Entrevistas

"Hay libertad pero se ha extendido el virus del periodismo pasivo"

-Usted insiste en presentarse como periodista, no como escritor, ¿por qué?

-Nuestra identidad es el periodismo. Nuestra razón de ser, al menos la mía, es ser periodista. No necesito apellidarme "escritor". Es como si quisiera parecer más interesante. Y no.

-¿Ningún complejo de inferioridad?

-Yo reivindico la grandeza del periodismo, de la noticia en la calle. Somos los primeros en levantar acta de los hechos. Somos los notarios de la actualidad. Los historiadores van a buscarnos luego a las hemerotecas.

-Chesterton dijo que el periodismo consiste en decir "Lord Jones ha muerto" a gente que ignora que Lord Jones estaba vivo…

-Chesterton ejerció un periodismo de calle, se alimentó de información recogida en directo. Los periodistas tenemos la obligación de escribir para un público al que no consideremos ignorante. De aportar luz a los hechos, interpretarlos a la luz de la verdad.

-Pero no siempre es así.

-A menudo, las redacciones se convierten en refinerías en donde se trata el producto, la noticia, según los agentes que intervienen en su elaboración, desde el editor y el director hasta el redactor, pasando por los filtros de poderes fácticos de todo tipo. Tampoco es siempre así, pero ocurre.

-En ocasiones, una misma noticia es presentada de forma opuesta por periódicos de signo contrario.

-Esto ocurre cuando en la refinería se introducen sin pudor "elementos extraños". Es como si al lector le dieran aceite de colza en lugar de virgen extra. En unos casos, la salud peligra; en otros, se está matando la verdad, la credibilidad, el periodismo.

-Ahora, gracias a internet, se pueden escribir crónicas internacionales sin levantarse de la mesa…

-Internet es una herramienta de trabajo. El problema no es sólo que se escriban las crónicas internacionales, sino que también pretendan escribirse las crónica provinciales o las locales… Cada vez está más extendido el periodismo pasivo, el "periodismo de culo" al que aluden algunos expertos. Cada vez son más los periodistas que lo practican. Y corren el riego de escocerse los cachetes…

-¿Y por qué es así esto?

-Las empresas están prescindiendo de reporteros y corresponsales de guerra por cuestiones económicas. Y están anulando la vocación: salir a la calle, irse al frente. Ahí está el periodismo auténtico.

-¿Cuánto ha cambiado el periodismo en las últimas cuatro décadas?

-En primer lugar, una acotación: con la democracia el periodismo ha ganado. Ahora hay libertad de expresión. Sin embargo, se ha extendido el virus del periodismo pasivo.

-¿Qué tipo de periodista es usted?

-No he pertenecido ni pertenezco a tribus de ningún tipo; y menos a esas tribus de unos contra otros. He huido siempre de los cenáculos, de los conciliábulos conspirativos. He ido siempre por libre.

-Recientemente hemos celebrado el fracaso del intento de golpe de estado del 23-F. A usted lo pilló en primera línea, ¿no?

-Me cogió en un lugar privilegiado desde el punto de visto histórico y, a la vez, peligroso: el periódico que estaba en el punto de mira de los golpistas, El País. Yo estaba en el despacho de Juan Luis Cebrián, el director, porque iba a hacerme una entrevista antes de contratarme como redactor responsable de lo que tenía que ser la primera delegación en Andalucía.

-No le contrataría...

-A los cinco minutos de estar hablando con él, sonó el teléfono interno: "¡Juan Luis, Juan Luis, pon la radio!". Era el golpe, tiros, gritos… Cebrián me miró y me dijo: "Disculpa, Antonio; espera ahí con la secretaria". Pero el lío estaba armado. Me quedé hasta que salió la primera edición de esa noche: "El País con la Constitución".

-¿Dónde pasó la noche?

-Allí conocía a Julián García Candau que, a la primera oportunidad, me "facturó" con un dibujante que me dejó en casa de Paco Martín Morales. Subí y doña Carmen, su madre nos preparó una tila. Su otro hijo es el fotógrafo que captó la famosa imagen de los periodistas en las escalinatas del Palace.

-¿El periodista lo es para siempre?

-Si los médicos, los abogados o los maestros lo son de por vida, ¿por qué no el periodista?

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