Pasarela

Postureo vacacional, el mal de las redes

El smartphone, ese compañero inseparable de las vacaciones en los últimos años. El postureo vacacional ha pasado de ser un hobbie, a convertirse en premisa indispensable para todo buen veraneante que se precie. Las redes sociales, donde el instante ahora es el protagonista, ha favorecido que el afán social pase por la obstentación pública del qué bien me lo paso o qué estupendo soy. Y es que el 34% de los españoles admite haber hecho fotografías con su teléfono móvil con el único deseo de presumir de ello delante de otros, con los que inevitablemente se compara. Un buen restaurante, una idílica imagen de playa paradisíaca o el estreno del modelo playero de turno, de las cosas más comunes que se pueden ver en las redes.

Sin embargo, no solo de postureo vive el hombre. El móvil es usado, así mismo como herramienta para encontrar los lugares con las mejores críticas o simplemente para orientarse en la ciudad de acogida. El acceso a Internet de manera remota ha facilitado que aquellos devenires vacacionales de antaño, cuyas estampas reunuían a toda una familia alrededor de un arrugado mapa, ahora solo sea un leve recuerdo, pues es el móvil el que nos guía con un solo clickeo.

Los datos hablan por sí solos. Durante las vacaciones de verano los españoles pasarán un 15% más de su tiempo pegados a su teléfono que tomando el sol, según confirma el Mobile Travel Tracker de Hoteles.com. Una realidad criticada, cuyo principal reproche es entender cuánta realidad nos perdemos mietras observados la escena a través de una pantalla digital y disparamos.

Tanta dependencia se ha generado a este pequeño dispositivo que no es extraño ver cómo grupos de amigos reunidos en torno a una mesa apenas comparten impresiones personales. Es por eso, que en algunos de estos locales se ha puesto en el centro una caja donde dejar "aparcados" al menos durante unas horas los teléfonos para disfrutar de la comida como antes lo hacíamos. Una caja en la que se puede leer, con todo el humor que persigue, que el primero que consulte el WhatsApp paga la cuenta.

Al margen de lo anecdótico la verdad es que la dependencia del móvil crea una gran fisura entre aquello de lo que hemos disfrutado verdaderamente y aquello que hacemos creer que hemos disfrutado.

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