Miguel Marín | Gestor cultural y director de Flamenco Festival

"Habría muchos Paco de Lucía en el mundo con más apoyo al flamenco"

"Habría muchos Paco de Lucía en el mundo con más apoyo al flamenco" "Habría muchos Paco de Lucía en el mundo con más apoyo al flamenco"

"Habría muchos Paco de Lucía en el mundo con más apoyo al flamenco" / antonio pizarro

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De Carcabuey (Córdoba) a Nueva York gracias al destino. Así de claro. Miguel Marín estudió Económicas en Sevilla, disfrutó de una beca, "sin cumplir los requisitos", en Kansas City, y se matriculó por una española que encontró en la cola de la universidad en un par de asignaturas de teatro. Desde entonces es gestor cultural, director del Flamenco Festival en Nueva York y Londres, y organiza espectáculos de arte jondo por todo el mundo, desde salas pequeñas a teatros de alto copete desde el Carnegie Hall neoyorquino al Sadler's Well londinense.

-¿Es cierto que al embarcarse en el negocio del flamenco no distinguía un fandango de una soleá?

-Un fandango de una soleá sí los diferenciaba, pero ni era entendido ni conocía los palos. Mi contacto con España a los veintipico años era muy limitado durante los siete que pasé en EEUU. Uno de los primeros conciertos que organicé allí fue el de Antonio Canales y lo conocía sólo de verlo sentado en casa en la Nochebuena flamenca de Canal Sur. Mi pasión por el flamenco lo desarrollé en EEUU.

Los niños neoyorquinos bailan flamenco para elevar su autoestima, les da seguridad"

-Lleva más de 20 años montando espectáculos en EEUU y en Inglaterra. ¿Trump y el futuro Brexit le están dando muchos quebraderos de cabeza o teme un boicot al flamenco como el de la aceituna?

-Todavía no pero tampoco pienso en que vayan a pasar cosas malas. Intento alejar cualquier idea negativa porque los pensamientos crean la realidad.

-Lo han calificado como el rey Midas del arte jondo. ¿Se plantea ser el tío Gilito del pop, del rap o del jazz?

-No, si puedo contribuir a la escena cultural en EEUU y en España es con el flamenco. Mi trabajo consiste en saber qué busca un teatro en EEUU, cuál es el público natural de un artista y encontrar ese espacio para que dé su máxima expresión. Lo que más suena es un espectáculo en el Carnegie Hall de Nueva York, pero tan importante es que un artista presente su trabajo en una sala alternativa. Esto lo puedo hacer con el flamenco.

-¿Con qué lugar sueña para montar un sarao sublime?

-Ninguno en concreto, aunque me gustaría hacer algo en África y estoy mirando en Ciudad del Cabo. Me motiva ir a espacios donde no ha habido antes flamenco. Pero más me estimulan actividades sociales en las ciudades a las que vayamos. Llevar el flamenco o el arte a colectivos sin posibilidades de acceder al teatro, hacerlo más asequible a esas comunidades.

-Ir a Nueva Delhi...

-Por ejemplo, o después de un espectáculo en Nueva York ir a un colegio marginal y colaborar de forma gratuita. Allí hacemos actividades con las escuelas con niños de 5 a 7 años, y el flamenco se utiliza para elevar la autoestima. "Ahora anda como un flamenco". Le viene bien a los niños tímidos, da seguridad.

-Sostiene que "el flamenco no se vende solo". ¿Qué pensará entonces el amante de la jota o del chotis?

-La Administración piensa que el flamenco se vende solo. Es un error tremendo. Hay interés, cierto, pero el flamenco está hoy en un 20% o 30% de lo que podría ser. No respaldarlo es una política muy poco inteligente y daña mucho su potencial en el mundo. Con un apoyo decidido, tendríamos hoy muchos genios, muchos iconos, muchos Paco de Lucía en todo el mundo.

-El Estatuto andaluz contempla "la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural, histórico y artístico de Andalucía, especialmente del flamenco". ¿Nos apropiamos de un bien nacional?

-A nivel práctico no entiendo lo que quiere decir. Me gustaría ver la fuerza de esa declaración en la política cultural andaluza...

-¿Su promoción en el extranjero debe ser cuestión de Estado o de autonomía?

-Es un bien nacional. Lo que identifica a España en todo el mundo es el flamenco, no la danza contemporánea, pero no como un arte tradicional, sino como vanguardia. Ahora bien, Andalucía debería tener una posición muy activa de promoción porque muchos artistas son andaluces. Es algo de interés estratégico.

-¿No tendría más impacto una Bienal itinerante por Andalucía?

-No tiene por qué. Sí sería interesante que otras ciudades contaran con un festival flamenco con los formatos contemporáneos y no esos espectáculos hasta las seis de la mañana con 20 artistas el mismo día.

-En el arte del quejío, ¿qué artista ha sido el más quejica para cerrar un contrato?

-Yo soy como Buscando a Dory, olvido esas cosas.

-¿Y el más predispuesto?

-Carmen Linares. Me dio mi primera una oportunidad. Me acerqué de mi pueblo, Carcabuey, a verla a Alcalá la Real, le dije que estudiaba en Nueva York y que me gustaría que actuara allí. Me dio un dossier y me fui al Lincoln Center. Me vieron con una ilusión que compensó mi desconocimiento. Ése fue mi estreno.

-¿Quién le ha puesto más veces los pelos de punta encima de las tablas?

-Enrique Morente. Con él hicimos el Omega en Nueva York y luego un concierto con Tomatito en el Carnegie Hall, a pelo, sin monitores, a pesar de que el teatro está preparado para será acústico; fue fabuloso. Era un placer oírlo cantar y escucharlo hablar. Todo lo que decía era fabuloso. Me emocionó mucho también un concierto de Vicente Amigo en Argentina, pero han sido muchos.

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