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"Que te llamen abuelo provoca un sentimiento muy especial"

  • José Luis Perales El artista, que ha vuelto al panorama musical con 'Calle Soledad', disfruta de una vida, profesional y personal, plena de buenos momentos

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Perales. Su apellido lo dice todo. Autor, intérprete... Artista. Uno de "los más" de nuestro país. De los más aclamados, de los más versionados, de los más rentables de la historia de la música. Tanto como que a sus espaldas caen la friolera de 50 millones de discos vendidos en todo el mundo. Y es que pocos son los puntos de este planeta donde no conocen clásicos como Por qué te vas, Y cómo es él o Un velero llamado libertad. Títulos asociados a una trayectoria impecable a la que, a lo profesional, hay que sumar una faceta personal, como esposo, padre de dos hijos y abuelo de dos nietos, de la que, este conquense universal, reflexiona a continuación.

-¿Es usted tan romántico como transmiten sus temas?

-Hombre, es una parcela. Tengo un lado más romántico, otro más rudo, uno más superficial... Lo que sí es verdad es que, mi cara romántica, es la más conocida y que, a través de mis melodías, se puede saber muy bien cómo soy.

-¿Su esposa es la inspiración para sus historias de amor?

-Yo siempre digo que la persona con la que estoy me ha servido para crear mis canciones de amor y que, para las de desamor, me he fijado en el vecino. Más allá, hay amores de juventud que siempre dejan mella en el recuerdo y de entre los que, por ejemplo en Calle Soledad, he rescatado alguno.

-También en el álbum habla de otra Manuela, más allá de su compañera, como es su nieta... ¿Cómo es ese Perales abuelo?

-Me reía un poco de los abuelos chochos con los nietos y me he dado cuenta de que se quedan cortos. Que te llamen abuelo provoca un sentimiento muy especial y a mí me encanta que me lo digan. Los niños son mucho más inteligentes de lo que pensamos y llegan apreciar mucho a quienes les tratan con cariño. Yo tengo a Manuela y a Guillermo, su hermano recién llegado.

-¿Es su familia su mejor obra?

-Sí. Mi mujer, con la que comparto casi cuarenta años de matrimonio, ha sido la que me ha hecho tener los pies en la tierra. Es muy difícil este trabajo. Eres famoso, la gente te aplaude, te esperan muchas mujeres (algunas más jóvenes que la tuya)... Hay que tener un buen motivo para renunciar a eso y los míos han sido el descanso del guerrero, el anclaje para regresar siempre. Cuelgo el traje de artista cuando llego a casa y me convierto en marido, fontanero, electricista...

-¿Cómo llevan ellos lo de que tener que compartirle un poco con el público?

-Bueno, hay una anécdota porque, de chiquitos en un concierto, cantaba en un parque de atracciones y cambié "Te quiero" por "os quiero". Entonces, mi hija gritó: "¡No, papá, nos quieres a nosotros!" (risas). Ahora lo entienden y lo agradecen el apoyo de tanto tiempo igual que yo.

-Lo que no me gusta es que afirme que se está haciendo mayor...

-Soy consciente de que tengo 67 años aunque, tener hijos y un equipo joven, me rejuvenece mucho. Ni intelectualmente me siento viejo ni físicamente estoy decrépito. Además, mi voz no me ha cambiado y hasta la veo más redonda, más madura, más grave, más adulta. Me gusto más como cantante hoy día.

-¿Cuál piensa que es su pieza más querida?

-Que canten los niños. Sin duda. Produjo el milagro. La cantaban en todos los colegios y hasta la hicieron en la ONU, durante el Día Mundial del Niño. Ahí me di cuenta cómo un tema con un mensaje específico puede tocar tantos corazones a la vez.

-¿Qué legado suyo le gustaría que quedara?

-Creo que no tengo suficiente categoría para eso. Lo único que no quisiera es que nadie pensara que soy mala gente. Por lo demás, todo pasa, y todo queda...

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