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tribuna libre

El agujero

  • Nueva denuncia por el estado que presenta la finca ocupada de Larga 35

El agujero

El agujero

Teresa Almendros firmó días atrás un claro y preciso reportaje, titulado Un agujero en plena calle Larga. Trataba sobre la situación del inmueble de Larga 35, ocupado; con un magnífico trabajo del fotógrafo Fernández Hortelano, que tuvo el valor de adentrarse en el agujero de la pocilga; tengo entendido que vomitó mientras fotografiaba.

El texto y las imágenes dejan clara la situación del inmueble. Vestigios de incendios, "hueco del ascensor, totalmente lleno de basura", "hueco de la escalera… desde la azotea hacia la segunda planta… repleto de basura… sale un olor nauseabundo", "más basura en dos de los patios interiores", "el aparcamiento subterráneo acumula aguas estancadas que emanan un fuerte olor a podrido". Insostenible, se calificaba finalmente la situación del inmueble.

"El agujero es la primera postal turística para muchos clientes de los hoteles de la zona"

Una pincelada solo (hay más) para terminar el deplorable cuadro. Una plácida mañana de sábado ­paseaba por Larga y observé, estupefacto, como los ocupantes del inmueble se dedicaban a descolgar por la fachada, desde la segunda planta, grandes estructuras metálicas (tipo marcos o algo así). Desgraciadamente una de estas estructuras se enganchó al aterrizar en un naranjo. El que recibía la mercancía trató de descolgarla; comenzó entonces a dar tirones desesperados para intentar arrebatársela al árbol, para desgracia del naranjo; el 'espectáculo', un bochorno. Más adelante, me encontré con una pareja de la Policía Local. Les indiqué lo que estaba ocurriendo (peligro real para los viandantes y los vehículos, además del bochorno). Casualmente uno de los policías había estado allí el día del incendio del Viernes Santo; me contó que tuvo que tirar el uniforme directamente a lavar de lo que allí se encontró, aparte de las llamas de tres metros. No comprendía, después de haberse jugado el pellejo, que dejaran entrar otra vez a la gente ocupante -recordemos: tras las llamas y el inicial tapiado de la puerta, se procedió a inaugurar el agujero.

"Es tremendo, yo paso por ahí a diario y se me cae el alma a los pies, cada vez está peor", me comenta una amiga estos días. ¿Las consecuencias de esta situación? Deterioro social -se está deteriorando todo el entorno y de paso la imagen de El Puerto entera-, problemas de salud pública -léase de nuevo el trabajo de Teresa Almendros-, chabolismo, robo de materiales, inseguridad, falta de respeto a la legalidad… ¿Se resuelve algún problema? No lo veo; al contrario, ha creado los anteriormente citados, como mínimo. No es vivienda social; es infravivienda, subcultura, ilegalidad, falta de higiene, edad media. Con el tremendo añadido de ser un ejemplo en pleno centro urbano.

La imagen que esta situación da de El Puerto merece comentario aparte. Veo a ciudadanos y a turistas pararse, sorprendidos, y mirar adentro de la oscuridad y de la podredumbre. El agujero es la primera postal turística para la mayor parte de los clientes de los hoteles (tres) de la zona. Si alzan la mirada también pueden admirar bellos ejemplos de chabolismo siglo XXI, en un edificio que fue bellísimo. Bella y antigua ciudad que no se merece este nivel de degradación y de dejadez, pensará más de uno.

Esto ocurre en pleno centro histórico -obviamente, no es deseable en ningún barrio-. ¿Importa algo? El centro histórico es la memoria, y la imagen, de la ciudad. Lo que sus ciudadanos anteriores han dejado en forma de plazas, calles, espacios públicos, iglesias, viviendas. Ha costado tiempo y esfuerzo, a los que nos precedieron, dar con esa fisonomía que aquilata la historia. ¿Qué sería El Puerto, o cualquier ciudad, sin su casco histórico? Una ciudad sin identidad, sin personalidad, sin significado. Y aunque no lo creamos, o no los percibamos, detrás de la identidad personal está la identidad de tu ciudad. De manera que el deterioro del centro es el deterioro (incluido el económico y el social) de todos los ciudadanos.

¿Hay responsables? ¿Qué ha hecho la propiedad (responsable del estado del inmueble)? ¿Ha denunciado la situación? ¿Y el Ayuntamiento (conoce la situación)? El que el Ayuntamiento abriera el agujero después de tapiar la puerta resulta verdaderamente kafkiano -como se decía antes de las cosas incomprensibles y absurdas-. Se tapió, y luego se creó el agujero. ¿Qué impide pues, cerrar de nuevo el inmueble, buscar una alternativa digna, y acabar con una situación de degradación humana, social y cultural que afecta a la ciudad entera?

El caso del agujero de Larga tiene toda la fuerza de lo simbólico y de sus significados. En medio del deterioro extremo del centro histórico el agujero es, desgraciadamente, la guinda.

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