No Sin Música 2023 en Cádiz Así queda el cartel del festival con las últimas confirmaciones

Alhambra Monkey Week

La esencia recuperada

  • Segunda jornada del Alhambra Monkey Week, con todos los escenarios a pleno rendimiento y una gran afluencia de público que le aportó el brillo de los buenos años que recordábamos

Aspecto del Auditorio durante Échate un cantecito

Aspecto del Auditorio durante Échate un cantecito / Javier Rosa

Hace ya bastantes años, cuando en el añorado festival de Territorios se le hizo un homenaje a Triana con artistas indies y un resultado bastante peor que el esperado, un músico sevillano curtido en muchas lides me dijo que a los homenajes los carga el diablo. Y estoy convencido de que me lo hubiese repetido el viernes de haber asistido al que se le hizo en el Alhambra Monkey Week a Échate un cantecito, el disco de Kiko Veneno que ha cumplido treinta años y hay consenso entre el público y la crítica sobre que es uno de los mejores de la historia de la música pop española. En el escenario del Auditorio del Cartuja Center CITE, interpretado por su autor, acompañado de Vera Fauna, una de las bandas sevillanas de mayor proyección, no pareció que fuese así. En una sola palabra para definir lo que vimos, fue aburrido.

Y el caso es que lo tenían todo a su favor para haber construido algo tan imperecedero como el propio disco: era el concierto estrella, marcado en prácticamente todas las agendas de los asistentes al Monkey; un público entregado, dos meses de preparación y muchísima ilusión por parte de los músicos, a los que hay que reconocerles también una habilidad instrumental de gran nivel, apoyados además por un sexto invitado que brilló en los teclados y los saxos aportando lo poco que sobresalió de la grisura. Pero desde que, tras una introducción todavía sin Kiko en el escenario, comenzaron con Salta la rana, todo fue fluyendo de forma demasiado plana, sin momentos excitantes; sin hambre, en palabras de un conocido productor con el que intercambié opiniones posteriores. Tras dejar atrás El mensajero y Fuego llegaron unos Superhéroes de barrio afectados por la kryptonita; siendo esta una canción divertida, mantuvo el mismo tono que las sensuales o dolientes. Tuvimos atisbos de alguna inflexión con Lobo López, pero la uniformidad en el uso de recursos volvió con Reír y llorar para continuar en el resto de las canciones que quedaban del disco, además del par que interpretaron tras él: Martes, el single que grabaron también juntos hace año y medio, y Volando voy, como fin de una fiesta que nunca llegó a ser férvida.

Perrate Perrate

Perrate / Javier Rosa

Todo lo contrario fue el concierto de Perrate que había abierto la noche en ese mismo escenario, presentando su reciente disco, Tres golpes, con el magnífico apoyo de su sobrino Pepe Fernández a los teclados y el bajo, Antonio Moreno a las percusiones y el gran Paco de Amparo, extrayendo de su guitarra flamenca toda la esencia de su casta moronense, nieto de Joselero, sobrino nieto de Diego del Gastor. El flamenco volvía a fundirse, pero esta vez no con la electrónica como la noche anterior, sino con la música que existía en España cuando todavía no había flamenco: las chaconas, folías, jácaras, cantes antiguos al ritmo del 3×4 que tanto dominan en Utrera y del que Perrate tan bien se sirve en sus interpretaciones, unidas a las tonás, seguidillas del Alosno y las seguiriyas que interpretó al inicio del concierto con voz profunda. Cuando calló la guitarra se estableció una cacofonía de teclados y percusión, creando una sensación ominosa, oscura como la noche que se avecinaba, la que se estaba abriendo paso en la voz del maestro, cambiando el palo flamenco a la toná. Noche oscura unió lo viejo y lo nuevo; la tradición del cante del Niño de Almadén y la vanguardia de unos músicos adaptando su estructura y planteamiento con una improvisación libre, al igual que el romance carolingio de tradición sefardí que entonó Perrate después, Melisenda insomne.

Siguió con las seguidillas antiguas, mitológicas, del Alosno, muy semejantes al fandango popular, precursoras del cante por sevillanas, a las que nos recordó su cadencia, que hizo que en las primeras filas del público se animase una fiesta de palmas, taconeo y baile, con el mismo espíritu que se forman los pogos en los conciertos que se celebraban en el escenario del parking. Ocurrió lo mismo con la chacona de las bodas medievales, flamenca de arriba abajo en la voz del cantaó, dando explicación a como de este palo antiguo salió el fandango, el jaleo, la soleá; notable antecedente musical de buena parte de los estilos flamencos. Música clásica popular de aquellos siglos XVI, XVII, fueron también la jácara y la folía que Perrate interpretó antes, pleno de expresividad y pasión, cambiando incluso su tono de voz en la primera. Y se despidieron los cuatro, al borde del escenario, a voz limpia y palmas con Tres golpes, fandango callejero, cante de ida y vuelta, el Caribe pasado al flamenco. El legado del linaje de Perrate le permite expresar tanto el sentimiento jondo como el fiestero y nosotros tuvimos la inmensa fortuna de volver a ser testigos de ello.

Carlangas Carlangas

Carlangas / Javier Rosa

Las actuaciones de este escenario principal se cerraron con la de Carlangas, guitarra y voz, y su banda de dos teclados, bajo y batería, con una carga de canciones nuevas y alguna del repertorio de Novedades Carminha. Vino a darlo todo, como no podía ser menos para paliar el recuerdo de su grotesco comportamiento en el homenaje a Mediterráneo del año anterior. Su propuesta es válida para los jóvenes que acudieron al festival gracias al abono a precio reducido para los menores de 25 años, pero estos estaban en el escenario del parking viendo a Lunavieja y aquí el público estaba formado por veteranos que han llegado a oír cantar a su paisano Antón Reixa y recuerda también que lo que hace ahora Carlangas ya lo hacía mucho mejor hace cuarenta años Ciudad Jardín. Opté por volver al mencionado escenario subterráneo, como hice cuando cambié a Dora por Alavedra, la banda que tan divertida me resultó al descubrirla en el Monkey Weekend. Aquí lijaron las paredes del parking con su punk corrosivo, llegando a extremos de compartir voces con las chicas que subieron al escenario cuando Dani, el cantante y bajista que terminó navegando sobre las cabezas de la audiencia, dijo algo así como que afinar es de cobardes, el que se sepa esta canción que suba. Puro espíritu Monkey; recuperarlo me supo a gloria.

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