III CENTENARIO DE SU MUERTE (y XXIII)

Ignacio López, ‘in memoriam’

  • Concluye con esta entrega la serie sobre el imaginero barroco

  • El principal objetivo era reivindicar la importancia de su producción escultórica y rescartarlo del anonimato y olvido

Una de las esculturas de Ignacio López, en un pésimo estado de conservación. Una de las esculturas de Ignacio López, en un pésimo estado de conservación.

Una de las esculturas de Ignacio López, en un pésimo estado de conservación. / F.G.L.

En diciembre de 1718 moría en El Puerto de Santa María el imaginero barroco Ignacio Francisco López. Para celebrar este tercer centenario hemos venido publicando en este medio veintidós artículos repasando su vida y su obra en esta ciudad. En este último de la serie queremos recapitular el contenido de aquéllos, reivindicar la importancia de su producción escultórica y rescartarlo del anonimato y olvido.Tras justificar la conmemoración de esta efemérides nos hemos aproximado a su perfil biográfico, caracterizado el estilo de sus imágenes, relacionado las obras conservadas en El Puerto y hemos apuntado unas referencias bibliográficas básicas para la consulta de cuantos interesados quisieran profundizar en este imaginero sevillano afincado en la ciudad. También a lo largo de este año pasado hemos ido repasando el catálogo de sus esculturas aquí conservadas, tanto las documentadas como las atribuidas.

Firma de Ignacio López. Firma de Ignacio López.

Firma de Ignacio López. / F.G.L.

Además, en sendas conferencias ofrecidas en Jerez y El Puerto en el otoño pasado, Moreno Arana y yo hemos repasado los aspectos demográficos, sociales, económicos, religiosos y artísticos de El Puerto de Santa María en la época de Ignacio López, analizado la clientela de este imaginero, los distintos elementos plásticos, tipologías escultóricas e iconografía de sus obras conservadas en esta ciudad. Recordamos que el número de éstas alcanza las veintiocho más las que componen el grupo de las ánimas del Purgatorio en el retablo de la Prioral. Sólo en este templo hemos contabilizado veintiuna, dos más en el convento de la Concepción, otro par en la actual parroquia de san Francisco, dos más en la de san Joaquín y una en el antiguo hospital de San Juan de Dios.

Confiamos que con esta serie de artículos a modo de merecido homenaje trescientos años después, hayamos concienciado a cuantos somos responsables en la conservación de la producción de Ignacio López (clero, juntas de gobierno de hermandades, instituciones públicas y fieles o amantes del patrimonio) para que alerten y denuncien dejación o irresponsabilidad y, entre todos, continuemos difundiendo su valor y despertamdo el interés por tan insigne escultor.Por no alargar más estas entregas hemos obviado un par de obras atribuidas a López: la imagen de san Ignacio conservada en el Sagrario de la parroquia de san Francisco (porque procede de Jerez y porque ya fue comentada en otro artículo publicado por Diario de Cádiz el 31 de agosto de 2015) y el pequeño crucifijo que preside ahora el templete del presbiterio de la Prioral, muy similar al de la capilla de la Aurora, del que sí nos hemos ocupado.

Sepultura de López en la Capilla de las Ánimas, en la Prioral. Sepultura de López en la Capilla de las Ánimas, en la Prioral.

Sepultura de López en la Capilla de las Ánimas, en la Prioral. / F.G.L.

Hemos omitido también otras dos obras documentadas de Ignacio López encargadas y talladas para El Puerto pero desaparecidas: Nuestra Señora de las Lágrimas y Santiago el Mayor. La primera era la dolorosa titular de la hermandad del Dulce Nombre que, bajo dicha advocación fue encargada a Ignacio Lopez en 1683 por el hermano mayor de ésta para potenciar su carácter penitencial al trasladarse desde la Prioral al convento de santo Domingo y acompañar a la imagen del Niño Jesús en la procesión del martes santo. Fue tallada en madera de cedro como imagen de tamaño natural de candelero y policromada. Aun residía en aquél en el siglo XIX, pues es nonmbrada en el inventario de 1835. Desaparecida poco después, ignoramos su paradero y si fue cedida a otro templo, destruida o vendida. Lamentamos el destino de la única imagen mariana pasionista documentada de Ignacio López.

Tampoco se conserva el titular de la cofradía gremial de los canteros, una imagen del apóstol Santiago el Mayor, cuya existencia conocemos únicamente por el comentario de la viuda de Ignacio López sobre su talla en la última década del siglo XVII. Tenía su sede en la ermita que dicho gremio había construido en la sierra de san Cristóbal y fue destruida en el ataque angloholandés de 1702. Quizá podamos hacernos una idea de su estilo recordando la que en 1694 esculpiera López para la hermandad de Todos los Santos de Lebrija, obra de talla completa que muestra al santo erguido, sosteniendo un libro en su mano izquierda y el bordón de peregrino en su diestra.La mayoría de las imágenes conservadas de este imaginero en El Puerto de Santa María han sufrido y sufren buena parte de los daños y patologías típicas presentes en las esculturas en madera (intrínsecos y ambientales que han provocado deterioro del soporte y la aparición de grietas, pérdidas de fragmentos, falta de adhesión, abrasión de la policromía, oxidación de barnices y suciedad generalizada) y por las mismas causas (roces y golpes, repintes y/o repolicromía, agresiones vandálicas, expolios y pérdidas o restauraciones inadecuadas). No sólo hay que lamentar abandonos, destrozos y desapariciones (que de todo ha ocurrido con las imágenes de Ignacio Lopez), sino que también habrá que seguir criticando y denuniando todo aquello que desvirtúe la esencia de sus creaciones artísticas o altere su estado primitivo por ignorancia, desinterés o desidia para, al menos, poder conservar las que han llegado a nuestros días. Desde aquí hacemos una llamada a la necesidad de restaurar sus imágenes para preservar sus valores históricos, artísticos y devocinales y poder legarlos a generaciones venideras.

Sería deseable colocar una placa conmemorativa en la vivienda donde mantuvo abierto su taller de escultura

Desde el primer artículo comentábamos que sería una magnífica ocasión para llevar a cabo varios de los los proyectos que propusimos en 2017, como publicar un libro a modo de estudio monográfico de este artista y catálogo de la escultura barroca portuense en relación con el contexto histórico de una época tan gloriosa para la ciudad, organizar la primera exposición con sus obras para acercar este artista todavía poco conocido a un sector amplio del público y restaurar algunas de ellas. También sería deseable colocar una placa conmemorativa en la vivienda donde mantuvo abierto su taller de escultura o, incluso, dedicarle una calle o plaza en la ciudad donde residió casi cuarenta años y donde dejó una huella inconfundible en la trayectoria de la escultura barroca.

Cuando la efemérides ha tocado a su fin lamentamos que nada de esto se haya materializado. Únicamente la Concejalía de Patrimonio histórico ha organizado una serie de actos (conferencia, visitas guiadas, edición de trípticos y banderolas, etcétera) que, ciertamente, ha contribuido a realzar el interés por este escultor. Confiemos en que, al menos los amantes y defensores del patrimonio de El Puerto de esta y futuras generaciones continuemos estando orgullosos de tan ilustre artista, mostremos mayor gratitud y no lo olvidemos en el futuro.

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