víctor lapuente. doctor en ciencias políticas. universidad de gotemburgo

"La idea nórdica es de ciudadanos accionistas"

-Acaba de publicar el ensayo El retorno de los chamanes ¿La política española se observa mejor desde Suecia?

-Sí. Y así tengo más cerca la comparación con los países nórdicos, siempre tan idealizados. Se piensa en ellos como engranajes donde el Estado tutela y protege al contribuyente, pero más bien son países con pocas regulaciones, muy liberales; estados muy fuertes y mercados muy libres.

-Dinamarca, Suecia... el país que todos querrían ser.

-El Estado más que hacer de Robin Hood es una gran empresa y una aseguradora para todos, que presta servicios guarderías gratuitas, sanidad, créditos para estudiar. Son sociedades que no buscan la redistribución de una manera directa... pero sí lo consiguen. Y eso requiere un compromiso, una responsabilidad entre todos.

-¿Cómo han alcanzado ese compromiso que falta, en general, en el ciudadano mediterráneo?

-Hasta llegar a ese compromiso son sociedades que han sufrido mucho, que han vivido migraciones. En los años 80 también vivieron la reconversión industrial, pero la resolvieron de forma distinta a nosotros. En España se solucionó de manera ideológica, con ayudas pasivas, y en Suecia fueron más pragmáticos, con reformas de derecha, liberales, compensadas con política de izquierdas, políticas activas de empleo, de formación. Han sabido combinar decisiones de derechas con soluciones de izquierdas.

-¿Cómo consiguieron erradicar la corrupción? ¿No hay nada bajo la alfombra?

-Históricamente había mucha corrupción en el siglo XIX, cuando se hicieron reformas profundas. La corrupción es mínima ahora. De 170 casos de corrupción o abusos detectados en Suecia en los últimos años, sólo seis fueron de políticos y sólo tres fueron condenados; pero por cosas como aceptar la invitación a un partido de hockey. Un día de tarjeta black suma más que toda la corrupción de Suecia.

-¿Pero cómo se consigue? ¿Es cuestión cultural?

-No es tan difícil y no es cuestión genes. Evitan la corrupción al impedir que el poder esté concentrado en unas manos. Existe una colonización de la administración. Todo el sistema está supervisados por funcionarios. Hay incentivos en esa labor y los políticos no pueden nombrar a dedo. Puede haber unas 20 personas designadas en todos el aparato del Estado, el número de cualquier gobierno municipal español. La corrupción se erradica con muchísima transparencia. La idea nórdica es de ciudadanos accionistas, accionistas del Estado. Hoy puedes llamar a mi rector de mi universidad para conocer cualquier desplazamiento que yo o él hayamos hecho y está todo justificado y controlado...

-Qué 'fácil' es ser periodista en Suecia...

-Porque los periodistas son más respetados. Para los políticos y administradores está la obligación de atender a los periodistas. En España los casos de corrupción se destapan en la prensa, pero cuando el delito ya está sobre la mesa. La corrupción sólo se erradica preveniéndola.

-¿Cómo podemos cambiar?

-El sistema funciona cuando realmente hay transparencia, porque así cualquier tipo de irregularidad se puede detectar de inmediato. Y hay que cambiar la mentalidad. En España todavía hay una cultura de que somos súbditos. Hay que exigir que el ciudadano tenga acceso a todo tipo de decisiones. Lo de la cultura del secretismo es de una ciudadanía antigua.

-Y cambiar la actitud hacia los periodistas...

-Los periodistas deben ser trabajadores motivados, pero el sistema no les facilita el trabajo, así se les amansa...

-En su obra El retorno de los chamanes es escéptico con las nuevas formaciones ¿Qué puede tener de bueno esta agitación?

-Es una oportunidad para cambiar. Todos ya tenemos claro que no podrá haber gobiernos monocolor. Las coaliciones están relacionadas con afrontar con más habilidad los problemas del país: se necesitarán pactos entre partidos que negocien entre la protección y la liberación. Avanzamos hacia un modelo de flexibilidad.

-¿Confiamos en que nos 'salven' Ciudadanos o Podemos?

-Hay demasiada esperanza en los nuevos partidos. En esos chamanes, con ideas fáciles, que identifican a los culpables, a unas élites, a una Alemania que nos quiere colonizar... Eso no ayuda. Esas ideas causan más enfrentamientos. Argentina está lejos, pero tenemos el riesgo de caer en el populismo. En definitiva, hay que mirar más a los países nórdicos que a Venezuela o a Argentina.

-¿Cómo debería ser el gobierno que estrene 2016?

-Pragmático: que recorte donde tenga que recortar y fomente lo que nos permita metas más importantes. En un mundo complejo se requiere un Estado con soluciones complejas, con involucración de partidos y de profesionales: entre el impulso político y el impulso profesional. No necesitamos a un Mesías, sino Estados de bienestar en mutación. No necesitamos grandes cambios de nacionalizaciones o de privatizaciones.

-¿Dónde está la clave?

-Lo que más me preocupan son los cuerpos de funcionarios, de gestores públicos, que no gozan de la autonomía necesaria. Los sindicatos meten su mano. Los directores de escuelas o de hospitales deberían contar con más flexibilidad. En España hay un talento enorme en el sector público, pero no puede estar tan limitado. En los estados de bienestar hay trabajadores públicos fijos, pero no funcionarios.

-Sin jugar a ser chamán... ¿qué haría usted?

-España lo tiene todo. Sanidad de primer nivel, un país seguro, un clima maravilloso. No hay razón para que Andalucía no pudiera ser la California de Europa. En Estados Unidos lo que acaba determinando la movilidad de la gente es la temperatura de mes de enero. ¿Y por qué no se produce también en Europa? Porque el ambiente institucional no ha sido el adecuado. Sin radicalismos, hay que cambiar la actitud de políticos e instituciones.

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