España

Un cambio en el Gobierno acompañado de foto con Barack

  • Rodríguez Zapatero articula su Gobierno en torno a María Teresa Fernández de la Vega, como mando en plaza, Elena Salgado, una de sus leales, y Manuel Chaves

La semana pasada corrió por los mentideros socialistas un nuevo rumor: Zapatero protagonizaría una crisis de Gobierno casi sin bajarse del avión después de los encuentros internacionales del fin de semana que desembocarían en la entrevista con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

El presidente del Gobierno dio algunas pistas: adelantó la Interparlamentaria del PSOE al día 14 de abril, permitió que el vicesecretario general de los socialistas, José Blanco, se despidiera de los coordinadores electorales provinciales y condicionó la agenda vacacional de sus ministros.

Pero, a la vez, jugó al despiste cuando permitió a Leire Pajín que en la Interparlamentaria del PSOE andaluz anunciara que "seguramente" la reforma de financiación autonómica estaría resuelta en Semana Santa, y puso cara de póquer ante un grupo de corresponsales extranjeros que le interpelaron insistentemente sobre la crisis de Gobierno. Ayer mismo, se negó a comentar públicamente nada sobre la remodelación alegando que estaba fuera de España.

Finalmente, la inminencia de lo evidente se ha cumplido antes de lo esperado por casi todos. La crisis económica, que situó a España por encima de los 3,6 millones de parados en el emblemático mes de marzo (Zapatero anunció públicamente que en esas calendas comenzaría a pararse la sangría), el deterioro electoral que ésta estaba provocando en el PSOE, incapaz de socavar a un PP salpicado por gravísimos casos de corrupción (el próximo CIS situará previsiblemente a los populares por delante de los socialistas), y un Ejecutivo debilitado principalmente en el área económica, con un Pedro Solbes tan cansado como amortizado, con graves problemas de coordinación y con cada vez menos peso político, han llevado a Zapatero a precipitar una crisis de Gobierno para parar un posible cambio de ciclo.

Anoche, Zapatero se limitó a poner una fotografía a la crisis: la que, acompañado por Obama, ilustrará la portada de la mayoría de los periódicos españoles. Esto no quita que la remodelación sea anunciada mañana martes y que el nuevo Gobierno celebre su primer Consejo de Ministros el miércoles una vez que tomen posesión los nuevos. A no ser que el presidente y los suyos se hayan dedicado en estos días a construir la mayor mascada política de nuestra democracia, algo harto improbable pese a las numerosas ocurrencias que acompañan a los personajes.

Así las cosas, Zapatero compondrá un Gobierno en torno a María Teresa Fernández de la Vega, que mantiene la vicepresidencia primera y el mando en plaza; a Elena Salgado, una leal entre las leales del presidente que sustituirá a Pedro Solbes al frente de la vicepresidencia económica, y a Manuel Chaves, vicepresidente a palos de lo que era hasta ahora Administraciones Públicas (sale de Andalucía antes de lo que hubiera querido y no como hubiera deseado) para poner orden en una financiación autonómica que, de entrada, huele a la entrega de una cantidad para poder seguir negociando con comunidades como Cataluña, Madrid, Baleares y Valencia.

Todo parece indicar que Chaves sí podrá cumplir su segundo objetivo: elegir a su sustituto. José Antonio Griñán, el tapado del presidente desde hace tiempo y hombre que se iba pero no se va para garantizar el continuismo, se convertirá en su sucesor. Mar Moreno, acusada en las últimas semanas de movimientos desleales en Madrid para sustituirle que nunca han existido, era la principal candidata de Zapatero y de la mayoría de la ejecutiva federal.

Está por ver qué papel está dispuesto a jugar en este tránsito el actual vicepresidente primero, Gaspar Zarrías, sabedor de que, además de estos dos candidatos, pudieran entrar en liza también la actual ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y el consejero de Ciencia e Innovación, Francisco Vallejo, de cara a las elecciones de 2012. El dedismo que Chaves y Zapatero quieren practicar por pura autoridad orgánica puede encontrarse con el 'votemos' que el PSOE practicó, sin ir muy lejos, con éxito en la elección del leonés como secretario general en el 35 congreso de los socialistas.

En cuanto al resto de los ministros andaluces, cuneros o autóctonos, la salida de Magdalena Álvarez del Ministerio de Fomento estaba cantada desde la crisis de la nevada de principios de enero en Madrid, pero se ha hecho más evidente desde que el PSOE, obligado por los resultados electorales en Galicia y el País Vasco, ha tenido que poner de nuevo su vista en los partidos catalanes para darle sentido de la geometría variable. En este caso, la recuperación de viejas alianzas de la pasada legislatura pasa por 2.500 millones de euros más en la reforma de la financiación, los trenes de cercanías, el aeropuerto de El Prat y la cabeza de la malagueña. Para sustituirla, Zapatero ha elegido al mismísimo José Blanco, que, de camino, le deja expedito el camino a la secretaria federal de Organización, Leire Pajín, que estaba pidiendo a voces la marcha del gallego de la ejecutiva.

La gaditana Bibiana Aído, afín a la vicepresidenta De la Vega -la gran ganadora en esta remodelación, sin duda-, no corre riesgo, aunque sea también por pura coherencia de Zapatero, que apostó por ella y por el Ministerio de Igualdad como una seña de identidad de su Gobierno en la legislatura en curso. Pero cosas peores se han visto.

El cordobés Miguel Ángel Moratinos, por pura lógica, debería dejar paso a Bernardino León, otro andaluz que ha estado trabajando como secretario general de Presidencia para darle más criterio y empaque a una diplomacia que pecaba de infantil y de voluntarista con la Alianza de Civilizaciones como buque insignia de poquita cosa. Hasta el anuncio de la retirada de las tropas de Kosovo, era el recambio. De ser así, Moratinos podría ser de los ministros que aterricen en la lista a las europeas.

En cuanto al gaditano Alfredo Pérez Rubalcaba, teniendo en cuenta que la permanencia en Interior en el actual Gobierno se produjo in extremis, no quería continuar al frente de esa cartera, puede ocurrir cualquier cosa: desde su continuidad en las mismas tareas con una ETA a punto de entregar la cuchara de los presos hasta su salida del Gobierno. A pesar de su soberbia, sigue siendo el mejor parlamentario del PSOE y su mejor portavoz.

En definitiva, todo esto y mucho más -la remodelación de Gobierno se prevé profunda- para afrontar la crisis y para no perder unas elecciones europeas que se están poniendo muy cuesta arriba a los socialistas por deterioro electoral en comunidades como Andalucía.

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