MENORES DESFAVORECIDOS

34 años de fútbol contra la exclusión infantil

  • El misionero del fútbol es recibido con indiferencia por las instituciones 

  • Las necesidades de Jorge Morillo: 600 euros al mes y que le regalen un autobús  

Jorge Morillo se siente un "educador de calle" Jorge Morillo se siente un "educador de calle"

Jorge Morillo se siente un "educador de calle"

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Doscientos cincuenta niños y niñas de barriadas desfavorecidas de Sevilla inician este mes de  septiembre la 34 edición del proyecto “Educar en la calle”. Con la disculpa de jugar al fútbol, los hijos de cinco barriadas olvidadas aprenden a respetar las normas, a vivir en sociedad y a buscar alternativas a sus vidas.

Su impulsor es Jorge Morillo, que empezó hace 34 años con niños chabolistas de Granada y hoy organiza en Sevilla todo un abanico de actividades que van desde los regalos de Reyes Magos a excursiones a la playa y a ver partidos del Betis, el Sevilla, el Barça o el Real Madrid

Se siente un “misionero del fútbol” porque cree que Dios le ha elegido para esta labor y lamenta la indiferencia con la que es recibido por las instituciones, entre ellas la presidenta de la Junta, Susana Díaz, pese a ser vecina suya en la barriada sevillana de El Tardón.

¿Cuántos alumnos participan este año en el programa?

— Serán unos 200 o 250 niños y niñas. Empezamos el 17 de septiembre en las chabolas de El Vacie y seguiremos junto al Cerro Blanco de Dos Hermanas, en Torreblanca, en San Juan alto y en las Tres Mil Viviendas. Me ayudan mi cuñado y cuatro voluntarios -dos payos y dos mujeres gitanas- y tenemos actividades todos los días de la semana. 

— ¿Como definiría su trabajo?

— Me considero un misionero del fútbol. El misionero no necesariamente tiene que estar en África. Yo llevo un balón en lugar de una Biblia y procuro educar en valores. El fútbol es una excusa, no una finalidad. 

— ¿Qué transmite a los niños?

— Descubren lo importante que es respetar las reglas del juego. Intentamos socializarles, darles una alternativa de vida. Son los más desfavorecidos de Sevilla y un 99 por ciento están en riesgo de caer en la violencia o la delincuencia. Pero tienen que entender que son ellos quienes deben cambiar su vida. Hace poco me saludó un cochero de caballos, me dijo que a los diez años había estado en mis clases y que tanto él como la mayoría de los que vinieron a aquellos cursos “tienen ahora una familia y son gente normal y trabajadora”.  

Por eso hemos ampliado la edad de los participantes. Antes terminaba a los 14 años pero ahora no ponemos límite, acogemos desde bebés que vienen con sus madres y abuelas, que son las que participan más activamente.

— ¿De quién reciben ayudas?

— No tengo detrás a ningún grupo político ni religioso, con muy pocos medios voy abriendo camino desde que empecé, allá por 1986, en el barrio granadido de Almanjáyar. En Sevilla me ayudan el Real Betis y el Sevilla FC, que invitan a los niños a sus partidos. El Banco de Alimentos nos da las meriendas. Fundomar nos presta un local para almacén y también nos ayudan algunas hermandades como La Estrella o La Macarena. El Betis hace una campaña en la que cambia una entrada al partido por cada regalo para los Reyes Magos de nuestros niños. Ahora estoy en conversaciones con Emilio Butragueño para ir a un partido del Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Pero desde hace 34 años, esto vive sobre todo de la Providencia.

— ¿Siguen celebrando los Reyes Magos?

— Claro. En 2015 Javier Tebas, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, que es otro de nuestros apoyos, se vistió de Melchor para dar los regalos en El Vacie. Este año Gaspar va a ser María Victoria López Sánchez, consejera del Betis, y Baltasar una de las mujeres gitanas que trabaja con nosotros como voluntaria. 

— ¿Cuanto necesitan para trabajar con garantía?

— Con 600 euros el mes tendríamos suficiente. En este momento lo que más necesitamos es que nos regalen un autobús para no depender de las colaboraciones puntuales cuando llevamos a los niños a la playa o al parque acuático. Las excursiones a la playa son lo más gratificante que hacemos, no solo para los niños sino para sus padres y abuelos que descubren el mar tan grande por primera vez.

— ¿Les apoyan las instituciones?

— Muy pocas se lo toman el serio. Sevilla es una ciudad muy solidaria, con mucho voluntariado. Las instituciones se ahorran sueldos y con darte un premio de vez en cuando se conforman. La presidenta de la Junta, Susana Díaz, vive en mi mismo barrio pero no se ha dado por aludida cuando le he mandado fotos haciendo el Camino de Santiago con la bandera andaluza. Será porque no soy de los suyos.

— ¿Y con la Iglesia?

— Yo soy acólito y lector de la Diócesis de Sevilla pero el arzobispo, Juan José Asenjo, me prohíbe desde hace varios años participar en los actos litúrgicos en la Catedral porque llevo el pelo largo. Yo me niego porque es mi personalidad. 

— Usted ha recibido decenas de premios en todo el mundo. ¿A cual tiene más cariño?

—A la medalla de oro de la Federación Andaluza de Fútbol. O a la Cruz de Caballero al Mérito Civil, que me concedió el rey, por tirarme al río a sacar a un hombre que quería suicidarse. Hace tres años viajé a Barcelona en avión para recibir un premio y, sin que se produjera ningún acontecimiento especial, se me quitó el miedo que tenía a volar. Así funciona Dios, mi jefe: cuanto más confías en él, más te pasan las cosas que necesitas. Cuando creo que está todo perdido, aparece alguien que me echa una mano.

El mundo gitano también es desagradecido, no se ha portado bien conmigo aunque también es cierto que ha sufrido mucho. Ni siquiera me han llamado de la Hermandad de Los Gitanos.

— En estos 33 años habrán tenido anécdotas de todos los colores…

— Como digo, mi jefe me protege. He hecho más de 80 excursiones a la playa y los incidentes han sido mínimos. En los entrenamientos del fútbol, se han lesionado cuatro niños en 33 años y ninguno de importancia, excepto uno que se cayó de un muro y tuvimos que llevarlo al hospital. Fue un milagro que no se matara.

— Usted es una persona muy religiosa y se dedica a los demás a cambio de nada. ¿Quien le inculcó esos principios? 

— Mi madre me enseñó las ganas de vivir y a ver el lado bueno de todo el mundo. Con pocos medios voy abriendo camino y el no tener un duro me permite ver la ruindad de la gente. Mi mayor tesoro es que colecciono amigos. Mis lemas son: valentía, amor, humildad y paciencia. 

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