Rafael Tarradas Bultó | Organizador de eventos y escritor “Hay esperanza en autoeditar novela, facilita que te fichen”

Rafael Tarradas Bultó posa para la entrevista. Rafael Tarradas Bultó posa para la entrevista.

Rafael Tarradas Bultó posa para la entrevista. / Juan Carlos Vázquez

Aunque estudió Diseño Industrial en la Universidad Autónoma barcelonesa, Rafael Tarradas Bultó (Barcelona, 1977) enfocó primero a la captación de talentos y posteriormente a la comunicación y en concreto especializado en la organización de eventos. El heredero (Espasa, 2019) es su primera novela, que tras autoeditársela captó la atención del Grupo Planeta: lo fichó y editó de nuevo el libro, en el que ficciona hechos reales ocurridos en su familia y que se puso a escribir por entretenimiento en una cabaña asilada en el monte sin ni siquiera electricidad.

–Una parte de El heredero se basa en hechos reales de su familia. ¿Le ha generado problemas eso?

–No. En realidad la parte real del libro toda mi familia la conoce, por lo que no les descubro nada. Mi familia es una piña y  están ilusionados con el libro. Fueron los primeros en comprarlo.

–Porque primero usted autopublicó su novela.

–Sí, la autopubliqué. Estuvo unos ocho días en internet...

–¿En Amazon, no?

–...sí en Amazon. Se vendieron 504 ejemplares. Al octavo día me llegó por Instagram un mensaje: “Me llamo Rosa, soy de Planeta, si quiere publicar con un sello grande, llámenos”. Yo me quedé chocado. Respondí rápidamente que sí estaba interesado. Y ellos me pidieron que mandase el libro. Al pedirme eso, pensé: qué pena, pensaba que ya lo habían leído. Así que esperaba que me respondiesen dos meses después con una carta de ánimo y un ya te llamaremos. Pero el caso es que se lo entregué a las 9 de la mañana y a las 15:30 me llamaron diciéndome que habían leído la mitad y que seguramente al día siguiente me ofrecerían un contrato. Esa noche no pude dormir y a las ocho de la mañana me llamaron para firmar.

–¿La novela que está a la venta no es la  autoeditada?

–Es el mismo texto, pero no la misma edición. Mi autoedición era muy sencilla.  Pero es ventajosa. La prueba es que vendí muchos.

–¿Le llamaron por eso?

–No creo que ellos supieran lo que había vendido. Porque eran datos que sólo tenía yo.

–¿Qué ocurrió entonces?

–Hizo algo de ruido. A todo el que lo compró o leyó le pedí que lo difundiera en redes. Y tuve la suerte de que ¡Hola! y Vanitatis me hiciesen el favor de publicar una reseña. Ese ruido llamó la atención de la editorial.

–¿Hay esperanza en la autoedición?

–Sí, la hay. Además la idea de autoeditar me la dio otra autora que también ha acabado publicando con otra editorial. La autoedición facilita que te fichen porque en internet se pueden leer gratis las tres primeras páginas. Hay una base sólida sobre la que trabajar.

–El libro relata los avatares de una familia de Cataluña en los años 20 del siglo anterior, en los momentos previos a la Guerra Civil y después en la dictadura. ¿Por qué eligió ese momento? Ya hay muchos libros sobre guerra y posguerra.

–No es un libro sobre la guerra. Es un libro que pone en una situación límite a tres familias y la historia cuenta cómo reaccionan de manera distinta cada una de ellas. No hablo de batallas, sino de cuando le dan un vuelco a tu vida. De pasar de manifestarse a ser parte de una milicia, de estar veraneando a tener que exiliarse porque les van a matar.

–¿Hay algo de paralelismo actual? Porque la deriva soberanista se ha convertido en un problema de convivencia familiar en Cataluña.

–Sí. En Cataluña hay un problema grave de convivencia. De repente no puedes hablar de según qué cosas porque enseguida tu interlocutor salta. Es una pena. No creo que sea comparable a 1936. Pero sí es un momento muy problemático que ha generado un sufrimiento innecesario. Muy pocos catalanes estarán de acuerdo con que estábamos peor en 1992 cuando éramos amigos para siempre.

–¿Qué piensa al leer que desde la cárcel dicen que volverían a hacerlo?

–Es muy inconsciente.  Hay que abandonar el extremismo, el fanatismo. Hay que ser prácticos: ¿estás mejor o peor que cuando empezó toda esta historia? Es obvio que todo está peor. ¿De verdad hay que repetirlo?

–Es un enamorado de la historia. ¿El origen de esta situación es que se ha enseñado mal la historia?

–Una parte de las cosas hay que aprenderlas en casa. El nacionalismo lleva  instalado 40 años en Cataluña y ha mostrado una perspectiva muy parcial de la historia, muy desde la perspectiva nacionalista. Es muy injusto que no se cuenten las cosas como son. Da mucha pena que te conviertan en un cateto. Hay que ser muy respetuoso con la historia y contarla como fue.

–¿En el libro hay algo de crítica a una forma concreta de heredar?

–Sí. Y a la injusticia de ser un bastardo y estar desposeído de su condición de heredero.

–¿Es una historia cerrada?

–Esta historia acaba aquí. La posguerra no me interesa ahora mismo mucho.

–Es una obra casi costumbrista y al mismo tiempo casi un thriller. ¿Qué género que quiere seguir usando?

–Me interesa que la gente comprenda bien el personaje y el escenario. Y que luego puedas darle emoción a la historia.

–¿Se inspiró en algo?

–A mí me gusta mucho Ken Follet. Porque usa muchos personajes muy bien descritos. Y salta de uno a otro, con lo que le da ritmo a la novela. Como a él, me gusta que el libro avance con varias historias.

–Que no haya lentitud en la narrativa.

–Exacto. Necesito que el lector note que pasan cosas. Escribo como me divierte leer. Intento parecerme a los autores que me divierten.

–¿Follet es el único?

–No. Me encanta Carmen Posadas. Tiene una literatura muy diferente, pero con un toque de humor, que describe muy bien los personajes. Sonsoles Ónega también. O Jeffrey Archer. No tengo miedo a decir que me gusta lo comercial, porque es lo que le gusta a mucha gente y se compra masivamente.

–¿Se ve viviendo de la literatura?

–A mí me encanta mi trabajo. Pero por qué no. Para mí es una afición que me divierte mucho. Y si luego se monetiza, hablando fríamente y en catalán... y te ganas la vida con ello, pues estupendo.

–Tendrá que poner luz a esa cabaña, ¿no?

–Efectivamente (risas).

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