Pasarela

Irina, esa chica de pueblo

  • La modelo rusa habla en una íntima entrevista de sus orígenes humildes, del acoso que sufrió en la escuela y de sus "durísimos" inicios en la moda.

Traspasar su exuberante cuerpo es casi imposible. Irina es como el hielo; haciendo alarde de su fría personalidad rusa, es tan hermética como bella. A pesar de ser una de las mujeres más famosas del mundo a día de hoy, poco o nada se sabe de la ex novia de Cristiano Ronaldo. Ella poco deja rascar, y eso que si lo hiciera quizás cambiaría y mucho la percepción de muchos acerca de su ego, aparente frivolidad y fuerte carácter. Irina Shayk se ha hecho a sí misma. ¿Cómo? Viviendo, y a veces malviviendo.

Creció en Yemanzhelinsk, una pequeña localidad rusa "en mitad de la nada, donde no hay nada más que visitar que las minas de carbón", según las palabras de la propia maniquí. Amante de la literatura y la escritura, la pequeña Irina soñaba con ser periodista. "Jamás me imaginé que sería una modelo que viviría en Nueva York", confiesa. Su padre murió de neumonía cuando ella estrenaba la adolescencia y su madre, profesora de música en una guardería, se tuvo que pluriemplear para sacar a la familia adelante. Esas horas las pasaba al cuidado de su abuela, una agente de inteligencia de la armada roja de Stalin, por la que Irina sentía auténtica devoción. La rusa ha tardado pero al fin ha roto su coraza y ha hablado de sus orígenes humildes en una entrevista. Dice que era una "chica de pueblo", pero que algo le decía que no siempre iba a ser así. "Recuerdo que cuando tenía 14 años quería unas botas de tacón alto, pero costaban 25 dólares, no podía pagarlos. Así que trabajé en un hospital durante 20 días pintando las paredes del mismo para ganarme esos 25 dólares. Me acuerdo de que los otros niños se burlaban de mí por eso: '¿Quién esta rara y flaca que lleva botas de tacón alto?' No me importaba". Y es que Irina, actualmente una de las mujeres más deseadas del planeta, nunca tuvo complejos pero sí que tuvo que soportar las burlas de sus compañeros. "Yo no era de las que gustaba a los chicos en el colegio. Mis compañeros solían reírse de mí por mi tez morena heredada de mi padre (de origen tártaro)", cuenta. Pese a ser una de las modelos más cotizadas en todo el mundo y dueña de una belleza casi perfecta, Shayk asegura que su infancia fue dura también por haber sufrido acoso en el colegio. "Me sentía insegura porque era alta y tenía la piel oscura, no era la típica rusa rubia. Pero creo que el acoso y lo que sufrí solo me hicieron más fuerte", dice. Sus vecinos aún recuerdan a la maniquí trabajando en el campo, de donde le viene su afición por la agricultura. Y es que no siempre ha estado rodeada de lujos y dinero: "Recogía patatas después de la escuela", recuerda.

Acompañó a su hermana Tatiana, una amante del mundo de la moda y la belleza, a una agencia de modelos donde finalmente fue ella quien se llevó el gato al agua. Ahí empezó la aventura que la ha llevado a ser una de las tops más cotizadas, además de la flamante novia de Bradley Cooper. No obstante, no fueron fáciles sus inicios en el mundo del modelaje . "Lo pasé muy mal cuando empecé, no tenía ni qué comer. Pero no podía volver a casa sin nada". "Para trabajar en la moda tienes que ser muy fuerte y yo lo soy, no vivo entre las nubes y soy realista gracias a la educación que me dieron mis padres", concluye.

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