Festival de Huelva | Encuentro Antonio Checa analiza la “intensísima relación” del cine con el periodismo

  • La conferencia del veterano periodista recorre títulos emblemáticos de la historia del cine

No debe ser casualidad que uno de los títulos emblemáticos de la historia del cine, considerada por muchos la mejor película de la historia, sea Ciudadano Kane (1941), para la que Orson Welles se inspiró en el magnate estadounidense de la prensa William Randolph Hearst. O, más reciente, que Spotlight (2015), sea una de las últimas triunfadoras en la gala anual de los Oscar de Hollywood, centrada en las investigaciones del periódico Boston Globe sobre abusos sexuales en la Iglesia.

La presencia del periodismo en el cine se remonta casi a los orígenes y se evidencia en una “relación intensísima”, con variados enfoques, según contó ayer el periodista Antonio Checa, ex decano de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla, encargado de inaugurar con su conferencia el IV Encuentro Iberoamericano de Prensa en el marco del Festival e incluido en el programa del Otoño Cultural Iberoamericano que organiza la Fundación Caja Rural.

Checa titulaba su ponencia Entre la admiración y la burla, aludiendo a esa mirada crítica que en muchas ocasiones se ha realizado hacia la prensa amarilla, como se puede encontrar en grandes títulos, como El gran carnaval (1951), de Billy Wilder, o las diferentes versiones de Primera plana, que el mismo director sublimó en 1974 con Jack Lemmon y Walter Matthau.

Woody Allen y Sáenz de Heredia

Confesaba ayer Antonio Checa que la documentación previa a la conferencia le permitió recordar anécdotas como que el torero onubense Chamaco intervenía en la primera película española sobre el género, Escuela de periodismo (1956). O que Woody Allen utilizó en Días de radio (1987) un episodio con los ladrones de una vivienda y un concurso radiofónico que contó José Luis Sáenz de Heredia en Historias de la radio (1955).

Pero escuchar a Checa provocó un repaso por parte de la historia del cine, por esa visión de los periodistas protectores, como Gregory Peck en Vacaciones en Roma (1953), y caraduras, como Mastroiani en La dolce vita (1960), o la lucha “por restablecer la verdad ante la difamación”, en Escándalo (1950), de Kurosawa.

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