Xavi Barroso | Escritor y guionista "Las mujeres que destacaban tenían que ir contra todo"

El escritor Xavi Barroso. El escritor Xavi Barroso.

El escritor Xavi Barroso. / David F. Rivas.

Guionista de humor, de divulgación y de ficción, además de profesor de escritura creativa, Xavi Barroso (Granollers, 1984) se tomó un periodo sabático para dar forma a la que sería su primera novela, La avenida de las ilusiones. En ella, plasma el ambiente del Paralelo de principios del siglo XX: un escenario marcado por las luchas obreras pero narrado a partir de una figura inspirada en las grandes cupletistas de la época. Su segunda novela, La ciudad de las trincheras invisibles, también verá la luz con Grijalbo durante 2021.

–’La avenida de las ilusiones’ se sitúa en el primer cuarto del siglo XX en Barcelona. Curiosamente, las similitudes con la época actual no son pocas.

–Las similitudes son muchas, y cuando escribí la novela hace dos años ya existían algunas, como el catalanismo, la lucha obrera o el feminismo. Justamente, en 1918 tenemos la primera huelga de mujeres y, al cabo de cien años teníamos el primer 8M de la cuarta ola feminista, ambas poniendo de relieve el papel de la mujer. Entre las similitudes se encuentra también la existencia de una pandemia, y las medidas que se tomaron al respecto: el límite de personas en los comercios, el cierre de fábricas, el confinamiento... Se puede pensar que en cien años no hemos avanzado, pero es que son las medidas que hay que tomar. La gran diferencia, claro, la dan los avances médicos, que han permitido que la mortalidad no sea como la de la gripe de hace un siglo. 

–Entre los paralelismos está por supuesto la cuestión social, pero hoy parece que la lucha obrera es algo pretérito.

–La gente de la época llevaba una vida muy dura, trabajaban muchas horas para apenas pagar el alquiler y comer, el 50% de la población era iletrada. Ahora, la situación laboral es muy diferente, aunque haya injusticias palmarias como el caso de los repartidores a los que obligan a ser autónomos. Yo creo que han conseguido que nos durmamos ante las injusticias:excepto cosas como el 15M y personajes concretos que reivindican nuestros derechos, estamos un poco narcotizados.

–El de inicios del XX es un periodo de la historia, con el que se entienden muchas cosas, pero que en el recorrido educativo –lamenta– apenas se despacha con un párrafo.

–Es uno de esos casos en los que la historia pasa por encima a lo grande. Son acciones y momentos que pueden parecer anecdóticos pero que son muy significativos, que crees que merecerían un importante despliegue a la hora de estudiarse pero claro: quedan aplastados por el peso de lo que vino después, de un golpe de estado, de una guerra civil, si amplías el foco, de cuarenta años de dictadura y dos guerras mundiales. Sin embargo, son años y escenarios fundamentales para entender todo lo que pasó luego.

–En la historia, mezcla dos mundos en apariencia tan opuestos como el vodevil y el anarquismo.

–Pero era la realidad que existía en esa avenida que reunía cabaré, juego, cine. El ocio burgués estaba en otro sitio. No es que no hubiera televisión, es que la mayoría no tenía acceso a libros, no tenían ni radio. Los movimientos anarquistas eran un tema normal de conversación, de discusión, como ahora el procés o todos los temas candentes. Muchos de los bares y los cafés del Paralelo eran lugares de reunión habitual de anarquistas.

"Las primeras décadas del siglo XX son fundamentales para entender lo que vino después"

–¿En quién se ha inspirado para dar carne a su protagonista, Francisca/María Green?

–Nace de dos personalidades muy famosas: una Raquel Meller, que podría ser la Rosalía de los años 20: cuenta con 400 discos en su carrera, le dice que no a Chaplin porque no le cae bien, canta en Nueva York París y Buenos Aires. Y luego está Elena Jordi, que no es tan conocida fuera pero es una mujer muy potente, de mucho carácter y la primera que levanta un teatro como empresaria en Barcelona. Toda la evolución de Francisca, primero, y de María Green, después, está basada en tipos de mujer que consiguieron estos objetivos.

–”Unos me llaman esquirol;otros, anarquista. Pero lo que seguro soy siempre es una fulana”, dice Francisca. El género está ahí, no importa el escenario.

–La distinción entre actriz y prostituta en las chicas que no triunfaban en el espectáculo era muy fina. Hablamos de un ámbito absolutamente machista en el que la mujer era un objeto.Hiciera lo que hiciera, siempre iba a ser acusada de algo malo:en ese contexto en concreto, las mujeres que destacaban tenían que ir en contra de las leyes, la sociedad e incluso la familia. Es normal que cuando alguien se rebela contra la norma, se le agreda. Eran muchas las capas de presión que tenían que soportar esas mujeres.

–Bueno, las chicas del Paralelo podían ser trozos de carne evidente. Pero no se suele mencionar los trozos de carne asumidos que eran las chicas de servicio.

–En una sociedad tan estratificada, las clases marcan: siendo mujer y siendo sirvienta, tenías trato directo con esa burguesía y con las personas que ejercían influencia. La sirvienta era en gran medida un objeto, una máquina, un elemento casi sin personalidad ni trayectoria. Las sirvientas muchas veces vivían en casas de los burgueses, y entonces las relaciones eran diferentes, más cercanas: se mezclaba la admiración, por parte de ambos, con un poco de odio. Al final, por mucho que las personas quisieran congeniar, o tuvieran una afinidad, siempre la línea de la clase social marcaba las distancias. Teresa Puig, la señora, y Francisca, la sirvienta, hubieran sido amigas sino fuera por el contexto.

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