Soledad Gallego-Díaz · Periodista

"Los diarios en papel se conservarán como un producto de élites"

"Los diarios en papel se conservarán como un producto de élites" "Los diarios en papel se conservarán como un producto de élites"

"Los diarios en papel se conservarán como un producto de élites" / josé ángel garcía

-¿Los periodistas hablan demasiado de periodismo?

-Demasiado poco. Porque hablamos sólo con los de nuestra generación. Un debate intergeneracional habría sido interesante, pero ahora es más difícil de hacer.

-¿Por qué?

-El problema es de tecnología, básicamente. Los mayores no están acostumbrados y tienen una cierta desconfianza y los más jóvenes están habituadísimos y consideran que los mayores no sabemos utilizarlas.

-¿La crisis es del periodismo o de la sociedad?

-El periodismo tiene un problema, que es la desaparición de su medio de financiación tradicional. Tiene que encontrar otro sistema y, de momento, ninguna de las alternativas ha funcionado. Eso provoca que el papel esté en declive porque la gente utiliza los medios digitales, que son gratis. La gente está acostumbrada a una cultura de la gratuidad.

-¿Por qué se puede acceder al trabajo de un periodista sin pagar y no pasa lo mismo con un frutero?

-Si hubieras puesto durante años cajas de fruta en la calle, cuando mandaras a la gente a la frutería te diría "si yo toda la vida he cogido la fruta en la calle, por qué voy a tener ahora que pagar".

-Debe llevar décadas escuchando que el papel se va a acabar.

-Ahí sigue, pero con un declive formidable. En España ha habido un desplome total. Es verdad que exige una inversión industrial y tiene un coste de producción más elevado que internet. No sé si desaparecerá completamente, pero tiene pinta de que en un momento dado el diario en papel terminará desapareciendo o se conservará como un producto de determinadas élites.

-¿Cómo lo ha vivido?

-Por un lado, muy bien. Los que hemos trabajado en papel sabemos lo difícil que era. La documentación era una amargura y ahora la encuentro al instante. Y era un problema transmitir. Cuando te mandaban a un sitio lo primero que te preguntabas era cómo ibas a enviar la crónica. Eso ha desaparecido y es un alivio enorme, porque era un martirio. He llevado mal la pura desaparición del papel. Es un producto con el que me identificaba y me permite ordenar la información. Y, después, porque los periódicos eran un lugar de debate. Tú comprabas el periódico a las once de la mañana y yo a las tres de la tarde y cuando nos juntábamos por la noche a tomar una copa habíamos leído lo mismo. Ahora no. Va a muchísima más velocidad y el espacio de debate cambia. Se ha fragmentado la información.

-¿La sociedad pierde con ese nuevo modelo?

-Se pierde un espacio de debate político. Los mimbres con los que conversamos son distintos.

-¿Ve posible un modelo que combine la inmediatez e información más profunda?

-Debería ser posible. El otro día estaba en un hotel en Quito. En el ascensor había una cinta que daba noticias de Reuters y cuando llegué a la habitación, en el piso 22, sabía lo que había pasado en Ecuador, en EEUU y en España. Pero necesito contexto para interpretar esa información. Quizás para eso se conserve el papel o que haya medios en la web mucho más densos.

-¿Antes el periódico culturizaba y ahora eso no es así?

-El periódico te organizaba la información por nivel de importancia, con el criterio del periodista. Se jerarquizaba la información mucho mejor que ahora.

-Le ofrecieron dirigir El País. ¿Por qué declinó?

-Porque a mí me gusta mucho ser directora adjunta. Es el trabajo perfecto para un periodista porque llevas una redacción. Es formidable, precioso, pero muy duro. Lo tienes que dejar temporadas para volver a escribir. Yo lo he hecho tres veces. Si no, pierdes el contacto con la calle y con el oficio.

-¿Hay alguna noticia que no pudiera dar en su día y ahora sí podría hacerlo?

-Casi sería al revés. Ahora hay noticias que no podría dar. Me pasa como a Almodóvar, que hizo películas que ahora no podría hacer. La sociedad española se ha hecho más conservadora. Un personaje de una monja prostituta, que además se lo pasa bárbaro, ahora provocaría 38 denuncias de asociaciones religiosas que se consideran ofendidas.

-¿Se quedaría con alguna de sus corresponsalías?

-Lo he pasado muy bien en todas. Te obliga a tocar todos los palos y eso es muy divertido. Además, me gusta la sensación de vértigo que te da cuando llegas a un sitio que no conoces.

-¿Qué consejo le daría a un periodista novato?

-Que se lo tome en serio. No es un trabajo cualquiera. Si la mesa queda coja, se caen las cosas, pero si das una información mal perjudicas a alguien. Comprendo que las condiciones son mucho peores que cuando yo empecé y es francamente lamentable. Aun así, les diría que procuren no olvidarse de en qué consiste esto.

-¿Los periodistas tienen buena prensa?

-Tenemos una pésima prensa y muy bien ganada. En un momento dado, un sector de periodistas se trasladó al espectáculo y la gente no lo entendió. Hemos perdido credibilidad porque nos ven discutiendo a voces. Piensan que somos unos chillones que no se escuchan.

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