Varios | Crítica de jazz Fieles a su sello

  • La marca alemana ECM armoniza en su lote de novedades la contrastada veteranía de Carla Bley con la sutileza del debutante Oded Tzur

Carla Bley, en la portada de su disco. Carla Bley, en la portada de su disco.

Carla Bley, en la portada de su disco.

Sin apenas inmutarse por la crisis que asola a la industria discográfica, al productor Mancher Eicher no le pesan sus 76 años a la hora de alimentar el catálogo de su marca ECM, distribuida en España por Distrijazz. Con medio siglo recién cumplido, el sello germano continúa haciendo gala de un equilibrio entre pesos pesados y debutantes, acorde con patrones pretéritos de su acreditado trayecto.

Su más reciente lote de propuestas así lo certifica, encabezado por otra entrega del trío integrado por la pianista, compositora y directora Carla Bley, su compañero sentimental, el bajista Steve Swallow, y el saxofonista Andy Sheppard. Una veterana alianza, obviamente: los dos primeros no cumplirán ya los 80 años mientras que Sheppard anda por los 63. Tras el excelente Andando el Tiempo (2016), el calendario no erosiona un Life Goes On que vuelve a discurrir sobre un proceso íntimo y espacioso cuyo atributo se cimenta en la engrasada identificación del trío. Bley se sometió recientemente a una cirugía a causa de un tumor cerebral y el título del álbum alude a esa reflexión vital canalizada en tres suites marcadas por dramatismo y, sobre todo, esperanza: la que da título al disco, la irónica Beautiful Telephones, centrada en el comentario de Donald Trump sobre la decoración de la Casa Blanca después de tomar posesión como presidente de los Estados Unidos, y la final Copycat. Seductor de principio a fin.

El disco de Oded Tzur 'Here Be Dragons'. El disco de Oded Tzur 'Here Be Dragons'.

El disco de Oded Tzur 'Here Be Dragons'.

Otro trío, formado por el guitarrista Wolfgang Muthspiel, el contrabajista Scott Colley y la batería de Brian Blade, suscribe Angular Blues en lo que supone el segundo álbum del músico austriaco en formato trío para ECM tras Driftwood (2014), con la entrada de Scott Colley por Larry Grenadier. Impecable en su técnica y ejecución, Muthspiel juega con nítidas sonoridades tanto acústicas como eléctricas, ensamblando atmósferas meditabundas (Hüttengriffe) con ráfagas más activas como Ride. La alternancia fortalece un agradecido recorrido en el que no faltan lecturas de estándares del peso de Everything I Love de Cole Porter o el inagotable I’ll Remenber April, tratados ambos con respeto. El principal lastre del trabajo termina radicando en una obsesión formal que, por momentos, tiende a rebajar su alcance.

El sector israelí del sello asume protagonismo en las dos entregas restantes del lote. La primera protagonizada por el trompetista Avishai Cohen y su nuevo proyecto Big Vicious. Aunque esbozado antes de su entrada en ECM, Big Vicious ha madurado lentamente en la mente de un Cohen que ha cambiado sus acústicas estructuras de álbumes como Cross My Palm With Silver (2017) por un quinteto basado en un doble tándem de guitarras y baterías, apoyado por bajo y coronado por efectos, sintetizadores y una trompeta más milesiana que nunca, tanto en timbre como en inspiración –hablamos del Miles Davis de los ochenta – pop y rock. Sin aportar novedad, la pluralidad del trabajo se subraya con dos adaptaciones que basculan entre Mooonlight Sonata de Beethoven y Teardrop de Massive Attack, abordadas ambas con un ánimo expansivo que, pese a no culminar plenamente, habla bien de los objetivos del músico de Tel Aviv.

'Big Vicious', de Avishai Cohen. 'Big Vicious', de Avishai Cohen.

'Big Vicious', de Avishai Cohen.

Finalmente, que no en último lugar, el primer contacto del saxofonista Oded Tzur con ECM constituye la sorpresa del conjunto. Su título, Here Be Dragons (2020), era utlizado por los antiguos cartógrafos para indicar territorios inexplorados y aguas peligrosas. Las mismas que Tzur quiere surcar en un soberbio y meditativo trabajo que evidencia la formación del músico israelí con el maestro del bansuri Hariprasad Chaurasia, así como el influjo de la música clásica india, de sus ragas y escalas, en la ordenación de sus obras. Cuatro llegan firmadas por él y entre ellas se intercalan tres Miniature –una para cada instrumento: piano de Nitai Hershkovits, contrabajo del griego Petros Klampanis y saxo tenor de Tzur– donde lo esencial sigue sometiendo a lo superfluo. Pocas palabras para decir mucho, rematadas por The Dream, con ágil apuesta rítmica de Jonathan Blake, y por la sintética versión del Can´t Help Falling In Love que popularizara Elvis Presley: la misma canción que el músico israelí regaló en cierta ocasión a su futura esposa interpretándola con su saxo vía Skype. Romántico cierre de un estreno para no perdérselo.

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