Las Claves

La mesa negociadora: alguien la va a romper

  • Incertidumbre. ERC y JxC consideran la mesa como un instrumento electoral y enfrente tendrán a tibios con el independentismo en busca de la fórmula para un referéndum legal

Quim Torra y Pedro Sánchez, durante la reunión que mantuvieron el pasado 7 de febrero en el Palau de la Generalitat. Quim Torra y Pedro Sánchez, durante la reunión que mantuvieron el pasado 7 de febrero en el Palau de la Generalitat.

Quim Torra y Pedro Sánchez, durante la reunión que mantuvieron el pasado 7 de febrero en el Palau de la Generalitat. / Alberto Estévez (EFE)

SE cruzan apuestas en el mundillo político de Madrid entre quienes piensan que la mesa negociadora la van a romper los independentistas y los que creen que la va a romper el Gobierno. Y se cruzan también apuestas en el mundillo político de Barcelona: unos piensan que en el lado independentista será ERC el partido que rompa la baraja porque cree que le dará votos de cara a las autonómicas que se celebrarán en unos meses, y otros creen en cambio que será JxCat siguiendo instrucciones directas, como siempre, de Carles Puigdemont, que hace sus cuentas pensando en las autonómicas. Es decir, que tanto ERC como JxCat consideran la mesa negociadora sobre Cataluña como un instrumento electoral.

La primera reunión se celebrará este miércoles en La Moncloa, presidida por Pedro Sánchez y Quim Torra. Las siguientes, cuando ellos mismos lo decidan. Hay quien piensa que será la única cita verdaderamente relevante, que a las siguientes sólo acudirán los negociadores elegidos por ambas partes, pero sin los capitanes. Una fórmula similar a la habitual en la Unión Europea, cuando son los sherpas los que negocian todo, hasta la última coma, consultando cada decisión a sus respectivos jefes. Pero los sherpas, los expertos, son los auténticos negociadores.

No se puede hacer un pronóstico sobre las negociaciones sin tener en cuenta dos aspectos fundamentales. Uno, las ya mencionadas elecciones catalanas, que oficialmente tiene que convocar Torra pero lo decidirá Puigdemont pero, también, se convocarán cuando lo decida la Justicia, pues pende sobre la cabeza de Torra una resolución respecto a si puede continuar siendo presidente de la Generalitat tras haber perdido su escaño parlamentario. Es indispensable para ser elegido presidente del gobierno catalán, pero nada dice el Estatut respecto a que sea obligado mantenerlo para seguir siendo presidente una vez elegido.

El segundo aspecto a tener en cuenta sobre el futuro de la mesa negociadora es la lucha encarnizada, implacable, en el sector independentista, donde ERC y JxCat tratan de imponer su hegemonía y todos y cada uno de los días del año se los plantean como un reto para presentarse como el partido que impone su criterio.

En la mesa del Gobierno, además de Sánchez y Carmen Calvo –que la presidirá cuando no asista Sánchez– se sentarán Pablo Iglesias, la ministra responsable de los asuntos territoriales, Carolina Darias, el ministro de Educación, Manuel Castells, y el de Sanidad, Salvador Illa. Cuatro socialistas y dos podemitas. Salvador Illa es miembro destacado del PSC, y sigue a rajatabla la línea que marca Miquel Iceta, que además de pensar también en las elecciones catalanas –será el candidato a la Generalitat– mantiene ante las negociaciones la búsqueda de una solución que tenga en cuenta lo que ellos consideran sentimientos mayoritarios catalanes, españolidad pero con una identidad bien diferenciada. Para el PSC es necesario buscar la fórmula para celebrar un referéndum legal. En cuanto a Manuel Castells, propuesto por En Comú, se ha manifestado abiertamente en numerosos artículos a favor de la autodeterminación, aunque no de la independencia. Posición, hay que recordarlo, similar a la de Pablo Iglesias, que siempre ha defendido el derecho de los catalanes a pronunciarse libremente.

Las exigencias de los independentistas son conocidas, y según ellos irrenunciables: referéndum, indulto para los “presos políticos” y un relator internacional. El Gobierno se niega al indulto pero no se le ve disconforme con las autoridades penitenciarias catalanas que están teniendo una generosidad absoluta con los presos, hasta el punto de que disfrutan de permisos que suponen la semilibertad; en cambio se cierra en banda a la figura del relator y a un referéndum. Sin embargo sí está abierto el Gobierno a una reforma de la Constitución y del Estatut de la que pueda surgir la posibilidad de celebrar un referéndum legal. Pero, sotto voce, en privado, personas destacadas del gobierno confiesan que su estrategia consiste en prolongar el mayor tiempo posible las negociaciones, fijando sucesivas fechas en el calendario “hasta que la lucha interna que mantienen ERC y Junts hagan saltar el independentismo por los aires”.

Estrategia con toda seguridad conocen los independentistas, que actuarán en consecuencia. De momento, lo que más interesa a ERC y JxCat es demostrar ante los catalanes sus respectivas posiciones de fuerza. Las iniciativas que pretende imponer Puigdemont a través del presidente de la Generalitat, Quim Torra, las contrarresta el presidente del Parlament, Roger Torrent, de ERC. Que sigue las instrucciones que imparte desde la cárcel Oriol Junqueras, que no quiere que se vaya en contra de la Ley y de la Constitución para evitar así un nuevo 155.

Puigdemont sigue con el máximo interés todo lo relacionado con el día a día de Cataluña aunque supuestamente su trabajo se debe volcar en el habitual de un europarlamentario; su futuro en la Eurocámara depende de que se tome una decisión respecto a su inmunidad, trámite que puede prolongarse hasta más de un año, porque la Cámara europea tiene un reglamento muy prolijo para ese procedimiento. Su situación es incómoda, frente a lo que creía se le considera un personaje irrelevante, no ha sido recibido como un héroe y ningún grupo parlamentario lo ha aceptado en sus filas, así que ha tenido que irse al de los no inscritos, un potpurrí en el que convergen extrema y extrema derecha. Sin embargo le inteesa hacerse notar porque, una vez más, sus ojos están puestos en las elecciones autonómicas.

Durante un tiempo ha querido ser candidato a la presidencia de la Generalitat, pero finalmente se le ha convencido de que no lo haga porque en caso de ganar la Generalitat sería ingobernable ya que no podría ni firmar decretos por su ausencia de Cataluña. Acaricia la idea de presentarse como número dos de la lista para atraer a los votantes que le siguen incondicionalmente, y colocar al conseller Jordi Puigneró en la cabeza de lista. Evidentemente, para seguir mandando él, Puigdemont, desde Bruselas; pero con la firma del presidente de la Generalitat garantizada en tiempo y manera. Todo ello a la espera de que Artur Mas decida sobre su futuro que, dice, aún lo está pensando.

Para que nadie se llame a engaño, Puigdemont ha programado una demostración de fuerza en la localidad francesa de Perpiñán, al lado de la frontera con España, donde el sábado 29 celebrará un gran acto político al que pretende que asistan cien mil personas. Quiere que el efecto arrastre sume adhesiones a su causa frente a ERC, a los que no ha dudado en llamar públicamente “cobardes” por lo que considera que es dejación de las prioridades independentistas.

En ese escenario de ruptura independentista pero con un Torra que sigue fielmente las instrucciones de Puigdemont, se iniciará este miércoles la mesa de negociación entre el gobierno central y el catalán. Imposible prever qué puede ocurrir.

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