alegría, nos emociona muchísimo".

A sus 85 años cumplidos, Alfred Brendel es en efecto toda una institución de la música europea. Intérprete extraordinario, entre otros, de Beethoven y de Schubert, gran conocedor de la música de Liszt, pese a estar retirado de los escenarios desde 2008, no pierde contacto ni con los jóvenes intérpretes ni con los creadores ni con el público, gracias sobre todo a su notable producción ensayística. Hablamos con él sobre este último proyecto.

-Ya en 1961 escribía usted sobre la "incomprensión crónica de la figura de Liszt". ¿Persiste hoy día esta incomprensión?

-La percepción de Liszt ha mejorado mucho. La biografía del musicólogo británico Alan Walker ayudó a borrar la mala influencia de otro libro británico, el bastante malintencionado Liszt, el hombre de Ernest Newman. Sin embargo, tan sólo hace unos años Charles Rosen defendía a Liszt de manera peculiar situando su Fantasía sobre Don Juan en el centro de toda su obra. Si Liszt hubiera sido fundamentalmente un compositor de transcripciones y paráfrasis, hoy estaría tan olvidado como su rival de antaño, Sigismund Thalberg. Por supuesto, todo el mundo toca hoy su Sonata y la interpretación integral de los Études d'exécution transcendante se ha convertido en la nueva moda entre los jóvenes pianistas.

-Ancora un segreto de Mauricio Sotelo reelabora material de la Sonata de Liszt de una manera muy personal. ¿Cómo percibe este diálogo entre ambas obras?

-Cuando conocí a Mauricio Sotelo en Berlín, él ya había comenzado a familiarizarse con la Sonata de Liszt y escuchaba mi última grabación de esta obra. Con respecto a la relación de los compositores actuales con obras del pasado, mirándolas a través de una nueva lente para enriquecerlas o para interferir con ellas, debo decir que es ya una práctica muy estimada desde finales del siglo pasado. Entre los ejemplos más afortunados suelo citar a Luciano Berio y Hans Zender. Puedo ver claramente la relación de la Sonata de Liszt con la obra de Sotelo; sin embargo, encuentro más complicado constatar la inclusión de mi propia persona en el proceso.

-¿Podría resumir su relación de toda una vida con España?

-Mi primer encuentro con España fue en los años 50, dentro de un autobús con el cual nos desplazamos desde Viena, lleno de mujeres pertenecientes a la Orquesta de Cámara de Viena. Montserrat estaba cubierto de nieve y en el valle florecían los almendros. Poco a poco fui incorporando otras ciudades españolas, incluyendo Granada, en cuyo festival salí al escenario solo para darme cuenta horrorizado de que no había iluminación sobre el piano. Madrid y Barcelona se convirtieron en lugares habituales para tocar, con una predilección especial por el Palau de la Música, hasta que arruinaron la acústica de esa preciosa sala insertando un suelo de piedra. Una de mis más estrechas vinculaciones con España es la literaria: Don Quijote ha sido siempre para mí una de las obras literarias más asombrosas y el origen de la novela moderna. En el mundo del cine, Buñuel ha sido uno de mis cineastas favoritos al que se le suman la temprana Cría cuervos de Saura y El espíritu de la colmena de Erice. No olvido mi profunda admiración por la pintura española, con Velázquez en la cima. Sus bodegones y sus retratos de enanos y mendigos siempre están presentes en mi mente.

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