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José Antonio Muñiz | Profesor titular de Comunicación de la Universidad Loyola

“La desinformación es más útil para ocultar la verdad que la censura”

José Antonio Muñiz.

José Antonio Muñiz. / M. G.

Profesor e investigador en la Universidad Loyola, es director del departamento de Comunicación y Educación. Responsable del grupo de investigación PositiCom (ComunicaciónPositiva y Cultura Digital). Es investigador principal (IP) del proyecto Políticas escolares para detectar y frenar noticias falsas (Spotted) cuyo objetivo es luchar contra la desinformación y las noticias falsas a través de un programa formativo dirigido a estudiantes de educación secundaria de toda Europa y y coIP del proyecto Fakespotting, que pretende conseguir a través de la educación en competencias digitales, formar a personas capaces de detectar la desinformación que se produce habitualmente en medios digitales. Es coeditor del libro La guerra desinformativa de Putin. Desmintiendo las falacias sobre la invasión de Ucrania, publicado recientemente.

–¿Es posible que cuando tenemos acceso a un mayor volumen de información es cuando más desinformados estamos?

–En principio podríamos pensar lo contrario, pero lo cierto es que mayor cantidad de información no necesariamente implica mayor calidad de esta. Es decir, que entre esa información ingente nos encontramos con mucha chatarra desinformativa. Hay quien se dio cuenta hace tiempo de que, con la llegada de internet, para ocultar la verdad o la realidad de los hechos, era más útil la desinformación que la censura, era más eficaz esparcir falsedades que prohibir o limitar la publicación de las verdades. Y esto, como estamos viendo, tiene claras consecuencias para nuestras democracias.

–En un mundo en el que todo van tan rápido, hasta los propios medios caen en esa desinformación. ¿A qué se debe?

–Pues a esa urgencia, surgida de la sobreexposición perpetua a la que nos ha acostumbrado el vivir entre dispositivos conectados. Las redes sociales y sus praxis algorítmicas son cuanto menos cuestionables. La crisis del modelo económico o de negocio de la prensa tradicional también tiene su culpa. Pensemos, por ejemplo, que una mentira se difunde gratis por la red y, sin embargo, una noticia rigurosamente contrastada suele tener muros de pago en las webs de los periódicos tradicionales, porque obviamente necesitan ingresos. Además, es mucho más barato inventar mentiras y colarlas por la red, que investigar y escribir noticias. Por no hablar de toda una industria de herramientas oscuras diseñadas para sortear todo tipo de límites éticos en la creación y difusión de bulos. En fin… estamos ante una tormenta perfecta.

–¿Cómo se puede evitar caer en ella?

–Evitar del todo no sé si se puede, pero ayuda el que nos informarnos directamente a través de los medios tradicionales, cabeceras reconocidas que al menos se suponen que siguen unas normas deontológicas. Y contrastar, contrastar entre distintos medios, fuentes y canales, la información que decidamos creernos.

–Junto a los profesores Pedro Rivas Nieto y Fernando Delage Carretero acaba de presentar el libro La guerra desinformativa de Putin. Desmintiendo las falacias sobre la invasión de Ucrania. Háblenos de esta obra.

–A los pocos días de la invasión de Ucrania, un alumno en clase espoleó: “¡¿No vamos a hacer nada en la uni?!”. Entonces se organizó una mesa redonda para explicar y abordar la invasión desde sus múltiples facetas. Fue un éxito, pero nos supo a poco, y decidimos escribir un libro colectivo en el que cada capítulo abordara una de los tantos argumentos falaces y mentiras interesadas que empezaban a escucharse en torno a Putin y su guerra, justificando de una manera u otra sus fechorías. No en balde, esas mentiras no dejaban de ser parte de la estrategia híbrida del Kremlin en su ataque no ya a Ucrania, sino a Europa entera y sus democracias. Ese es su verdadero objetivo, no lo olvidemos.

–¿Es la desinformación el arma de guerra más poderosa de la actualidad?

–Puede ser la más poderosa dependiendo de qué entendamos como tal. Una bomba nuclear, como comprenderemos, es mucho más devastadora. Lo que sí puede ser es la más rentable, pues con menores costes y riesgos se consiguen efectos desestabilizadores en el enemigo verdaderamente potentes.

–¿Qué armas tenemos para luchar contra esta desinformación que sólo busca desestabilizar?

–Educación, educación y educación. En pensamiento crítico, en periodismo y comunicación, y en ciudadanía democrática, entre otros muchos valores y conocimientos.

–La desinformación no es sólo cosa de los rusos. En Estados Unidos vemos cómo también se utiliza.

–La desinformación ha sido usada desde el principio de la Humanidad. Ramsés II en Egipto falseaba monumentos, por ejemplo. Emperadores romanos, Napoleón… No ha habido guerra sin mentiras, es parte consustancial de lo bélico. La diferencia está en los medios y en los fines. La capacidad destructora de esta desinformación computacional digital no tiene parangón con lo anterior, y en cuanto a los fines, no es lo mismo usarla para derrotar a la tiranía que para imponerla.

–Cuéntenos algún caso que le haya llamado la atención.

–Relativo a Ucrania, todo el argumentario de Putin no es más que desinformación y mentiras. Pero, por hablar de otra cosa, el caso reciente más llamativo de desinformación masiva fue el que dio lugar nada menos que al asalto al Capitolio por la turba. Y por terminar con algo más inocuo, aparentemente: sigue habiendo gente que defiende que la Tierra es plana… de locos.

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